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Humala forma gabinete con figuras pro-empresariales
Por Luis Arce y Armando Cruz
22 Agosto 2011
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Habiendo juramentado como presidente el 28 de Julio, Ollanta
Humala, quién ganase las elecciones peruanas haciendo un
llamado al nacionalismo y el resentimiento social por la desigualdad,
ha designado a los puestos más claves en su gabinete a
representantes de la élite dirigente.
La misma ceremonia de inauguración se volvió
una polémica debido a que Humala insistió en tomar
el juramento del cargo haciendo referencia a la Constitución
Peruana de 1979, un gesto que enfureció a sus oponentes
en el grupo fujimorista e hizo surgir expresiones de preocupación
en los medios burgueses.
La acción motivó que Martha Chávez, una
congresista en la oposición fujimorista, se levante en
medio de la ceremonia con la Constitución de 1993 en sus
manos y gritase su oposición a la inauguración.
La constitución de 1979 fue el producto de una Asamblea
Constituyente realizada por la dictadura del general Morales-Bermúdez.
Tanto la asamblea como la constitución fueron los medios
con los cuales la dictadura militar allanó el camino para
el retorno de un régimen civil democrático.
La constitución de 1993 fue el instrumento político
bajo el cual se legalizaron las medidas dictatoriales impuestas
por el gobierno de Alberto Fujimori, incluyendo la de perpetuarse
en el poder y cerrar el parlamento.
La invocación de Humala de la constitución previa
-que también legalizó medidas autoritarias- fue
un gesto demagógico que hizo poco para ocultar el verdadero
carácter de su gobierno que se ha ido formando durante
las pasadas semanas. Una serie de nombramientos han dejado claro
que es un régimen comprometido en continuar con las políticas
de Fujimori y sus sucesores y en postrarse ante las demandas del
gran capital.
La promulgación de las figuras que liderarán
los nuevos puestos ministeriales representa, por un lado, un mensaje
de apaciguamiento y postración ante los sectores empresariales
más importantes del país, mientras que, por el otro,
representa unas pocas concesiones a los sectores de pseudo-izquierda
que lo apoyaron y a la burocracia sindical.
Tres de los puestos más importantes pasaron a hombres
de confianza del sector empresarial o a miembros del gobierno
pasado.
El primero en ser anunciado, la ratificación de Luis
Velarde como presidente del Banco Central de Reserva por cinco
años más fue celebrada por organismos empresariales
como la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas
(CONFIEP) y la Asociación de Exportadores (ADEX) así
como por la derecha peruana en general.
"Ollanta hace concesión a empresarios" remarcó
el titular de La República, un periódico
anti-fujimorista que brindó apoyo mediático a Humala
durante la campaña presidencial.
Velarde, un ex funcionario del Banco Mundial, el Banco Interamericano
del Desarrollo y miembro del derechista Partido Popular Cristiano,
se ha declarado en contra de las principales promesas electorales
de Humala: el aumento de sueldos y el impuesto a las sobre-ganancias
mineras. (La minería es la principal actividad económica
del Perú.)
En una entrevista Humala declaró que las medidas económicas
de su gobierno serán para garantizar el "crecimiento
económico" y "no ahuyentar la inversión".
Poco de este tipo de lenguaje difiere del de su predecesor Alan
García.
A pesar de esto, el nombramiento que más "confianza"
ha dado en el extranjero es el de Luis Miguel Castilla. Ex consultor
del Banco Mundial para África del Norte y Oriente Medio,
Castilla sirvió como viceministro de Hacienda en el gobierno
de García donde llevó a cabo recortes presupuestarios.
Tanto la designación de Velarde como la del "neoliberalista
ortodoxo" Castilla han sido reconocidas por la clase dirigente
como una señal de que la antigua postura radical-nacionalista
de Humala no era nada más que retórica electoral.
En un intento de vender estos nombramientos al público,
el izquierdista analista político Antonio Zapata calificó
que lo que busca Humala es un "neoliberalismo con rostro
humano".
Por su parte, el presidente de ADEX, Juan Varilias, indicó
que "calmarán las aguas y garantizarán que
las inversiones sigan fluyendo", mientras que El Comercio
previó que ayudarían a promover confianza tanto
entre el público como entre los exportadores.
Ambos nombramientos desataron críticas por parte de
los partidarios de "izquierda" de Humala, tales como
Javier Diez Canseco, el veterano de la ya extinta organización
nacionalista pequeño burguesa Vanguardia Revolucionaria,
quién ahora es un congresista en Gana Perú de Humala;
y el líder estalinista de la CGTP (Confederación
General de los Trabajadores por el Perú), Mario Huamán.
La elección de Salomón Lerner Ghitis, el jefe
de campaña de Humala y su principal patrocinador financiero,
como jefe del nuevo gabinete ha sido bien recibida dentro de los
círculos dirigentes, descrita como una "sabia elección".
Lerner Ghitis es una figura con un largo historial político
en cual demuestra su habilidad para adaptarse a los tipos de regímenes
más variados. Comenzó su carrera como un líder
estudiantil del partido APRA para después convertirse en
un seguidor del régimen militar del General Juan Velasco
Alvarado.
Más tarde, en 1980 estuvo involucrado en un influyente
grupo de hombres de negocios con acceso directo al gobierno aprista
del entonces Presidente Alan García. También mantuvo
puestos en el manejo de un canal de televisión que vendió
su línea editorial al régimen corrupto y dictatorial
de Fujimori y su siniestro jefe de inteligencia Vladimiro Montesinos
(ambos se encuentran sirviendo largas sentencias por sus liderazgos
en los asesinatos llevados a cabo por el escuadrón de la
muerte Colina). Más recientemente, Lerner Ghitis ha participado
en el gobierno del Presidente Alejandro Toledo.
Aparte de estos tres importantes puestos, una larga lista de
ministros -Interior, Salud, Agricultura, Comercio, Transportes-
ha sido seleccionado de las filas de las más importantes
organizaciones de empresarios del Perú.
Al ministerio de trabajo fue nombrado Rudecindo Vega, quién
proviene de las filas del frente electoral Perú Posible
del ex presidente Alejandro Toledo. Él mantuvo una variedad
de puestos en la administración de Toledo que concernían
temas como vivienda, alimentación, suministros y descentralización.
Él también preside un negocio: Consultora Perú
Descentralizado-Corporación Vega Carreazo & Asociados
SCRL.
Intentando balancear estas medidas declaradamente derechistas,
Humala decidió conceder el puesto de viceministro de trabajo
a Pablo Checa, ex secretario de la CGTP, la principal federación
sindical.
Lejos de representar una verdadera acción a favor de
los trabajadores, Checa, en sus propias palabras, "asegurará
que se mantenga el equilibrio en las relaciones laborales. Es
decir, que los dos lados de la balanza -el capital y el trabajo-
estén equilibrados".
Entrevistado por el diario de derecha El Comercio, él
"aseguró que desde el ministerio se alentará
el diálogo a fin de arribar a acuerdos efectivos y disminuir
la conflictividad".
En otras palabras Checa, con todo el poder del Ministerio del
Trabajo, velará que las luchas de los trabajadores no se
extiendan y lleguen a acuerdos negociados de la manera más
temprana posible y a cualquier costo.
Al igual que desde la trinchera del sector empresarial y la
derecha se celebraron las otras designaciones, la burocracia sindical
así mismo celebró está decisión. La
Primera, un periódico que abiertamente brindó
su apoyo a Humala y conforma la voz de los elementos pseudo-izquierdistas
que orbitan alrededor de la burocracia sindical, alabó
la decisión y brindó en sus páginas un perfil
de Checa como un querido sindicalista que "marchó
por las calles, recibió palazos y bombas lacrimógenas".
Sin embargo, en un editorial el periódico dejó
claro cuál iba a ser la verdadera función de Checa:
"Ninguna economía puede ser exitosa si entre sus componentes
esenciales están los bajos salarios y la eliminación
de los derechos de los trabajadores, pues estas carencias fomentan
la discordia social e impiden la paz y la distensión como
elementos esenciales para la convivencia civilizada y la paz,
pilares de la democracia".
Estas líneas confirman el rol de La Primera como
promotor del aniquilamiento de esta misma "discordia social"
para el beneficio del "equilibrio laboral" al que tanto
alude el mismo Checa.
Vega, el nuevo jefe de Checa, explicó en una entrevista
a El Comercio que "el ministerio tiene que ser el
ente para el diálogo entre los empresarios y los trabajadores".
Prometió además que a fines de año se implementará
una nueva Ley General de Trabajo (LGT).
Lo interesante del asunto es que la mismísima CONFIEP
también espera que se apruebe esta ley. Su presidente reveló
que en una reunión con Vega se precisó que una comisión
de expertos se encargará de revisar la legislación
internacional para que la propuesta de la LGT no afecte la "competividad"
del país.
En el ministerio de Relaciones Exteriores se designó
al sociólogo Rafael Roncagliolo. Aunque la prensa peruana
especula sobre cómo desarrollará su rol en el diferendo
marítimo que el Perú tiene con Chile hay otro aspecto
que resalta la designación de Roncagliolo.
En una entrevista con la cadena Telesur, Roncagliolo ensalzó
la labor de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)
cuyo propósito "debe ser el de convertirse en una
real fortaleza sudamericana y posicionarse como una potencia mundial
con una voz y una presencia importante dentro de la comunidad
internacional".
Estas declaraciones no son simple retórica diplomática:
"En algún sentido, la UNASUR es una expresión
del poder brasileño en la medida en que busca una forma
de coordinación que se asemeja a lo que es la Unión
Europea para Alemania", explicó Sergio Berensztein,
doctor en Ciencia Política de la Universidad de North Carolina.
"La Unasur es una manera de ratificar o construir el rol
regional de Brasil como potencia en el subcontinente".
El capital brasileño juega un rol cada vez más
grande en la economía peruana. Brasilia también
busca una salida al Pacífico para realizar una conexión
directa con China, uno de sus principales mercados de exportación.
Tres carreteras interoceánicas están siendo construidas
para que crucen el Amazonas peruano y conecte al gigante latinoamericano
con Asia.
Más aún, los brasileños tienen inversiones
en cinco proyectos de mega-hidroeléctricas en el Amazonas
peruano, los cuales, según se reporta, plantean riesgos
sociales y ambientales que confrontarían desafíos
legales en Brasil mismo. La energía de estos proyectos
no será dirigida para el Perú, sino para Brasil.
Dos de los nuevos ministerios del gobierno fueron para Perú
Posible, el frente electoral del ex-presidente Alejandro Toledo,
cuyo respaldo para Humala en la segunda vuelta de las elecciones
se volvió un rol importante en asegurar su victoria sobre
la candidata de Fuerza 2011, Keiko Fujimori.
La aparente intención de Toledo era la de crear una
especie de gobierno de coalición entre Gana Perú
y Perú Posible. Para este fin, se reportó que Toledo
presentó a Humala con una lista de candidatos para que
el presidente electo escoja de ahí a los miembros de su
gabinete.
Sin embargo, analistas políticos cercanos a ambos partidos
dijeron que Humala escogió a nadie de aquella lista, sino
a figuras de segundo orden en Perú Posible con el claro
intento de prevenir el plan de Toledo por una coalición.
Esta maniobra fue llevada a cabo bajo condiciones en las cuales
Perú Posible confrontaba una importante crisis interna
debido a la renuncia de su secretario general, Javier Reátegui,
y la expulsión de su principal candidato para el congreso,
Carlos Bruce.
Fuentes políticas reportaron que la persona que convenció
a Humala de llevar a cabo esta maniobra con Perú Posible
fue Luis Favre, una figura con un largo historial en la izquierda
latinoamericana y europea.
Favre es uno de los consejeros políticos enviados por
el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) brasileño
a finales del 2010 para ayudar a crear una nueva imagen para Ollanta
Humala como un político pragmático que ha dejado
atrás su previo radicalismo y respaldo por la Venezuela
de Hugo Chávez, el cual caracterizó a su primera
carrera presidencial en el 2006. En vez, en el 2010 Humala emuló
el sendero tomado por Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil, el
presidente del PT que se volvió la figura favorita del
capital financiero brasileño.
¿Quién es Luis Favre? Nacido en Argentina con
el nombre Felipe Belisario Wermus, es el hermano de Jorge Altamira,
el líder del movimiento centrista Partido Obrero en Argentina.
En sus años estudiantiles, Favre se unió a la
izquierda Argentina. En 1970 huyó al exilio a Francia donde
permaneció por los próximos 33 años.
Ahí se unió a la OCI (Organización Comunista
Internacional) liderada por Pierre Lambert y se volvió
activo en su departamento internacional. Bajo esa capacidad, llegó
al Perú a comienzos de los setenta, respaldando la facción
de Lambert en su ruptura con el Comité Internacional de
la Cuarta Internacional.
Más tarde rompería con Lambert y abandonaría
el OCI, viajó a Brasil y forjó relaciones con la
organización lambertista OSI-Libelu (Organización
Socialista Internacional - Libertad y Lucha) la cual entr?ó
al Partido de los Trabajadores Brasileño.
Uno de aquellos involucrados en Libelu fue Antonio Palocci,
quién como ministro de finanzas bajo Lula fue obligado
a renunciar por escándalos de corrupción. Designado
como jefe de gabinete por Dilma Rousseff, la sucesora de Lula,
él fue obligado a renunciar una vez más por otro
escándalo de corrupción que involucraba a su trabajo
como asesor de compañías que buscaban contratos
gubernamentales.
De acuerdo a Folha de Sao Paulo: En el año
2000, Favre participó en la campaña electoral de
Marta Suplicy, miembro de la familia de la alta burguesía
paulista Smith de Vasconcelos. Tres años después,
Favre y Marta, quién se había convertido en alcaldesa
de Sao Paulo, se casaron. Lula y la primera dama, Marisa Leticia,
asistieron a la boda.
Entonces, en el año 2002, Favre actuó como el
vínculo entre el PT y la firma de relaciones públicas
que manejó la campaña que hizo ganar a Lula la presidencia.
Fue esa gestión que hizo a Favre la mejor elección
para planear la campaña electoral de Humala y su despacho
a Perú el año pasado.
Su rol representa, en primer lugar, la creciente influencia
de la burguesía brasileña y su poderío económico
en Perú y en toda la región.
El rol de Favre también está en consonancia con
el de un estrato entero de ex izquierdistas, incluyendo
a algunos que se hacían llamar a sí mismos como
trotskistas, quienes se han transformado en consejeros y funcionarios
en los gobiernos de la burguesía Latinoamericana.
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