Al comparecer ante un jurado militar en una audiencia condenatoria el jueves, el preso de la Bahía de Guantánamo, Majid Khan, describió la tortura brutal y sádica a la que fue sometido durante tres años de detención en “sitios negros” secretos de la CIA.
Khan, de 41 años, residente legal en los EEUU, graduado de bachiller en Baltimore, donde se mudó junto a su familia desde Pakistán a finales de los años 1990, es el primer exprisionero de los sitios de la CIA que se crearon bajo la administración de George W. Bush que describe abiertamente el abuso horrible que sufrió.
Khan pasó dos horas ante un jurado de mandos militares estadounidenses leyendo un documento de 36 páginas que catalogaba las atrocidades aprobadas y aplicadas en nombre de las “técnicas de interrogatorio mejoradas”. Estas incluían pasarse horas desnudo solo con una capucha en la cabeza, estar encadenado a una pared, ser colgado de una viga del techo por horas y horas, encadenarle los brazos para imposibilitarle el sueño, estar a punto de ahogarse en tubos de agua casi congelada y que un interrogador de la CIA le vierta agua en la nariz y la boca.
Describió además cómo agentes de la CIA le bombeaban agua por el recto con una “manguera verde de jardín”. Contó, “Conectaban una punta al grifo, la otra en mi recto y abrían el grifo”.
Según un relato publicado por el New York Times, “Le daban palizas estando desnudo y pasaba largos ratos encadenado —a veces con grilletes sujeto a la pared y agachado ‘como un perro’, dijo, o con los brazos estirados hacia arriba por encima de su cabeza y encadenado a una viga dentro de su celda. Lo mantenían en la oscuridad y lo arrastraban, con capucha y grilletes, estrellándole la cabeza contra el suelo, las paredes y las escaleras cuando lo cambiaban de celda.
“Relatos anteriores hechos públicos por sus abogados decían que lo habían privado tanto de sueño que empezó a alucinar. Describió la experiencia: imágenes de una vaca y un lagarto gigante acercándosele dentro de la celda cuando estaba encadenado a la viga por encima de su cabeza. Intentó ahuyentarlos a patadas pero perdió el equilibrio, lo que causó que las cadenas le dieran un tirón”.
“Pensé que me moría”, le dijo Khan al tribunal militar. “Les rogaba que pararan y les juraba que no sabía nada”. Añadió, “Cuanto más cooperaba, más me torturaban”.
En diciembre de 2014, el Comité de Inteligencia del Senado hizo público un resumen desclasificado y editado de 550 páginas de su investigación de más de 6.000 páginas del programa de tortura de la CIA de la era de Bush. El reporte citaba el trato a Khan como un ejemplo de los métodos ilegales y depravados utilizados por la CIA —con la aprobación de la Casa Blanca de Bush y el apoyo tácito de los parlamentarios demócratas que fueron informados sobre el programa— en sus prisiones secretas. Consignaba que sus captores respondieron a su huelga de hambre “inoculándole” un puré de su almuerzo —humus, pasta con salsa, frutos secos y pasas— por el ano. La CIA llamaba esta práctica “alimentación rectal”. Los abogados de Khan la llamaron violación.
La CIA se negó el jueves a comentar sobre el testimonio de Khan, comentando apenas que “el programa de detención e interrogatorios de la CIA terminó en 2009”.
Ciudadano pakistaní, Khan nació en Arabia Saudí y se crió en Pakistán. Le dieron asilo en EEUU en 1998 y trabajó en la gasolinera de su padre. Estaba trabajando para un contratista de telecomunicaciones que gestionaba el sistema telefónico del Pentágono cuando sucedieron los ataques del 11 de septiembre. Profundamente afectado por el 11S y la represión por parte del gobierno estadounidense a los musulmanes que empezó después, volvió a Pakistán en 2002 para casarse en un matrimonio concertado y volvió de nuevo en marzo de 2003.
Él, su hermano y otros parientes fueron arrestados en su residencia en Karachi por agentes pakistaníes y fueron llevados a un centro de detención de la CIA en Pakistán. Al mes soltaron a todos excepto a Majid. Su esposa y el resto de la familia no supieron nada de su paradero durante tres años.
Lo transfirieron a un centro de detención de la CIA en Afganistán conocido como el “Pozo de Sal”. La administración Bush y la CIA afirmaron que él tenía vínculos con Khalid Sheikh Mohammed, el supuesto cerebro de los ataques del 11S, y lo designaron como “detenido de alto valor”.
En una declaración jurada en 2007, Ali Khan, el padre de Majid, escribió que su hijo fue sometido a 20 días de palizas, posiciones incómodas, ser encapuchado y privación del sueño, después de ser obligado a firmar una confesión que no le dejaron ni leer. La declaración jurada también decía que guardias del centro de detención de la CIA donde retuvieron al principio a Majid le dijeron a Ali Khan que en las mismas instalaciones, estaban retenidos los hijos de Khalid Sheikh Mohammed, que tenían seis y ocho años, privados de comida y agua, y los interrogaban de manera abusiva para obligarlos a revelar el paradero de su padre.
Bush anunció en septiembre de 2006 que Khan y otros 13 “detenidos de alto valor” habían sido transferidos desde prisiones secretas de la CIA a custodia militar en la Bahía de Guantánamo a la espera de juicio bajo el nuevo sistema de tribunales militares autorizado por la Ley de Comisiones Militares de 2006. Khan objetó en el tribunal a su detención, y el Centro de Derechos Constitucionales presentó una objeción de “ habeas corpus en octubre de 2006.
Al mes siguiente, el Departamento de Justicia dijo que no había que dejar que Khan hablara con ningún abogado porque podría “revelar las técnicas de interrogatorio confidenciales de la agencia [la CIA]”. Tres meses después, en febrero de 2007, un tribunal federal de apelaciones dictaminó que los detenidos de Guantánamo no pudieran utilizar el sistema de tribunales estadounidenses para objetar a su encarcelamiento indefinido.
A Khan no le dejaron ver un abogado hasta el cuarto año de su detención. Hizo seis huelgas de hambre mientras estuvo aislado en Guantánamo. En 2012, se declaró culpable en acusaciones relacionadas con terrorismo y aceptó posponer la sentencia mientras cooperara con los fiscales.
Khan admitió haber entregado $50.000 del dinero de Al Qaeda de Pakistán a un afiliado de Al Qaeda en 2003, por lo que se le acusó de asesinato porque el dinero se utilizó en el atentado mortal con bomba de un hotel Marriot en Yakarta en agosto de 2003, cuando Khan ya estaba bajo la custodia de la CIA. También admitió conspirar con Khalid Sheikh Mohammed para llevar puesto un chaleco suicida en un intento fallido por asesinar al entonces presidente de Pakistán, Pervez Musharraf.
Khan había solicitado que el tribunal militar le permitiera cuestionar a los agentes de la CIA que lo torturaron durante sus años en los centros de detención de la agencia. El año pasado, el juez del caso de Khan, el coronel del ejército Douglas K. Watkins, dictaminó que las descripciones de Khan de su tratamiento, si eran ciertas, equivalían a tortura. Ordenó una audiencia para encontrar hechos que requeriría que testigos de la CIA se personaran ante el tribunal militar de la Bahía de Guantánamo.
Los fiscales rechazaron la orden y amenazaron con incumplirla. En un acuerdo con el supervisor de las comisiones militares anunciado en abril pasado, Khan aceptó renunciar a la audiencia para encontrar hechos a cambio de que le aseguraran de que lo liberarían como lo más pronto en febrero próximo y no después de 2025, y que luego lo liberarían en un tercer país.
En la audiencia del jueves, el padre de Khan, Ali Khan, y una hermana, ambos ciudadanos estadounidenses, se sentaron en la galería, desde donde lo vieron personalmente por primera vez desde que lo encarcelaran a principios de 2003. El padre lloró durante la declaración de su hijo, a veces agarrándose la cabeza con las manos, mientras la hermana trataba de consolarlo.
Es perversamente irónico que el testimonio condenatorio de Khan ocurriera la misma semana que la audiencia en Londres sobre el recurso del gobierno estadounidense de la negativa del tribunal británico a su solicitud de extraditar al fundador de WikiLeaks, Julian Assange. Assange está siendo perseguido brutalmente como represalia por su exposición valiente de los crímenes de guerra estadounidenses, que incluyen tortura, en Irak y Afganistán. Sus supuestos “crímenes” incluyen la filtración a WikiLeaks en 2011 de archivos que documentan métodos de la policía estatal utilizados en Guantánamo.
Mientras tanto, ninguno de los responsables de la tortura de innumerables miles de personas bajo la rúbrica engañosa de la “guerra contra el terror” ha sido puesto a disposición de la justicia.
El director de la CIA de Obama, John Brennan, quien defendiera públicamente el programa de tortura de la CIA mientras servía bajo Bush e intentara, en colaboración con Obama, bloquear el reporte del senado sobre la tortura de la CIA —incluso irrumpiendo en las computadoras de los investigadores del senado— es un analista de seguridad nacional e inteligencia muy bien pagado de la NBC News y la MSNBC.
Gina Haspel, quien gestionara un centro de detención de la CIA en Tailandia a partir de 2002, fue nombrada directora de la CIA por Trump y confirmada por el senado.
John Yoo, el autor de los “memos de la tortura” del Departamento de Justicia de Bush, quien efectivamente declaró que la tortura era legal, es hoy el Profesor de Derecho Emanuel S. Heller en la Universidad de California, Escuela de Derecho de Berkeley.
Por no mencionar a Bush, Cheney, Rice y el resto de los autores de Guantánamo, centros de detención de la CIA, “interrogatorio mejorado”, entrega extraordinaria y las guerras de agresión en Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen que mataron a millones de personas y destruyeron a sociedades enteras. O a Obama, Brennan, Hillary Clinton y sus socios, que continuaron las guerras, mantuvieron abierto Guantánamo, y expandieron los asesinatos con dron y el espionaje ilegal del gobierno a la población estadounidense y mundial.
(Publicado originalmente en inglés el 30 de octubre de 2021)