Cifra de muertos en explosión de refinería venezolana
se eleva a 41
Por Bill Van Auken
6 Septiembre 2012
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Este artículo apareció en nuestro sitio en
su inglés original el 28 de agosto, 2012.
La cifra de muertos en la peor catástrofe de la industria
petrolífera venezolana en décadas se elevó
a 41 el domingo mientras los bomberos continuaban luchando contra
las llamas que emergían de dos tanques de almacenamiento
en la refinería de Petróleos de Venezuela (PDVSA),
industria del estado en Amuay en la costa occidental caribeña
de Venezuela.
El gobierno del Presidente Hugo Chávez declaró
tres días de luto nacional para las víctimas de
la explosión que destrozó la enorme instalación
en la madrugada del domingo. Entre ellas se encontraban 18 miembros
de la Guardia Nacional de Venezuela, cuyas barracas se encontraban
justo en las afueras del almacenamiento petrolífero de
Amuay. Otros 17 civiles murieron, incluyendo un niño de
10 años, y seis cadáveres aún tienen que
ser identificados.
La explosión también envío una onda de
choque a los vecindarios cercanos que destrozó unos 200
hogares y varios negocios. Los residentes le informaron a la prensa
que al comienzo pensaron que la explosión era un terremoto.
Evacuados en estado de shock, muchos regresaron pronto por miedo
a los saqueos.
Otras 80 personas resultaron heridas por la explosión;
dos de ellas murieron el domingo. Se espera que la cifra de muertos
se eleve ya que muchas otras personas aún no han aparecido,
El accidente ya representa uno de los peores de la industria petrolífera
en tiempos recientes, sobrepasado tan sólo ligeramente
por el incendio de 1997 en la refinería de la Hindustan
Petroleum en Visakhapatnam, India, en la que murieron 56 personas,
y muy por encima de la cantidad de víctimas en la explosión
de la refinería de BP en Texas City en el 2005, en la que
murieron 15 trabajadores. En la misma Venezuela, es el peor accidente
desde 1982, cuando 160 personas murieron en la explosión
de dos tanques de combustible en la planta de fuerza eléctrica
Ricardo Zuluaga en las afueras de Caracas.
Chávez, quién se ha postulado para un tercer
término como presidente de Venezuela en las elecciones
del 7 de Octubre, visitó el lugar del desastre el domingo
y prometió que se realizará una investigación
completa de la causa de la explosión.
Mientras estuvo ahí, le respondió con enojo a
un reportero que repitió varias declaraciones de los que
vivían cerca de la refinería, quienes aseguraron
haber olido una fuga de gas varios días antes de la explosión.
"No hay manera de que hubiese podido haber una fuga de
gas durante tres o cuatro días y de que nada hiciese nada
al respecto", declaró.
El presidente venezolano sugirió que la tragedia estaba
siendo manipulada por la oposición de derecha para favorecer
sus posibilidades en las elecciones venideras. En particular,
insistió en que las acusaciones de que el accidente estuviese
vinculado a una falta de mantenimiento carecían de fundamento.
"¿Falta de mantenimiento? Quién puede afirmar
eso ahorita mismo con seriedad? Nadie. Un irresponsable o alguien
a la ligera", Y añadió: "Yo les recomiendo
no caer en especulaciones" y que todo el suceso coincidía
con cierta línea de opinión generalizada.
El presidente puntualizó: " Sería muy lamentable
que algunos venezolanos trataran de usar el dolor de las víctimas
para sacar provecho de la situación".
El principal adversario de Chávez en las próximas
elecciones, Henrique Capriles Radonski, gobernador de derecha
que jugara un importante papel en el abortado golpe patrocinado
por la CIA en el 2002 con el propósito de derrocar a Chávez,
restringió sus comentarios, inmediatamente después
del desastre, a declaraciones de simpatía por las víctimas.
No obstante, algunos de sus partidarios políticos y secciones
de los medios de derecha han intentado usar la explosión
para condenar al gobierno de Chávez.
En particular, ellos lo vinculan a la huelga administrativa
del 2003 en PDVSA, cuando Chávez despidió unos 18,000
empleados que intentaron paralizar la industria en una huelga
política que tenía como objetivo derribar al gobierno.
Capriles ha prometido recontratar a todos estos empleados. La
derecha también acusa de que la industria petrolífera
ha sufrido debido a la desviación de los ingresos al pago
de los programas de viviendas y de otras asistencias sociales
del gobierno.
Varios de los partidarios de Chávez han especulado que
la explosión podría ser el resultado de un sabotaje
organizado por la derecha venezolana y sus patrones en Washington.
El desastre se ha desarrollado bajo condiciones de una creciente
tensión política en Venezuela, con indicios de que
Washington podría estar preparando acciones que tienen
como objetivo cambiar el resultado en las urnas. A comienzos de
este mes, el gobierno venezolano informó haber capturado
un ex marino estadounidense y mercenario sospechoso tratando de
entrar al país ilícitamente.
Venezuela se encuentra entre los cinco principales países
que exportan petróleo a los EE.UU., pero recientemente
ha buscado dirigir una mayor porción de sus exportaciones
petrolíferas a China.
A pesar de las acusaciones de Chávez contra sus adversarios
derechistas, son los sindicatos que representan a los trabadores
del sector petrolífero los que han lanzado las acusaciones
más duras: negligencia y falta de mantenimiento.
Iván Freites, miembro del comité ejecutivo de
la Federación Unitaria de Trabajadores del Petróleo
de Venezuela (FUTPV), imputó que su sindicato había
estado advirtiendo por algún tiempo que "podría
haber problemas en la refinería".
"La inversión en la industria no existe",
declaró. "Hemos estado criticando esto por los últimos
tres años".
Freites declaró a Noticias24 que "desde
finales del año pasado nosotros hemos venido denunciando
la cantidad de sucesos que está pasando en el centro refinador
Paraguaná y las refinerías del país".
Afirmó que el mantenimiento se había retrasado por
meses y que las reparaciones se hacían con partes recicladas,
dejando a las refinerías en una "situación
delicada".
Freites exigió de que la refinería debería
cerrarse hasta que se pueda asegurar: "La refinería
tiene que ser sacada de operación. Hay que olvidarse de
si producimos o no o si vamos a perder las elecciones". Añadió
que la vida de la gente y las condiciones de los trabajadores,
quienes viven aterrorizados, vienen primero.
Orlando Chirino, ex líder sindical de los trabajadores
petrolíferos que se ha lanzado como candidato presidencial
del Partido Socialismo y Libertad (PSL), censuró las declaraciones
del presidente de PDVSA y ministro de la energía, Rafael
Ramírez, quién sugirió que la explosión
fue resultado de un accidente por casualidad. Declaró que
él y otros dentro del sindicato habían advertido
por años que "en la industria petrolífera los
accidentes se deben a la falta del mantenimiento rutinario y a
la falta de inversiones, y también al incumplimiento de
protocolos de seguridad ya establecidos". Ha llamado a que
se realice una investigación independiente y que Ramírez
renuncie inmediatamente.
José Bodas, secretario del FUTPV, describió al
desastre como "la crónica de una muerte anunciada",
título de una novela del autor colombiano, Gabriel García
Márquez. En una entrevista con el diario venezolano, El
Universal, declaró que se debería establecer un
sistema de emergencias en PDVSA que funcione, y recurrió
al Presidente Chávez para que se permita una investigación
independiente.
Boas y Chirino, quienes trabajaron en la refinería de
El Palito en el estado norcentral de Morón, publicaron
conjuntamente un informe en 2010 acerca de la falta de mantenimiento
e de inversiones en la industria, advirtiendo que ésta
estaba "ponía en riesgo las vidas y salud de los trabajadores
y de terceros".
El funcionario sindical declaró que las advertencias
fueron ignoradas. "La junta administrativa de PDVSA y el
Ministro Ramírez deberían ser enviados a prisión",
declaró. "Los centros de trabajo no pueden se pueden
convertir en lugares de muerte. Exigimos de que PDVSA invierta
en el mantenimiento".
El desastre de la refinería de Amuay ha llegado en un
tiempo político particularmente malo para Chávez,
quién ha buscado incrementar la popularidad de su gobierno
con promesas de aumentar la producción de petróleo
en Venezuela, confirmada como las mayores reservas de petróleo
crudo en todo el planeta.
Esto también ha puesto en relieve las crecientes tensiones
entre su gobierno y la clase trabajadora venezolana, la cual encontró
su expresión la semana pasada en un mitin en el que los
trabajadores metalúrgicos y de otras industrias ahogaron
el discurso del presidente con exigencias para nuevos contratos.
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