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La Liga Comunista peruana rompe con el trotskismo

La siguiente declaración fue publicada en la revista Fourth International (Vol. 13 No. 2) de 1986, junto a otros documentos de la lucha contra los renegados del WRP británico que conllevó la ruptura de la Liga Comunista peruana con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI).

El Vol. 13 No. 2 de la revista Fourth International de 1986, "El CICI defiende el trotskismo 1982-1986"

1. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional denuncia la deserción de sus filas de la dirección de la sección peruana, la Liga Comunista, y rechaza totalmente las perspectivas neostalinistas, promaoístas y nacionalistas pequeñoburguesas con las que estos renegados atacan ahora el trotskismo.

2. Esta escisión ha sido provocada por el repudio explícito de la Liga Comunista a todos los fundamentos teóricos, políticos y programáticos del movimiento trotskista desde su nacimiento. Sobre todo, esto se refleja en su rechazo a la teoría de la revolución permanente, la estrategia de la revolución mundial y la dictadura del proletariado, y la cesión de la dirección de la lucha contra el imperialismo a la corrupta y venal burguesía nacional en Perú y en toda América Latina.

3. Al hacerlo, se han unido a una virulenta tendencia internacional de revisionistas antitrotskistas, que incluye a Jack Barnes, el líder del Socialist Workers Party (SWP; Partido de los Trabajadores Socialistas) de los Estados Unidos, quien ha repudiado explícitamente la revolución permanente, a los pablistas australianos, quienes han renunciado al trotskismo en su conjunto para buscar alianzas con los estalinistas y los laboristas, y, por supuesto, a los renegados de la camarilla derechista de Healy-Banda-Slaughter en el Workers Revolutionary Party (WRP, Partido Revolucionario de los Trabajadores) británico, que ha desertado el CICI para defender su capitulación mercenaria y oportunista a los regímenes nacionalistas burgueses en Oriente Próximo y a las burocracias laboristas y sindicales en Reino Unido.

4. A través de su publicación escindida Comunismo, la Liga Comunista ha roto toda disciplina, atacando públicamente al trotskismo, al Comité Internacional de la Cuarta Internacional y a sus dirigentes. Asimismo, han renunciado a la legitimidad de la existencia de su propio partido, eligiendo así el camino más seguro hacia su desaparición política.

5. Esta camarilla reaccionaria ha demostrado que sus fundamentos son el rechazo del internacionalismo y el papel revolucionario de la clase obrera. En particular, han lanzado ataques virulentos tanto contra el proletariado como contra el movimiento trotskista en los países capitalistas avanzados al estilo crudo de los amargados nacionalistas pequeñoburgueses.

6. Mientras se niegan a defender sus posiciones dentro del movimiento trotskista, boicoteando la reunión del CICI en mayo de 1986, ahora están pidiendo una discusión abierta y un reagrupamiento con todo tipo de enemigos revisionistas, estalinistas y nacionalistas pequeñoburgueses. La trayectoria política de este grupo está siendo impulsada por poderosas fuerzas de clase. Frente a la responsabilidad y la necesidad de construir el partido revolucionario de la clase trabajadora, de forma independiente del “antiimperialismo” fraudulento del Gobierno burgués bajo el partido APRA del presidente Alan García y del guerrillerismo campesino del movimiento maoísta Sendero Luminoso, la Liga Comunista ha emitido una serie de documentos justificando de antemano su capitulación ante precisamente estas fuerzas y abandonando la lucha por resolver la crisis de conducción revolucionaria del proletariado en Perú.

7. Fundada como una sección del Comité Internacional sobre la base de una ruptura de principios con el centrismo de la OCI francesa y las lecciones de la traición de la clase obrera boliviana en 1971 a manos del POR de Guillermo Lora, que se subordinó al régimen militar del general J.J. Torres, la Liga Comunista ahora ha quedado destruida como organización revolucionaria por la degeneración de sus propios líderes.

8. Esta degeneración se evidencia en la posición sin principios adoptada por estos dirigentes en relación con la lucha dentro del Comité Internacional contra la camarilla nacionalista de derecha de Healy-Banda-Slaughter en la dirección de su sección más antigua, el WRP.

La secretaria general de la Liga Comunista, Lucía Mendoza, obtuvo su posición a través de una relación personal sin principios establecida con G. Healy, quien la insertó directamente en el vacío político dejado primero por el exilio del fundador de la Liga Comunista, el camarada Sergio, bajo el régimen militar del general Velasco, y luego por la deserción sin principios de su sucesor Emiliano Roberto. Después de quedarse durante un largo período en Inglaterra, donde fue llevada a cuestas por Healy, fue enviada de regreso a Perú como secretaria del partido. Trabajando junto con su socio cercano Oscar Poma, su práctica se centró en gran medida en organizar proyecciones de la película, The Palestinian, en América Latina y abandonar cualquier lucha sistemática por el trotskismo en Perú.

Cuando estalló la crisis en el WRP, inicialmente se mostró reacia a asistir a una reunión convocada por el CICI. Además, participó en discusiones con los renegados españoles y griegos que se unieron a Healy para desertar del Comité Internacional.

Finalmente fue persuadida sobre viajar y escuchar un informe de los miembros de CICI, y cambió su posición. Apoyó la resolución del 25 de octubre en la que el CICI concluyó que las raíces de la crisis radicaban en “el prolongado alejamiento de la dirección del WRP respecto a la tarea estratégica de construir el partido mundial de la revolución socialista y su adopción de una perspectiva y práctica cada vez más nacionalistas”. Ahora ella misma se ha unido a una camarilla sin principios en la búsqueda de tal perspectiva y práctica en Perú.

9. El 16 y 17 de diciembre, la secretaria general de la Liga Comunista se unió nuevamente a los otros delegados del CICI para votar a favor de la suspensión del WRP, que había sido acusado de llevar a cabo “una traición histórica del CICI y la clase obrera internacional” al “abandonar completamente la teoría de la revolución permanente, lo que resultó en la búsqueda de relaciones sin principios con sectores de la burguesía colonial a cambio de dinero”. No solo votó a favor de esta medida, sino que participó en la redacción de las resoluciones del CICI y las defendió ante los miembros del WRP.

10. A petición suya, los delegados del CICI viajaron a Perú en enero de 1986 para defender estas posiciones ante el Comité Central de la Liga Comunista. Después de una prolongada lucha política, la mayoría del comité respaldó las decisiones del CICI. Luego, Mendoza dio marcha atrás y unión fuerzas con aquellos que habían atacado al CICI, con Oscar Poma y Emiliano Roberto a la cabeza, para anular las posiciones del Comité Central.

Emiliano Roberto, después de desertar del movimiento durante cinco años, fue invitado a las reuniones con los delegados del CICI bajo el pretexto totalmente falso de presentarse como una especie de “víctima” de Healy. Ocultaba conscientemente su verdadero pasado político. Mientras estuvo fuera del partido, había establecido las relaciones más cercanas con burócratas sindicales estalinistas como Valentín Pacho, participando directamente en la traición a las luchas de los trabajadores estatales peruanos. Esto fue respaldado por la dirección de la Liga Comunista, que buscaba desarrollar su reputación mientras encubría a los traidores estalinistas con los que estaba aliada.

Un mes antes de la reunión, Emiliano había redactado un documento que constituía su primera respuesta a la crisis en el CICI. Era una denuncia vitriólica de la Workers League (Liga Obrera) de EE.UU. por su defensa de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Desde el principio, Roberto no identificó como enemigos a Healy, Banda y Slaughter, sino más bien a aquellos en el CICI y la Workers League que lucharon por defender el trotskismo.

Este documento fue ocultado deliberadamente de los delegados del CICI antes de ser publicado por la Liga Comunista dos meses después en su revista, Comunismo.

Retrató a la clase obrera norteamericana como una fuerza esencialmente contrarrevolucionaria, aliada con su propia clase dominante. Esta perspectiva iba de la mano de su visión desmoralizada de un imperialismo estadounidense todopoderoso. Ataca como una “monstruosa unilateralidad” la afirmación de los trotskistas norteamericanos de la Workers League de que la lucha de clases en los Estados Unidos puede interrumpir los planes de guerra del imperialismo estadounidense, ¡insistiendo en cambio en que la clase obrera estadounidense fue la beneficiaria de la invasión de Granada!

En un documento posterior, Roberto adoptó una posición abiertamente proestalinista, denunciando a la Cuarta Internacional tanto por no liquidarse en las burocracias estalinistas como por su firme insistencia en basarse en el proletariado internacional: “En China, Europa del Este, Albania, Yugoslavia, Vietnam, Corea, etc.... el movimiento trotskista no pudo integrarse a estas revoluciones y aprender algo de esta práctica social. En cambio, desarrolló una serie de racionalizaciones antimarxistas para preservar su aislamiento y adaptación a las fuerzas sociales no revolucionarias”.

A raíz de estas posiciones contrarrevolucionarias, la Liga Comunista colocó a Roberto nuevamente en la dirección para utilizar la crisis del CICI como pretexto para romper con el trotskismo.

También se publicó en Comunismo un documento de Oscar Poma, titulado “El fraude de la Carta Abierta de 1953”, donde ataca los principios fundamentales del Comité Internacional y su posterior lucha contra el revisionismo pablista. “Nadie niega que debió haber una ruptura con Pablo”, escribe, “pero la pregunta fundamental que surge a la luz de la crisis actual del CICI es si las secciones que rompieron con Pablo en 1953 lo hicieron como parte de la lucha por la construcción del Partido Mundial de la Revolución Socialista. Pienso que la respuesta es no”.

Como fue el caso de Roberto, en la reunión con los delegados del CICI, Poma también había ocultado sus verdaderas opiniones políticas de manera cobarde. Cuando se le preguntó directamente si tenía alguna diferencia con las posiciones del CICI, lo negó, alegando que sus diferencias con la suspensión del WRP eran meramente “tácticas” y motivadas por su temor de que la acción interrumpiría las discusiones necesarias para “exponer” las posiciones de Banda y Slaughter.

¡No era más que una sarta de mentiras! La camarilla en la dirección de la Liga Comunista tenía un acuerdo secreto sobre ocultar sus puntos de vista reales tanto al CICI como a sus propios miembros porque sabían que, en una lucha abierta contra estas posiciones, habrían perdido miembros en una escisión con el CICI.

11. Después de repudiar su apoyo a la decisión del CICI de suspender al WRP y su evaluación de la escisión, la camarilla de derecha en la dirección de la Liga Comunista procedió rápidamente a romper sus relaciones internacionales. En marzo, se negó a permitir que un delegado de la Workers League que había viajado a Lima asistiera a una reunión de su Comité Central y poco después rompió formalmente todas las relaciones con el secretario del Comité Socialista, el grupo de simpatizantes en Ecuador que había defendido las posiciones del CICI. Al hacerlo, pusieron fin a lo que había sido una larga relación abusiva, destructiva y nacionalista con el Comité Socialista. La dirección de la Liga Comunista lo utilizó parasitariamente como fuente de fondos para sus operaciones en Perú.

12. Ahora la Liga Comunista ha atacado públicamente toda la historia de la Cuarta Internacional, describiéndola como “un número infinito de escisiones puramente f acciosas , sectarias y antimarxistas, motivadas por los intereses principalmente locales y nacionales de cada secta” .

Todos estos renegados dejan claro que, para ellos, la degeneración de la dirección del WRP y la crisis en el CICI estuvieron causadas por los principios del movimiento trotskista con los que ahora rompían decisivamente. “Es en realidad esta falsa lucha por ‘principios’ lo que caracteriza el desarrollo histórico del Comité Internacional”, escribe Lucía Mendoza.

En su propio documento, Roberto escribe que el supuesto aislamiento del movimiento trotskista con respecto a la clase trabajadora “se transformó no solo en un medio natural sino en una virtud, necesaria para mantener la ortodoxia”.

Este escupitajo sobre los principios y la historia del partido, así lo hacen todos los oportunistas de derecha para justificar su propia capitulación ante el imperialismo, se combina con una perspectiva reaccionaria “tercermundista” extraída de la pequeña burguesía peruana. Dice que los partidos trotskistas en Europa y Norteamérica se encuentran “aislados, tanto geográfica como políticamente, del desarrollo vivo de la revolución mundial” y dominados por “la demagogia pseudo radical de toda clase de oportunistas que nunca ha n arriesgado ni un pelo por la revolución”.

Los renegados concluyen que el movimiento trotskista está “arraigado en fuerzas sociales totalmente adversas a las fuerzas sociales que son objetivamente revolucionarias. Por lo tanto, debe ser destruid o objetivamente”.

13. Estas burdas calumnias no representan más que el repudio abierto de los renegados de la Liga Comunista a la teoría de la revolución permanente y a la estrategia de la revolución mundial. Habiendo rechazado al proletariado internacional como una fuerza revolucionaria, han declarado explícitamente su lealtad a la burguesía nacional corrupta y servil en Perú y América Latina, al tiempo que convocan a un reagrupamiento con todo tipo de enemigos revisionistas, estalinistas y nacionalistas pequeñoburgueses de la revolución proletaria.

La dirección de la Liga Comunista ahora llama a una discusión pública con aquellos que califica como los “trotskistas peruanos y latinoamericanos”, es decir, revisionistas como Hugo Blanco, Ricardo Napurí, Nahuel Moreno y los posadistas. El objetivo de tal discusión, indican, es un reagrupamiento basado en una “ruptura irreversible con todo un período del movimiento trotskista” y una “orientación hacia una práctica revolucionaria, como la que indicaron Marx, Engels, Lenin, Trotsky, los primeros cuatro congresos de la Tercera Internacional, así como las experiencias revolucionarias posteriores en China, Vietnam y otras en América Latina”.

Esto representa un repudio explícito del trotskismo. En su lugar, esta camarilla propone una capitulación abyecta ante el estalinismo, el maoísmo y el castrismo y la transformación de la Liga Comunista en una agencia secundaria para el estrangulamiento de la clase obrera peruana.

Hace dos años, Oscar Poma escribió un artículo que atacaba el guerrillerismo campesino del movimiento maoísta Sendero Luminoso. En una imitación aduladora de la distorsión totalmente idealista del materialismo dialéctico de Healy, Poma trató de deducir el carácter de este movimiento a partir de una declaración hecha por uno de sus miembros sobre la categoría de la contradicción. A partir de esto, Poma concluyó que Sendero Luminoso había “impuesto” la guerra de guerrillas al campo y al campesinado. Esta posición de derecha sobre el campesinado solo podía desacreditar al trotskismo.

Posteriormente, la dirección de la Liga Comunista ha dado un giro completo, apoyando de forma acrítica a Sendero Luminoso y pidiendo “la máxima unidad, a través de una política de frente único” con las guerrillas maoístas.

14. En su declaración programática titulada “La lucha de clases en el Perú” esto queda muy claro. Declaran que el Gobierno burgués peruano de Alan García –un régimen que ha atacado a la clase obrera, impuesto un estado de emergencia en la capital y continuado una brutal “guerra sucia” en el altiplano andino— es el resultado de la “confluencia” de las “tres grandes clases que conforman la sociedad peruana: el proletariado, el campesinado y finalmente, la burguesía nacional, específicamente aquellos sectores vinculados al mercado interno o las llamadas exportaciones no tradicionales”.

Ahora repite las mismas teorías estalinistas que han llevado a derrotas sangrientas de la clase trabajadora, como China en 1927, la catástrofe chilena de 1973 y el golpe argentino de 1976. Sobre esta base, la dirección de la Liga Comunista se ha convertido en una agencia secundaria del estalinismo en la traición de la revolución socialista peruana.

15. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional llama a todos los trotskistas auténticos en las filas de la Liga Comunista a repudiar esta política contrarrevolucionaria, romper con la camarilla nacionalista pequeñoburguesa de derecha y contactar al CICI para llevar adelante la construcción de la sección peruana mediante una defensa irreconciliable de la perspectiva del trotskismo y la revolución permanente.

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