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Estados Unidos se prepara para lanzar un ataque al estilo
del de Faluya en Afganistán
Por Bill Van Auken
11 Febrero 2010
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el autor
Mientras los soldados estadounidenses y británicos se
preparan para atacar la ciudad de Marjah en la provincia Helmand
de Afganistán, los comandantes militares y los medios de
comunicación comparan abiertamente la operación
con el asedio a Faluya en noviembre de 2004, uno de los crímenes
de guerra más sangrientos de la guerra de Iraq.
La operación en el centro de la provincia de Helmand,
a lo largo de una zona donde hay una intensa resistencia a la
ocupación dirigida por Estados Unidos, constituirá
la mayor ofensiva militar desde que Washington invadió
el país en octubre de 2001. Se espera que al menos 15.000
soldados sitien la ciudad a orillas del río Helmand que
tiene 80.000 habitantes y que, según el ejército
estadounidense, es un bastión de los talibán.
Un total de 125.000 personas viven en el distrito en torno
a Marjah, que es un centro agrícola a 350 millas al oeste
de Kabul. Su población ha aumentado con afganos que huían
de los pueblos ocupados el verano pasado por los marines estadounidenses
tras la orden dada por el presidente Barack Obama poco después
de asumir la presidencia de enviar a 21.000 soldados más
a Afganistán.
Los marines estadounidenses, frustrados y enfurecidos por las
bajas sufridas a manos de un enemigo invisible que es capaz de
atacar y luego mezclarse con la población local, se desatarán
contra la ciudad en un violento ataque militar con unos resultados
predecibles.
El general de brigada Larry Nicholson, comandante de los marines
estadounidenses en el sur de Afganistán, explicó
detalladamente el carácter de la próxima ofensiva.
Las personas a las que encuentren en Marjah tendrán tres
opciones. "Una es quedarse, combatir y probablemente morir",
afirmó. "La segunda es hacer la paz con su gobierno
y reintegrarse". La tercera sería tratar de escapar.
"En ese caso, probablemente también tengamos a algunas
personas fuera esperándolos".
"Vamos a ir a lo grande", afirmó Nicholson,
comandante de la segunda brigada expedicionaria de marines. "No
busco una lucha justa", añadió.
En una medida extremadamente inusual, el mano estadounidense
ha anunciado públicamente sus planes para la ofensiva.
"Es bastante poco convencional hacerlo así, pero da
a todo el mundo la oportunidad de pensar qué va a hacer
antes de que de pronto en medio de la oscuridad de la noche se
vean atacados por una ofensiva", afirmó el general
Stanley McChrystal, el mando estadounidense de mayor graduación
en Afganistán.
El propósito declarado de revelar el objetivo de la
futura ofensiva es permitir a los civiles huir antes de que entren
los marines. También proporciona una coartada preventiva
a la ofensiva estadounidense de describir a quienes no hacen caso
del aviso como talibán acérrimos que merecen ser
asesinados.
Stratfor, una página web de la inteligencia militar
fuertemente vinculada al aparato de Estado estadounidense, informó
el jueves [4 de febrero] que "el ataque probablemente incluirá
acordonar la zona de manera que probablemente se obligará
a muchos combatientes que la defiende a luchar hasta la muerte
o a rendirse".
El artículo continuaba: "Con los ataques a Faluya
y Ramadi a sus espaldas, los marines tienen experiencia en este
tipo de ataque urbano".
¿Cuáles son los antecedentes de ataques urbanos
" de este tipo"?
El ataque de los marines a Faluya en noviembre de 2004 redujo
a escombros la mayor parte de la ciudad de 300.000 habitantes
cuando los aviones de guerra arrojaron miles de toneladas de explosivos,
y los helicópteros y tanques de combate dispararon misiles
contra los edificios y destrozaron la zona a cañonazos.
El mando militar estadounidense afirmó haber matado
a 2.000 "insurgentes", pero se sigue desconociendo la
cantidad real de muertos. Los civiles que habían permanecido
en la ciudad fueron sometidos a los mismos bombardeos. Algunos
murieron por disparos durante los asaltos puerta a puerta que
hubo a continuación y otros fueron asesinados mientras
huían. Se ejecutó sumariamente a los combatientes
heridos y las instalaciones médicas fueron objeto de ataques
militares. Durante más de diez días se negó
la comida, el agua y la electricidad a quienes permanecieron en
la ciudad.
La operación fue un despiadado ejercicio de castigo
colectivo contra la población de Faluya por el asesinato
en ella de cuatro mercenarios de Blackwater y por la prolongada
resistencia de la ciudad a la ocupación. Personificó
la criminalidad de toda la guerra y se caracterizó por
múltiples y graves violaciones de las leyes de guerra.
De creer a los comandantes estadounidenses, se está
preparando una operación similar en Afganistán y
por razones similares. La ciudad de Marjah se va a convertir en
un campo de la muerte.
Al igual que en Faluya la venganza desempeña aquí
un papel. Las fuerzas militares estadounidenses asistieron a lo
largo del año pasado a un constante aumento de sus bajas,
mientras que a finales de diciembre la CIA sufría un humillante
ataque que acabó con la muerte de siete de sus agentes
en la frontera afgana.
En Afganistán, como en Iraq, el mando militar estadounidense
considera valioso convertir en un ejemplo a una población
conocida por ser un centro de la resistencia a la ocupación,
con lo que envía así un mensaje a toda la población
de que esta resistencia es inútil y que se encontrarán
con una masacre y destrucción.
Esta sangría se justifica oficialmente en nombre de
una interminable lucha contra el terrorismo. Detrás de
la propaganda, la fuerza motriz de la guerra en Afganistán,
como en la guerra en Iraq, es el intento por parte de la clase
dirigente estadounidense de contrarrestar la crisis del capitalismo
estadounidense por medio del uso de la fuerza y de apoderara de
posiciones estratégicas en el golfo Pérsico y Asia
central, que son ambos centros de vastas reservas de energía.
Hace un año, cuando Barack Obama entró en la
Casa Blanca, entre amplias capas de la población estadounidense
existía la esperanza de que esta toma de posesión
convertiría a palabras como Faluya, Abu Ghraib, Guantánamo,
Blackwater, tortura y detenciones extrajudiciales en un léxico
de un capítulo negro e ignominioso, pero cerrado, de la
historia de Estados Unidos.
Los preparativos de la ofensiva de Marjah sólo ponen
de relieve que lejos de haber terminado, los crímenes de
la administración Bush continúan y se disparan bajo
el presidente demócrata.
Actualmente hay más soldados estadounidenses desplazados
en el extranjero en guerras y ocupaciones coloniales que bajo
Bush, y los asesinatos se han extendido desde Iraq y Afganistán
a Pakistán y Yemen. La administración Obama trata
de conseguir 322.000 millones de dólares para las dos guerras
y ocupaciones en curso, una cifra que sin lugar a dudas aumentará
con posteriores demandas de fondos "suplementarios".
El supuesto candidato de la "esperanza" y el "cambio"
se ha mostrado cada vez más claramente como un agente cuidadosamente
seleccionado de sectores de la clase dirigente política
y del complejo militar y de la inteligencia que querían
efectuar ciertos cambios tácticos en la política
al tiempo que continuaban empleando el militarismo en el extranjero
y en casa emprendían implacables ataques contra la clase
trabajadora.
La clase trabajadora estadounidense no puede aceptar una nueva
ronda de crímenes de guerra llevados a cabo en su nombre.
La exigencia de una retirada inmediata e incondicional de todas
las tropas estadounidenses y extranjeras de Afganistán
debe unirse a una ofensiva política contra la administración
Obama y la oligarquía financiera a la que defiende.
Traducido del inglés para Rebelión[http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100195]
por Beatriz Morales Bastos
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