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Sombras del 1929: las repercusiones mundiales del colapso
del sistema bancario de Estados Unidos
Primera Parte
Por Nick Beams
12 Mayo 2008
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el autor
Este artículo fue publicado originalmente en nuestro
sitio en su inglés original el 16 de abril, 2008.
Es la primera parte de un informe presentado por Nick Beams,
secretario nacional del Partido Socialista por la Igualdad [SEP,
siglas en inglés] de Australia e integrante de la junta
editorial del World Socialist Web Site, en reuniones públicas
celebradas en Sydney y Melbourne el 9 y 15 de abril, respectivamente.
El Sr. Beams se ha destacado como autoridad internacional sobre
la economía política marxista y ha escrito muchos
artículos y análisis sobre la globalización,
así como también acerca de la economía política.
El Partido Socialista por la Igualdad y Los Estudiantes
Internacionales por la Igualdad Social [ISSE, siglas en inglés]
han convocado varias reuniones públicas para debatir el
significado mundial de la crisis que, a medida que se profundiza,
azota al sistema bancario y económico de Estados Unidos.
La asistencia a ambas reuniones fue muy concurrida y muchos de
los asistentes fueron trabajadores y estudiantes universitarios,
muchos provenientes de otros países. Debates muy acalorados
acerca de las causas e insinuaciones del colapso de las finanzas
siguieron la charla del Sr. Beams.
Los participantes preguntaron por qué los economistas
de la prensa convencional habían sido incapaces de predecir
o explicar la crisis; por qué los bancos y las instituciones
de finanzas habían recurrido a artimañas cada vez
más peligrosas en cuanto a las inversiones en préstamos
marginales. También indagaron acerca de lo que el fracaso
de la economía significa para la posición mundial
de Estados Unidos. Otras personas aludieron al efecto catastrófico
que el derrumbe de la economía tendría sobre los
empleos, los hogares, el nivel de vida y los fondos de retiro
del pueblo trabajador. También hubo preguntas acerca de
la viabilidad de la perspectiva socialista y de la manera en cómo
los trabajadores participarían en la lucha por un programa
socialista.
El 14 de marzo, 2008, fue un día decisivo en la historia
del capitalismo mundial. Fue cuando el público se percató
de que Bear Stearns, el quinto banco inversionista más
grande de Estados Unidos y una de las mayores instituciones
financieras del mundo se declaró en quiebra.
Ese día, el mundo cambió fundamentalmente. Todas
las estupideces que los varios comentaristas, dirigentes políticos,
economistas académicos y sabios de los medios de comunicación
emiten todos los días acerca de las maravillas y las virtudes
del libre mercado y que éste representa no
sólo la organización más avanzada de la organización
económica de la sociedad, sino su única forma posible
probaron no tener ningún valor.
De repente, la gente se dio cuenta que un desplome, semejante
al de la Gran Depresión, no sólo era posible sino
que estaba a punto de suceder.
Los comentarios que surgieron en ese entonces, además
de los testimonios de las personas que participaron en el rescate
de Bear Staearns, dejan este punto bien claro.
Durante tres días, el Banco Federal de Reservas, junto
con el Ministerio de la Tesorería de Estados Unidos, laboró
24 horas al día para resolver la manera en que el rescate
se iba a llevar a cabo. El tiempo era esencial; temía que
si éste no se llevaba a cabo antes que los mercados del
Asia abrieran sus puertas y el comercio bursátil se reaunudara
el lunes, 17 de marzo, el sistema económico mundial se
desplomaría de tal manera que la misma Wall Street
también también se hundiría.
Uno de los elementos claves del plan de rescate, con el cual
JP Morgan eventualmente se adueño de Bear Stearns, fue
la garantía que el Banco Federal de Reservas ofreció:
que éste se responsabilizaría de los $30.000.000.000
en deudas que había dejado el fracasado banco. Fue una
decisión sin precedentes en la historia del banco central
de Estados Unidos.
Tal como comentara el economista de Wall Street, Ed
Yardeni, en una nota a sus clientes: El gobierno de último
recurso ahora sirve como Prestamista de Último Recurso
para defender los merdados de crédito y vivienda y así
evitar la Gran Depressión II.
Al prestar testimonio ante el Congreso de Estados Unidos, el
presidente del Banco Federal de Reservas, Ben Bernanke, usó
palabras más modestas, pero su mensaje fue esencialmente
el mismo.
El 13 de marzo, le declaró al Congreso,
Bear Stearns le informó al Banco Federal de Reservas
y otras instituciones del gobierno que la liquidez de sus fondos
se había deteriorado significativamente y que iba a declarase
en quiebra el día siguiente a menos que se le hicieran
asequibles recursos monetarios adicionales.
Esta noticia planteó interrogativas difíciles
en cuanto a la política pública. Por lo regular,
el mercado elige cuales empresas han de sobrevivir y cuales han
de fracasar. Nuestro sistema económico es extremadamente
complejo e interrelacionado, y Bear Stearns participó ampliamente
en varios mercados críticos a la economía. Lo más
probable es que el colapso repentino de Bear Stearns habría
conducido desencadenadamente al caos de su posición en
esos mercados y a un severo desmoronamiento en la confianza. El
fracaso de la empresa también pudo haber creado dudas acerca
del estado económico de miles de contrapartidas de la empresa
y quizás de empresas consagradas a comercios similares.
Dadas las presiones excepcionales sobre el sistema mundial económico
y las financiero, los daños causados por la quiebra de
Bear Stearns podrían haber sido extremadamente severos
y difíciles de controlar. Además, el impacto negativo
de una declaración de quiebra no se habría limitado
al sistema financiero, sino que el impacto sobre el valor de los
activos y la disponibilidad de crédito se habría
sentido ampliamente en toda la economía real.
Es decir, la posibilidad de una depresión mundial fue
real.
Varios informes indican la magnitud de los vínculos
entre Bear Stearns y el sistema mundial de las finanzas, por no
mencionar el impacto que su colapso habría tenido. Calculan
que el banco tenía contratos, valorizados en $2.500.000.000.000
con empresas en todo el globo terráqueo. Es decir, contratos
cuyo valor era equivalente a aproximadamente un sexto del Producto
Interior Bruto (PIB) de los Estados Unidos y una vigésima
parte del PIB mundial estaban en riesgo. Como diría uno
de los participantes en la misión de rescate: Fue
mucho peor de lo que todo el mundo esperaba; los mercados estaban
al borde del precipicio de una verdadera crisis. (Leveraged
Planet, Andrew Sorkin, New York Times, 2 de abril,
2008).
Durante el mes que ha transcurrido desde que reventara la crisis,
el rescate impuesto por el Banco de Reservas y las reducciones
adicionales de la tasa de interés han resultado en cierta
estabilización de los mercados financieros . Pero nadie
opina que la crisis ha llegado a su fin. Más bien, la interrogante
que todavía domina a los mercados financieros es: ¿cuándo
caerá el otro zapato? El peso total de las consecuencias
de la crisis del crédito todavía no se ha sentido.
En el Global Financial Stability Report [Informe
sobre la estabilidad de las finazas mundiales], publicado
el 9 de abril, el Fondo Monetario Internacional calculó
que las pérdidas totales en los Estados Unidos alcanzarían
$1.000.000.000.000, lo cual representa una cantidad equivalente
a aproximadamente el 7% del Producto Interno Bruto.
El informe advierte que la información que se
ha recibido en cuanto a los efectos macro económicos
va causando mayores inquietudes, pues lo más probable es
que la incertidumbre acerca de la economía era un
gran peso sobre los péstamos inmobilarios, las inversiones
comerciales y los precios de los activos, lo cual afectaría
al desempleo, al aumento en la producción y a los balances
de las empresas.
Las tendencias hacia una recesión económica también
son aparentes. Un informe del 4 de abril ha revelado que le economía
de Estados Unidos perdió 80,000 empleos en marzo, tercer
mes sucesivo en que las estadísticas señalan una
disminución del empleo, suceso que no había sucedido
durante cinco años. La tasa de desempleo aumentó
del 4.8% al 5.1% según indicaron varios informes acerca
de varias industrias. En el importantísimo sector industrial
de la construcción, unos 50,000 trabajadores perdieron
sus empleos, cifra que ha alcanzado los 350,000 durante los últimos
doce meses. Las industrias manufactureras han estado perdiendo
empleos durante los últimos veintiún meses.
El Economic Policy Institute [Instituto para la Programación
de la Economía] ha indicado que durante cinco meses
seguidos menos de la mitad de las industrias ha desarrollado nuevos
empleos, lo cual muestra que la pérdida de empleos es constante.
También hizo notar que esta ha sido la primera vez, desde
que se mantienen documentos oficiales al respecto, que el ingreso
mediano de las familias no ha recuperado todo lo que había
perdido desde la última recesión.
Aumenta el desconcierto
Los escritores más perspicaces de la prensa dedicada
a las finanzas reconocen varias de las insinuaciones históricas
que esta crisis tiene a largo plazo. Martin Wolf, escritor principal
sobre la economía del Financial Times, comenzó
sus comentarios de la siguiente manera durante una reunión
reciente:
Durante tres décadas hemos estado fomentando la
felicidad que nos trae un sistema económico liberalizado,
pero ¿cuáles han sido sus consecuencias? La respuesta:
una enorme crisis económica tras otra. Esto
no quiere decir que la economía liberalizada no ofrezca
beneficios. Lo cierto es que ha hecho a bastante personas extraodinariamente
ricas.
Wold hizo notar que, desde finales de la década de los
1970, habían ocurrido no menos de 117 crisis bancarias
sistémicas en 93 países la mitad del mundo
y en 27 de éstas el precio de los rescates fue equivalente
al 10% de Producto Interno Bruto. Pero Wolf continúa con
que la crisis de 2007-2008 ha sobrepasado a todas las otras y
ha sido la de mayor significado durante las tres últimas
décadas.
¿Qué hace que esta crisis sea tan importante?
Pone en tela de juicio al sistema económico más
evolucionado que tenemos. Emana del corazón del sistema
económico más avanzado del mundo y de transacciones
llevadas a cabo por las instituciones financieras más sofisticadas,
las cuales se valen de los instrumentos de valorización
más astutos y dependen de una prevención de siniestros
muy sofisticada. Pero aún así, el sistema económico
ha reventado y los mercados interbancarios y basados en valores
mercantiles han quedado paralizados durante meses; el papel convertido
en valores resultó ser radioactivo y las clasificaciones
de solvencia ofrecidas por las agencias de valoración no
han sido más que una fantasía; los bancos centrales
se vieron obligados a inyectar enormes cantidades de liquidez;
y el pánico se apoderó Banco Federal de Reservas,
que se vio obligado a establecer reducciones sin antecedentes
históricos en las tasas de interés.
¿Cuáles serán las consecuencias finales?
Según Nouriel Roubini, de la Facultad de Comercio Stern
de la Universidad de New York, es probable que la bofetada al
sistema económico llegue a los $3.000.000.000.000, lo cual
equivale a 20% del Producto Interno Bruto.
Wolf presentó una buena descripción del desconcierto
que se ha apoderado de aquellos que se supone están a cargo
del sistema económico: Yo ya no sé lo que
yo creía que sabía. Y tampoco sé lo que ahora
pienso.
Wolf continuó enfatizando la necesidad de aprender de
la historia: Una lección fundamental tiene que ver
con la manera en que el sistema económico funciona. Los
de afuera estaban conscientes de que se había convertido
en una caja negra gigante. Pero se habían convencido de
que los de adentro por lo menos sabían lo que sucedía.
Pero ahora vemos que ésta no ha sido toda la verdad. (Martin
Wolf, Financial Globalization, Growth and Asset Prices [La
globalización de las finanzas, la expansión y los
precios de activos], tesis preparada para el Coloquio Internacional
del Banco de Francia sobre la globalización, la inflación
y la política monetaria, París, 7 de marzo, 2008).
Esta es una admisión asombrosa de uno que no se opone
al sistema capitalista y al libre mercado, sino de uno de sus
partidarios internacionales más acérrimos.
El mismo panorama se despliega mediante un informe publicado
a principios de marzo, justamente antes de que surgiera la crisis
de Bear Stearns, por The Presidents Working Group on
Financial Markets [Grupo de Trabajo Presidencial Sobre los
Mercados de Finanzas], agencia que consiste de funcionarios del
Ministerio de la Tesorería, la Junta Directiva del Sistema
Federal de Reservas, la Comisión Estadounidense Sobre el
Mercado de Valores [Securities and Exchange Commission]
y La Comisión Sobre Bienes Comercializados en el Mercado
de Futuros [Commodities Futures Trading Commission].
Según este informe, las razones detrás de la
agitación en los mercados financieros se debe a:
una crisis en las normas que rigen el otorgamiento de
hipotecas tipo subprime, o sea, basadas en el tipo de interés
bancario preferencial mínimo, a base de los demás;
una erosión muy significativa de la disciplina
mercantil por aquellos relacionados con el sistema de garantías
hipotecarias, incluyendo los organizadores, los garantes, las
agencias de riesgo crediticio y los inversionistas internacionales;
todo lo cual todo está relacionado con no haber ofrecido
u obtenido la información adecuada acerca de los riesgos;
defectos en las evaluaciones que las agencias de riesgo
crediticio hacen de valores basados en hipotecas tipo subprime
(RMBSsiglas en inglés) y otros complejos productos
crediticios estructurados, sobretodo deudas garantizadas con colaterales
(CDOssiglas en inglés) en posesión de los
RMBS y otros valores respaldados por activos (ABSs) (CDOSs de
ABSs);
debilidades en la manera en que varias de las grandes
instituciones bancarias estadounidenses y europeas manejan los
riesgos;
reglamentos de regulación, incluyendo requisitos
de divulgación y capitales, que fracasaron en mitigar las
debilidades exhibidas por el manejo de los riesgos.
En pocas palabras, todo el mundo participó...desde aquellos
que en primer lugar hicieron los préstamos hipotecarios
hasta aquellas instituciones que las manipularon a su antojo;
las agencias que valorizaron la clasificación crediticia
y que calificaron de excelente a los paquetes que
ofrecieron en venta; las instituciones estadounidenses y europeas
que no asesoraron los riesgos adecuadamente; y hasta los que se
encargaron de formular las regulaciones oficiales.
Hubo un elemento bastante fuerte que sólo se podría
catalogar de criminal, engendrado no por las características
concretas de los individuos, sino de la misma índole del
sistema capitalista.
Cuando el mercado estaba en alza, cuando se podía ganar
dinero por medio de las hipotecas a base de tipos de interés
preferencial mínimo y basadas en préstamos mentirosos
con el fin de enganchar a los incautos con ofertas provocadoras;
si se podía sacar dinero embalando estos préstamos
para luego venderlos; si se podía ganar dinero calificando
a estos préstamos dudosos como los mejores...bueno, pues,
¿a quién le importaría saber acerca de la
viabilidad a largo plazo de todo el proceso? Eso no lograría
ningún beneficio, y tal como lo expresara recientemente
un ejecutivo financiero, siempre que la música siga tocando,
hay que seguir bailando.
El economista británico, John Maynard Keynes, quien
sabía bastante acerca de la especulación, una vez
escribió: desgraciadamente, un banquero responsable
no es aquel que predice el peligro y lo evita; es aquel que, cuando
se arruina, es arruinado de manera ortodoxa y convencional junto
con sus semejantes para que así nadie lo culpe. Y
cuando la crisis revienta, siempre pueden depender del gobierno
para que los rescate.
Llamo la atención a estos problemas porque quiero enfatizar
su significado político. Una de las fuerzas ideológicas
más poderosas generadas por la sociedad capitalista es
que el pueblo trabajador no puede emprender la organización
y control de la sociedad, sobretodo de su economía, porque
no posee los conocimientos necesarios. El socialismo, pues, es
imposible, y la organización económica de la sociedad
tiene que ser puesta en manos del mercado y de aquellos que supervisan
sus actividades.
Durante la primera mitad del siglo XX, millones de personas
en todo el mundo participaron en la lucha por el socialismo debido
a que entendían según sus experiencias con
guerras, fascismo, depresión y el enorme desempleo
que las actividades del libre mercado y el sistema capitalista
conducían al barbarismo.
Durante los últimos sesenta años, uno de los
instrumentos ideológicos del orden capitalista, asiduamente
promulgado en las escuelas, las universidades, los medios de comunicación
y las plataformas políticas, ha sido el concepto de que
semejantes condiciones no podrían regresar. Se supone que
aquellos en el poder, no importa donde estén ubicados,
han aprendido las lecciones que nos han enseñado los desastres
del pasado y saben como prevenir que éstos ocurran de nuevo.
Se nos ha dicho repetidamente que, después de todo,
Ben Bernanke, presidente del Banco Federal de Reservas de los
Estados Unidos, logró su fama en el mundo académico
al hacer un estudio acerca de las causas de la Gran Depresión
de la década de los años 1930 y que está
determinado a que ésta no suceda otra vez, pues, a pesar
de algunas inconveniencias, todo ha sido por el mejor de los mejores
mundos posibles.
Si los sucesos de las últimas semanas han logrado algo
es hacer añicoseste mito. Los informes oficiales reconocen
que han fracasado todos los instrumentos de control que presuntamente
prevendrían la crisis económica.
Bear Stearns funcionaba bajo los reglamentos de la Comisión
Estadounidense Sobre el Mercado de Valores. Pero como escribiera
su presidente, Christopher Fox, luego del colapso del banco: La
empresa tenía en toda ocasión un capital protector
por encima de lo que se requiere para reunir los requisitos de
supervisión. Según Fox, Bear Stearns estaba
bien capitalizado bajo los reglamentos de la Comisión.
Es decir, nos recuerda al el cirujano que declaró que la
cirugía había sido un gran éxito, pero que
el paciente había quedado muerto en la sala de operaciones.
Mientras los representantes de la economía capitalista
expresan su asombro acerca de lo que ha ocurrido, los eventos
de las últimas semanas ofrecen una prueba contundente del
análisis que Marx hiciera del sistema de producción
capitalista, en el cual reveló que leyes objetivas gobiernan
su trayectoria; leyes que se imponen de la misma manera que la
ley de la gravedad impone su voluntad cuando un edificio se derrumba.
Y puesto que el derrumbe de la casa es consecuencia de procesos
desarrollados por largo tiempo, el colapso del sistema económico,
y los problemas políticos que surgen de ello, sólo
puede llegarse a comprender por medio de un análisis histórico
de la economía mundial capitalista.
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