El llamado de Trump a Egipto y Jordania para abrir sus puertas a los palestinos fue rechazado de manera protocolaria. Pero tiene razones para anticipar que se llegará a un acuerdo tras 16 meses de respaldo de los regímenes árabes al asalto genocida de Israel y su creciente colusión con el gobierno de Netanyahu en la represión de los palestinos y la supresión de la oposición interna.
Crocker está en condiciones de saberlo. Comenzó su carrera diplomática con un puesto en el consulado de Estados Unidos en la ciudad portuaria interior de Khorramshahr, cerca de los campos petrolíferos de Irán, en 1972 durante el reinado del Shah, y más tarde sirvió en el Líbano, Siria, Afganistán, Irak, Pakistán y Kuwait.
Dondequiera que finalmente se establezcan los campos de concentración de facto que se están discutiendo, Egipto y los demás regímenes árabes involucrados están dando luz verde al asesinato en masa en Rafah.
Si algo se necesitaba en medio del genocidio de Israel contra los palestinos para reducir al absurdo la propaganda de los derechos humanos de las potencias imperialistas, es su asociación con el carnicero de El Cairo.
Durante casi dos semanas se han celebrado multitudinarias protestas propalestinas en prácticamente todos los países para exigir el fin de la campaña militar estadounidense-israelí.
Esta semana se cumple el décimo aniversario del golpe militar en Egipto. El 3 de julio de 2013, el entonces jefe militar, el general Abdel Fatah al-Sisi, tomó el poder con el apoyo de las potencias imperialistas e instauró uno de los regímenes más brutales y sangrientos de todo el planeta.
El general Abdel Fattah el-Sisi, que derrocó al gobierno electo del presidente miembro de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Morsi, en un sangriento golpe de estado en julio de 2013, ha gobernado el país con mano de hierro desde entonces.
A medida que ha ido aumentando la deuda de Egipto, el gasto del gobierno se ha destinado al servicio de la deuda en lugar de a sanidad, educación y bienestar.
El objetivo del juicio era garantizar que nadie más desafiara la brutal dictadura del general Abdul Fattah el-Sisi, que derrocó al gobierno electo del presidente Mohamed Morsi en un sangriento golpe militar en julio de 2013.
Sólo cabe imaginar lo que deparará la COP28 del próximo año, que se celebrará en los Emiratos Árabes Unidos, donde las exportaciones de petróleo representan el 30% del producto interior bruto del país.
Desde que comenzó la guerra, el gobierno de Biden se ha comprometido a entregar decenas de miles de millones de metros cúbicos de gas natural a Europa, dejando al descubierto las pretensiones ecologistas de su administración y del gobierno estadounidense en su conjunto.
El dictador militar egipcio Abdel Fattah el Sisi está utilizando los tribunales, las nuevas leyes y la censura del Internet y de las redes sociales para reprimir toda oposición a su brutal régimen.
El bloqueo de una arteria vital de la economía mundial por un solo buque, un accidente previsible, revela los aspectos fundamentales del capitalismo moderno.
La lección decisiva de la revolución egipcia es que es necesario construir una dirección revolucionaria en la clase obrera, en oposición a la pseudoizquierda, antes del estallido de luchas masivas.
La declaración de apoyo de Macron al carnicero de El Cairo es una advertencia para la clase obrera sobre el estado avanzado de los preparativos para establecer dictaduras militares-policiales en toda Europa.
Menos de una década después de la intervención de 2011 de la OTAN en Libia, la guerra civil que resultó amenaza con convertirse en un conflicto regional involucrando a las principales potencias.
Las manifestaciones en Egipto evocan recuerdos de las protestas de masas revolucionarias que derribaron al longevo dictador Hosni Mubarak en el invierno de 2011.
Según las cortes de Al Sisi reparten penas de muerte, incluso contra niños, Washington está derramando ayuda militar que será utilizada para perpetrar crímenes de guerra.
La visita de Macron al dictador egipcio, Abdel fatah el Sisi, es una advertencia de que su Gobierno pretende escalar drásticamente su represión contra los “chalecos amarillos” y la oposición popular.