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El Premio Nobel de la Guerra
Por Bill Van Auken
17 Octubre 2009
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el autor
Este artículo apareció en nuestro sitio en
su inglés original el 10 de octubre, 2009.
El viernes pasado, el Comité Nobel de la Paz en Noruega
anunció que había galardonado a Barack Obama con
el premio para 2009. La noticia fue recibida por todo el mundo
con asombro y estupefacción.
Muchos pusieron en tela de juicio la selección de Obama
menos de nueve meses después de haber asumido la presidencia;
hasta ahora los éxitos de su gobierno han sido escasos.
La inauguración de Obama había tomado lugar solo
11 días antes de la fecha límite para presentar
las nominaciones a los premios Nobel.
Pero mucho más importante aún es lo que Obama
ha logrado como presidente, lo cual no tiene que ver nada con
la paz.
Al recibir el premio Nobel de la paz, Obama se presentó
en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca para pronunciar
un discurso que comenzó con que me he quedado atónito
y siento una profunda humildad . Inmediatamente regresó
a la Casa Blanca a reunirse con su consejo de guerra para debatir
la viabilidad de enviar a diez de miles de tropas a Afganistán
con la intención de intensificar el bombardeo de no solo
de ese país, sino más allá de la frontera
con el país vecino de Pakistán.
Basándose en esta declaración para emitir amenazas
disfrazadas a Irán, Obama hizo un esfuerzo especial para
auto declararse comandante supremo y hacer referencias
a las dos guerras y ocupaciones sobre las cuales preside.
Aun cuando el comité de los Premios Nobel lo elogiara
por su visión de un mundo libre de armas nucleares,
Obama comentó que sus objetivos quizás no
se puedan alcanzar durante su vida. Él sabe de lo
que habla: en negociaciones con Moscú, su gobierno ha exigido
el derecho de quedarse con un mínimo de 1,500 cabezas explosivas.
Tenemos que enfrentarnos al mundo tal como es,
dijo Obama tratando de diferenciar su presunta visión
de la realidad bélica de la política de su gobierno.
Desde un punto de vista menos profundo, otorgar un premio de
paz a un presidente de Estados Unidos es simplemente una farsa.
Ya aparecen indicios que esta selección del comité
terminará en ser una gran vergüenza para el gobierno
de Obama. ¿Cómo es posible proclamar como campeón
de la paz a un comandante supremo que ha perpetrado
crímenes de guerra como el bombardeo de la población
civil de Afganistán? En uno de esos ataques, más
de 100 hombres, mujeres y niños perdieron sus vidas.
Pero la fama que conceden los Premios Nobel de la Paz siempre
ha sido caído bajo la sospecha. En realidad, los premios
nunca se han recuperado desde que el comité decidió
conferirle a Henry Kissinger el premio en 1973. Hasta hoy día,
Kissinger no puede salir de Estados Unidos porque teme ser arrestado
como criminal de guerra. Su cómplice ganador del premio,
Le Duc Tho, dirigente vietnamita quien con Kissinger negociara
el Tratado de Paz de París, rehusó aceptar el premio,
señalando que el tratado había fracasado en lograr
la paz a su país.
Varios años después Menachem Begin recibió
el premio. El comité a cargo de los Premios Nobel eligió
ignorar la larga carrera de éste como terrorista y asesino,
y lo premió, junto con Anwar Sadat de Egipto, por haber
logrado el acuerdo de Camp David.
Jimmy Carter, cuyo gobierno instigó la guerra en Afganistán
que ha causado millones de muertes, también fue premiado
en 2002.
Al comité no se le puede acusar de violar sus propios
principios, pues el fundador del premio, Alfred Nobel, fue el
inventor de la dinamita. Sin duda la interesaría muchísimo
los esfuerzos del Pentágono por acelerar la producción
del Gran Penetrador de Artillería (siglas en inglés
MOP para Massive Ordnance Penetrator), bomba de 30,000 libras
que se ha diseñado para arrasar con blancos subterráneos.
Posiblemente la bomba se esté preparando con Irán
en mente.
A pesar del elogio a la visión de Obama
;por haber cautivado la atención del mundo y dado
a sus pueblos las esperanzas para un futuro mejor, el comité
de los Premios Nobel no escogió a Obama en base de las
ilusiones de su retórica durante la campaña presidencial.
El premio Nobel de la paz es - y siempre ha sido - un premio
político cuyo objetivo es la promoción de una política
bien definida.
La selección la hizo un comité compuesto de cinco
integrantes, todos miembros del parlamento noruego provenientes
de los partidos políticos principales, cuya gama de política
va desde la ultra derecha hasta la socialdemocracia. Sus decisiones
reflejan las posturas políticas que por lo general predominan
en las clases gobernantes de Europa.
Thorbjorn Jagland, presidente del comité y ex Primer
Ministro de Noruega, defendió la selección de Obama
en una entrevista con el New York Times este viernes pasado, cuando
expresó el cinismo en que se arraiga dicha selección:
Es importante que el comité reconozca a gente que
luchan y que son idealistas, pero eso no lo podemos hacer todos
los años. De vez en cuando tenemos que entrar en el reino
de la política realista.
No cabe duda que la política realista jugó
el papel decisivo en la reciente selección de dos otros
políticos estadounidenses de prominencia que recibieron
el premio: Carter en 2002 y Al Gore en 2007. Carter fue seleccionado
justamente antes de comenzar la guerra contra Irak como reproche
al unilateralismo bélico del gobierno de Bush. Y Gore,
candidato presidencial del Partido Demócrata, recibió
el suyo en anticipación de los comicios de 2008. Fue en
realidad una indirecta no muy sutil de que Europa quería
zafarse del gobierno de Bush.
En aquella época, los premios se usaban para criticar
la política extranjera de Estados Unidos, pero ahora representan
un apoyo a ella. Como lo expresara Jagland, Esperamos que
esto contribuya un poco de ánimo a lo que él trata
de hacer.
La enorme contradicción entre el Premio de la Paz a
Obama y las preparaciones de éste para enviar más
tropas a Afganistán es más aparente que obvia. El
objetivo del premio es darle legitimidad a Washington para que
intensifique la guerra en Afganistán aún más,
siga los ataques contra Pakistán y continúe la ocupación
de Irak. Por su parte, Europa ha aprobado a todas estas actividades
como guerras por la paz.
El premio sirve para socavar la oposición popular en
los Estados Unidos y a nivel internacional no solo en contra de
estas guerras que el gobierno de Obama promueve, sino también
las guerras del futuro que ya se han planificado.
Las potencias europeas apoyan la guerra en Afganistán,
postura que con más frecuencia encuentra aprobación
en la prensa. El diario Independent en Inglaterra, por ejemplo,
publicó un editorial el jueves pasado declarando que se
basa en los principios al apoyar el llamado para enviar
casi 40,000 tropas estadounidenses adicionales a la guerra.
Por otra parte, Alemania, Francia y otros países han
cambiado de opinión en cuanto a Irán y respaldan
la campaña de Washington para adoptar medidas más
severas.
Lo ámbitos gobernantes de Europa no ven a Obama como
campeón de la paz; más bien éste representa
para ellos cierto distanciamiento de la política unilateral
del gobierno de Bush y una disposición a incluir el apoyo
europeo para alcanzar los objetivos estratégicos imperialistas
de estados Unidos.
No cabe duda que los gobiernos europeos han calculado que,
al respaldar las intervenciones militares de Estados Unidos, podrán
participar en la explotación de los recursos energéticos
de Asia Central y el Golfo Pérsico.
Además, al legitimar estas guerras y promover el retorno
de Estados Unidos a la política extranjera del multilateralismo,
las potencias europeas ahora tratan de legitimar su propio retorno
al militarismo y suprimir toda oposición a las guerras
por parte de sus poblaciones.
El Premio Nobel de Obama, lejos de significar una señal
de esperanza que la mayor potencia militar del mundo busca la
paz, es en realidad una aprobación de las guerras y sirve
de advertencia que la crisis del capitalismo mundial, que cada
vez se ahonda más, ahora crea las condiciones para un militarismo
renaciente y amenaza con expandir los conflictos internacionales.
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