Si se pudiera utilizar una sola palabra para resumir el encuentro el fin de semana de jefes de bancos centrales en Jackson Hole, Wyoming, sería aquella utilizada por León Trotsky para describir a los gobernantes burgueses a fines de la década de 1930: “perplejidad”.
En ese momento, las burguesías se enfrentaban a los efectos de la mayor depresión económica en la historia, mientras el mundo se abalanzaba hacia una guerra. Por supuesto existen muchas diferencias, peor la situación actual es igual de grave, si no más, porque desde entonces se han intensificado todas las contradicciones del sistema capitalista.
En su reporte sobre la reunión, el Financial Times señaló que los funcionarios y economistas han cambiado su angustia del año pasado sobre la influencia y la credibilidad de los bancos centrales “por temor de que la conmoción causada por la pandemia y la guerra en Ucrania haya desencadenado una nueva era para la economía global”.
Pero, como lo demostraron sus discusiones, los supuestos guardianes del capitalismo global no entienden para nada sus dinámicas ni mucho menos cómo lidiar con ellas.
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, pronunció el discurso principal el viernes por la mañana, cuando dijo que los banqueros centrales estaban “navegando según las estrellas bajo cielos nublados”.
No elaboró al respecto, pero, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, apuntó luego en el día a la incertidumbre cada vez mayor que enfrentan los gobernantes.
Manifestando su confusión, dijo que “en esta época de cambios y rupturas, cuando no sabemos aún si estamos regresando al viejo mundo o entrando en uno nuevo, ¿cómo podemos asegurarnos de que la elaboración de políticas se mantenga robusta?”.
No ofreció ninguna respuesta en su discurso y concluyó: “No existe ningún libro de jugadas preparadas para la situación a la que nos enfrentamos hoy y, consecuentemente, nuestra tarea es ingeniar uno nievo”.
Lagarde indicó tres áreas de cambios importantes. El mercado laboral fue transformado por la pandemia y se encuentra “históricamente tenso en todas las economías avanzadas”.
Los mercados energéticos son testigo de una profunda transformación causada por la aceleración del cambio climático y el empuje a las energías renovables.
“En tercer lugar, nos enfrentamos a una división geopolítica cada vez más profunda y una economía global que se está fragmentando en bloques rivales. Esto va de la mano de un aumento del proteccionismo, en la medida en que los países reconfiguran sus cadenas de suministro para alinearlas con nuevos objetivos estratégicos”, continuó y adicionó que, “en la última década, el número de restricciones comerciales se ha multiplicado por diez”.
Es bien sabido que la división del mundo en bloques rivales durante los años treinta fue un factor que contribuyó enormemente al estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939.
Muchos procesos ponen de manifiesto el colapso cada vez mayor del orden capitalista global y varios otros oradores se refirieron a ellos.
En una presentación descrita como muy polémica, el economista de la Universidad de California, Barry Eichengreen, emitió una advertencia sobre el nivel de la deuda pública. Señaló que, por más deseable que sea reducirla, no será ni política ni financieramente posible.
El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Pierre-Gourinchas le dijo al Financial Times que le preocupaba si los Gobiernos cuentan o no con la capacidad de aumentar sus apoyos fiscales en caso de otro golpe a la economía global.
“No creo que lo puedan volver a hacer”, dijo. “Ya no tenemos un seguro. Nos encontramos al borde del precipicio”.
La economista Carmen Reinhard, quien ha trabajado en el FMI y el Banco Mundial, le dijo al FT que, alrededor del 60 por ciento de los países más pobres se encontraban en una situación de impago de la deuda o cerca, propiciando un “entorno susceptible a choques y fragmentado”.
“Puede perpetuarse a sí mismo. Ante las condiciones financieras más frágiles, si sufres un golpe, no tendrás mucha capacidad de respuesta y, por ende, tendrás una recuperación más débil”.
En cuanto a la cuestión inmediata de las subidas de los tipos de interés de los bancos centrales, que supuestamente son la cura para la alta inflación, no hay ninguna certidumbre, a pesar de que las tasas de inflación hayan bajado en los últimos meses.
El gobernador adjunto del Banco de Inglaterra, Ben Broadbent, dijo que “no es probable” que la inflación desaparezca tan rápido como apareció y que los tipos de interés “probablemente se mantendrán en territorio restrictivo por bastante tiempo más”.
Pero, como indicó en una discusión de panel, los más importantes banqueros centrales realmente no entienden qué ocurre.
“Existe un riesgo de que nos hayamos sobrepasado en esto [y] debemos ir más allá” porque el problema de la inflación “simplemente es más grande de lo que pensamos. También existe el riesgo de que no solo hicimos suficiente, sino que hicimos demasiado”.
Una de las asistentes, Kristin Forbes, profesora del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), subrayó la perplejidad de los gobernadores en una entrevista con el Wall Street Journal, comparándolo a los banqueros centrales con un grupo de escaladores que pierde el trillo.
“Sabes adónde quieres ir. Sabes dónde queda la cumbre de la montaña pero ya no vez más marcadores y necesitas ir sintiendo por dónde vas… Y se está volviendo más empinado. Hay más rocas”.
Algunos de los obstáculos filosos que no mencionó fueron la importante desaceleración económica de China, que ha sido el principal contribuyente al crecimiento global desde la crisis financiera de 2008, el impacto de los mayores tipos de interés en el mercado bursátil y el sistema financiero, la crisis inminente de las propiedades comerciales, los intentos de cada vez más países de minimizar su dependencia en el dólar estadounidense y la creciente inestabilidad política en Estados Unidos, ejemplificada por la transformación del Partido Republicano en una organización fascistizante, para nombrar unos pocos.
Y, ante todo lo demás, está el crecimiento global de las luchas de la clase trabajadora, que representa el blanco del régimen de altos tipos de interés, cuya intención es aplastar las demandas salariales. Cuando estaba en marcha el encuentro en Jackson Hole, los trabajadores automotores de EE.UU. votaron por 97 por ciento a favor de autorizar una huelga, abriendo la puerta a un enfrentamiento tanto con las empresas automotrices como con el resto de la clase capitalista y el Gobierno.
Este movimiento no se discutió abiertamente, pero estuvo siempre presente como un negro nubarrón en las deliberaciones de Jackson Hole, sin duda especialmente en las celebradas a puerta cerrada.
En la medida en que se planteó públicamente, Powell dejó claro en su discurso que hasta ahora no se había hecho lo suficiente para ralentizar la economía con el fin de hacer frente al “tenso” mercado laboral y Lagarde hizo hincapié en la necesidad de evitar una espiral de precios y salarios.
“Estamos atentos a las señales de que la economía puede no estar enfriándose como se esperaba”, dijo Powell.
Sea cual fuere su confusión, las clases dominantes tienen una perspectiva: que el futuro mismo del sistema de lucro depende de aplastar a la clase obrera por todos los medios necesarios.
Pero su perplejidad tiene un profundo significado político. La clase obrera no solo se enfrenta a la tarea de desarrollar las luchas más combativas posibles contra las clases dominantes, por decisivo que eso sea.
Como se decía en la lucha contra las monarquías feudales, si no te deshaces del rey, éste seguirá ahí.
La clase obrera, por lo tanto, debe aprovechar la extrema crisis ideológica de los representantes de los estamentos dominantes para librar una lucha por una perspectiva socialista independiente para abolir el sistema de lucro.
Por muchas décadas, la clase capitalista se ha apoyado ideológicamente en la afirmación de que solo ella posee la experiencia y los conocimientos necesarios para dirigir el destino de la sociedad y que el sistema de beneficios es la única forma posible de organización socioeconómica.
Esa ficción queda al descubierto cada día, a medida que la realidad de su programa se revela cada vez más claramente en forma de guerras, empobrecimiento de las masas trabajadoras y desarrollo de formas de gobierno autoritarias y abiertamente fascistas.
Para impulsar sus luchas, la clase obrera debe reconocer que es la portadora de la forma superior de sociedad, el socialismo internacional, y emprender la construcción del único partido que lucha por esta perspectiva, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.
(Publicado originalmente en inglés el 29 de agosto de 2023)