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La respuesta socialista a la crisis petrolera del Golfo
Por Joe Kishore y Patrick Martin
16 Junio 2010
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el autor
La continua erupción de petróleo desde el fondo
del Golfo de México es una enorme catástrofe con
incalculables consecuencias económicas y ecológicas.
La administración Obama está ahora admitiendo
lo que científicos expertos independientes han estado manteniendo
por semanas: que este es el peor desastre ambiental en la historia
de los Estados Unidos. Hay poca posibilidad de que el libre flujo
de petróleo de la estación de Deepwater Horizon
pueda ser detenido antes del fin de Agosto, o más tarde.
Científicos del gobierno estiman que tanto hasta un
millón de galones de petróleo están fluyendo
cada día, mientras que otros científicos calcularon
que la tasa es muchas veces más esta cantidad. Para el
fin del verano, por lo menos cien millones de galones habrán
sido vertidos al Golfo, una cantidad mucho mayor que el derrame
de Exxon Valdez de 1989. En el peor de los escenarios, la reserva
entera podría ser vaciada y nadie calcula cuánto
petróleo esto significaría.
Cientos de miles de personas que dependen directa o indirectamente
de la industria pesquera en el Golfo encaran la pérdida
de su sustento de vida. Especies enteras pueden ser eliminadas
y frágiles ecosistemas devastados.
Hoy día marca el comienzo oficial de la temporada de
huracanes. Por lo menos se espera que una docena de tormentas
mayores golpee a la costa de los EE.UU. Un largo huracán
que pueda cruzar la marea negra propulsaría tanto el petróleo
crudo como los dispersores químicos tóxicos hacia
la costa y hacia la atmósfera, con incalculables consecuencias
para la salud pública.
El evento tiene implicaciones globales. Si aún no ha
acontecido, el petróleo pronto se vinculará con
la corriente cerrada, la cual jalará la marea
negra alrededor de la punta de Florida. Desde ahí, la corriente
del Golfo podría esparcir desecho tóxico por encima
de la costa litoral oriental estadounidense y finalmente cruzar
el Atlántico hasta la costa de Europa Occidental.
Hay un amplio abismo entre la inmensa escala del desastre y
la respuesta del gobierno y los medios de comunicación.
Desde el comienzo, ha habido un intento sistemático para
minimizar la importancia del evento. Por semanas la administración
Obama no hizo nada. Su mayor preocupación fue prevenir
que el desastre de BP desbarate los planes para expandir la perforación
de petróleo submarina, que Obama, como Bush, ha apoyado
agresivamente.
En cuanto a BP, la administración ha demostrado una
parálisis completa, incapaz una vez más de tomar
cualquier acción que interfiera con los intereses de las
grandes corporaciones que controlan la economía estadounidense
y mundial.
A BP se le ha dejado en control de las operaciones de respuesta,
con la administración repitiendo la frase de que BP tiene
la pericia científica para encargarse de la situación.
La compañía ha empleado una maniobra tras otra,
todo para intentar encubrir, antes que nada, el hecho de que ni
BP ni el gobierno tiene en lugar cualquier plan de contingencia.
La administración Obama opera bajo el supuesto de que
todo lo que se requiere es el palabreo de frases sin substancia
sobre estar enojado y frustrado y que la ira popular
puede de alguna manera ser controlada a través de comprobadas
técnicas mediáticas y maniobras de relaciones públicas.
El enojo popular, sin embargo, está creciendo día
a día. Este enojo y oposición debe ser armado con
una perspectiva política, dirigida no sólo a BP
y a otras grandes corporaciones que son directamente responsables
por este desastre, sino al completo sistema político y
económico que ha hecho que tal catástrofe sea inevitable.
A pesar de los intentos de BP y el gobierno estadounidense
de presentar el desastre como impredecible, es en realidad el
resultado de décadas de las políticas de libre
mercado, dirigidas a la eliminación de todas las
restricciones en la creación de las ganancias corporativas.
Con cada día que pasa más está siendo
revelado acerca de la manera en que BP deliberadamente ignora
medidas de seguridad, algo que fue facilitado por el Servicio
Federal de Manejo de Minerales (cifras en inglés, SSM),
el cual aprobó todas las acciones de BP hasta el día
de la explosión. A pesar de amplias advertencias de un
posible desastre - incluyendo chorreos en el preventor de arranques,
cuyo fracasó ha eliminado todos los intentos de tapar la
erupción - BP estaba determinado en seguir adelante con
la perforación. Al mismo tiempo, medidas adicionales de
seguridad y apoyo no fueron instalados debido a que la industria
petrolera no estaba dispuesta a pagar por los costos extras.
La regulación de las operaciones de la industria ha
sido dejada en manos de la misma industria, con el SSM y el gobierno
funcionando nada más como un auxiliar de los intereses
corporativos. Esta relación ha continuado sin disminución
bajo Obama. En el 2009, la administración intervino directamente
después de que una corte dictaminara que el plan de perforación
petrolera submarina de Bush no incluía suficientes estudios
sobre el impacto ambiental. El Secretario del Interior Ken Salazar
insistió en que la perforación petrolera en el Golfo
debía continuar y resaltó al proyecto de Deepwater
Horizon en particular.
El desastre es otra demostración del modo en que la
sociedad global es vulnerable a las operaciones destructivas de
corporaciones de propiedad privada y cuyo principal objetivo son
las ganancias y el enriquecimiento de accionistas privados.
El gobierno ha asignado recursos masivos al ejército
y al Departamento de Seguridad Nacional, bajo el pretexto de que
la más grande amenaza al pueblo estadounidense es una especie
de ataque terrorista. Y sin embargo, durante el curso de la década
pasada, las más grandes catástrofes han sido creadas
por grandes corporaciones y el sistema capitalista. En el 2005,
el Huracán Katrina expuso la decadencia de la infraestructura
social en los Estados Unidos. En el 2008, las operaciones de compañías
financieras hundieron al mundo en la recesión económica.
Ahora, las acciones criminales de BP han llevado al envenenamiento
del Golfo de México.
Medidas de emergencia son necesarias para lidiar con este desastre.
Primero, amplios recursos económicos y sociales deben ser
movilizados para limitar el desastre ambiental a la medida que
sea posible y proveer trabajos para todos aquellos afectados en
la región. BP tan sólo ha contratado a una minúscula
fracción de todos aquellos dispuestos a trabajar, porque
la compañía está consternada sobre todo con
su resultado final.
Se debe iniciar una investigación criminal hacia las
actividades de BP, Transocean, Halliburton y otras compañías.
Altos ejecutivos deben ser arrestados y ser responsabilizados
por este desastre.
Se debe formar un comité internacional de científicos
y otros expertos, completamente independiente de las corporaciones
y el gobierno, para determinar el alcance de la catástrofe
y las medidas necesarias que deben ser tomadas. Ninguna confianza
ser puede tener en la administración Obama o cualquier
otra sección del establecimiento político para que
haga algo, excepto el continuo encubrimiento de BP y la industria
petrolera.
Mientras los días y las semanas pasan, aumentará
el impacto del desastre, mientras las consecuencias inesperadas
saldrán a la luz. Una cosa es segura: el costo final de
este desastre resultará en cientos de miles de millones
de dólares. Los recursos para esto deben venir de las mismas
compañías petroleras. BP y otras compañías
energéticas deben ser inmediatamente nacionalizadas y colocadas
bajo control democrático.
Estas medidas deben ser parte de una amplia reorganización
socialista de la economía mundial y estadounidense. Esta
catástrofe es una expresión de la bancarrota histórica
del sistema capitalista. Este debe ser reemplazado con el socialismo:
la organización de la vida económica bajo la base
de necesidad social y no las ganancias privadas.
El Partido Socialista por la Igualdad está encabezando
la lucha por un movimiento socialista masivo de la clase trabajadora
en los Estados Unidos alrededor del mundo. Urgimos a todos aquellos
que estén de acuerdo con este programa a que se unan al
Partido Socialista de la Igualdad y tomen la lucha por este programa.
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