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La tragedia de El Salvador: presentada no explicada
Por Por Ramón Valle
23 Noviembre 2005
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el autor
Esta crítica de cine apareció en nuestro sitio
por primera vez en inglés el 15 de septiembre, 2005.
La nueva película del director mexicano, Luis Mandoki,
Voces inocentes, acerca de la guerra civil en El Salvador
durante la década del 70, comienza en silencio. Cae una
lluvia a cántaros sobre calles de lodo. Vemos, en close-up,
las botas de soldados pisando los charcos. Salpica el agua por
todas partes. Vemos zapatos más pequeños entre las
botas más grandes. Siluetas se mueven en cámara
lenta hacia la cámara. A medida que se acercan, se vuelven
más claras; son soldados armados.
Entre los soldados caminan cuatro figuritas: niños de
no más de doce años. Llevan los brazos levantados
y las manos cruzadas sobre las nucas. Los soldados los empujan.
La lluvia cae sobre sus caritas sucias, que permanecen inmóviles,
como paralizadas por una resignación inexplicable. Continúan
marchando en cámara lenta. De repente escuchamos la voz
de uno de los niños : "Tengo sed...Me duelen los pies...tengo
piedras en los zapatos...estoy seguro que nos van a matar...¿Por
qué nos quieren matar si no hemos hecho nada?" Y por
fin nos percatamos del horrible destino que espera a los chicos.
El suspenso es insoportable.
La pantalla se desvanece y la historia comienza retrospectivamente.
¿Quién pudo imaginarse que Luis Mandoki, director
de tonterías hollywoodenses como Angel Eyes, Amazing
Grace, Message in a Bottle y When a Man Loves a Woman, algún
día podría producir una película tan dolorosamente
honesta que logra, a pesar de sus flaquezas, conmovernos y aterrarnos
de manera igual? Quizás fueron las experiencias de Oscar
Orlando Torres, quien escribió el guión junto con
él y sobre cuya vida se basa la cinta, para obtener lo
mejor a Mandoki y revelar esa parte de su talento que merece nuestra
atención.
Voces inocentes no es una película profunda.
Nunca trata de comprender las causas de las guerra civil de El
Salvador que duró 12 años y comenzara a principios
de los 1980, pero es una película sincera que se desenlaza
casi por completo a través de los ojos de un niño
inocente de once años de edad. A veces el film cae en un
sentimentalismo al borde del melodrama, pero lo esquiva, y nunca
deja de intersarnos. Ha sido filmada apasionadamente, con gran
compasión y ternura hacia sus personajes sin ningún
aire de superioridad. Tal vez sea ésta la cualidad que
le ha dado cierta categoría. El público de Los Ángeles
la ha recibido con entusiasmo. Ha sido nominada para siete Arieles
mexicanos/ Ganó el premio Stanley Kramer como película
de conciencia social. También fue garlardonada como Mejor
Película por el Festival de Cine de Seattle en el 2005.
Casi toda la película se desarrolla desde el punto de
vista de Chava, un susceptible niño de once años
de edad a punto de cumplir los doce, peligrosa edad en El Salvador
de los 1980. La trama se desenvuelve a medida que su familiamadre
y hermana y hermano menorestratan de sobrevir en las afueras
del pobre pueblito de Cuscatazingo, donde las casas están
construidas de hojalata y techos de cartón. Fue de los
últimos lugares donde tomó lugar el conflicto entre
los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional Farabundo
Martí (FLNFM) y las fuerzas del gobierno entrenadas y equipadas
por los militares de Estados Unidos y la CIA. El padre de la familia
se ha ido a Estados Unidos por razones que nunca llegamos a saber.
Chava y sus amigos observan los horrorres que los soldados del
gobierno cometen mientras destruyen los campos y las villas, matando,
saqueando, y violando a las mujeres impunemente.
El anochecer es especialmente horrible para los niños;
tiroteos revientan en las calles del pueblito entre las tropas
del gobierno y los guerrilleros. Varios de estos encuentros toman
lugar en la misma puerta de la casa. A veces es difícil
distinguir quien es quien en las sombras de la noche. Vecinos
y amigos mueren y los niños, que ha veces quedan solos
porque la madre se ha ido a trabajar, quedan aterrados.
La amenaza principal ante la cual Chava se ve continuamente
es la política central del gobierno en ese momento: los
soldados secuestran a los niños que ya han cumplido los
doce años y los reclutan forzadamente al ejército
para entrenarlos a formar parte de la lucha contra los guerrilleros.
En un escena escalofriante, los soldados invaden una escuela,
obligan a los estudiantes a pararse en fila en el gimnasio en
postura de atención, y obligan al director a leer en voz
alta, a punta de pistola, una lista de los nombres de los muchachos
que van a ser reclutados. A medida que los nombres son leídos,
la mezcla de angustia, odio y desespero en las caras de los muchachosy
del resto de sus amigos y maestroses difícil de mirar.
Fue en este punto de la película que varios miembros del
público salieron del cine, algunos llorando.
Una escena es paradigma de las consecuencias de la conscripción
forzada. Varios meses después del ejército secuestrar
a los compañeros de Chava en la escuela, él y los
amigos que quedan se van a jugar al río. Uno de los amigos
que fue reclutado, ahora con los trece cumplidos, se aparece uniformado.
Orgullosamente porta un fusil automático. Apenas meses
antes, mientras estaba parado en línea en la escuela, se
había orinado los pantalones del miedo cuando el director
leyó su nombre; ahora trata de actuar el súper macho
arrogante. Pero, extrañamente, todavía se le ve
la inocencia: un joven jugando a ser hombre entrenado a matar.
Deja saber que usaría su fusil contra sus viejos amigos
si lo cree necesario. Por su boca salen oprobios contra los guerrilleros.
Se ha convertido en un monstruo, precisamente porque todavía
puede reconocérsele como ser humano, como un inocente capaz
de hacer cualquier cosa. Esta transformación aterra y fascina
a Chava y sus amigos.
En cierto momento, los muchachos se informan que los soldados
van a llegar al vecindario a la mañana siguiente para secuestrarlos.
Se montan en los techos de las casas del vecindario y se acuestan,
a veces de dos en dos, o de tres en tres, apretaditos. El silencio
es total. Llegan los soldados. Comienzan a tocar las puertas.
La camera comienza a subir y vemos a todos los niños acostados
en techo tras techo, en silencio total, por cuadras eneteras,
mientras el horror de los soldados continúa en las calles
abajo. En esta secuencia, Mandoki ha logrado combinar la poesía
y el suspenso de manera extraordinaria. Mete al espectador, de
manera muy directa y palpable, en los dilemmas de los personajes,
cosa que logra a través de gran parte de la cinta. Nos
importa lo que les pueda suceder, y esto se debe en gran parte
a las buenas actuaciones de la película.
Chava, el joven héroe de la película, observa
todo y sufre muchas indigidades. Al terminar su historia, no cabe
duda que bando apoya: los guerrilleros. Pero los apoya no porque
comprende su causa, sino porque ha sufrido, en carne viva, la
maldad y la destrucción enloquecida que los soldados del
gobierno han causado, evidentemente en nombre de una dictadura
que permanence indefinida y nebulosa. Chava puede haberse quitado
la venda de los ojos, pero todavía no ve muy lejos. Al
final de la película, todavía es un inocente. Pero
por lo menos no se convierte en cínico, ni tampoco queda
hastiado de la vida. Después de todo, todavía es
un niño de apenas de doce años y no puede comprenderlo
todo.
Pero este punto de vista no necesariamente debería ser
el de los realizadores de la cinta (o el nuestro). Desafortunadamente,
es exactamente los que sucede en la película. El contenido
de Voces Inocentes obligatoriamente la hace una película
política. Aunque parta desde el punto de vista de un niño,
trata una historia acerca de una guerra civil con insinuaciones
geopolíticas significativas que costó la vida de
75,000 seres humanos. Es una enorme tragedia humana, y si los
artistas la usan como base para su arte, entonces deben honrarla
y tratar de alcanzar la altura de sus circunstancias.
Al limitar el punto de vista del espectador acerca de la lucha
y el horror a lo que solo este chico ve, el director y el guionista
se absuelven de tener que explicar todas las complejidades sociopolíticas.
Quizás ésta no haya sido su intención, pero
al producto artístico final carece de algo, como si le
faltara algo en su propio centro. La película nunca examina
las raíces fundamentales de la lucha, de la opressión,
o de los allanamientos enloquecidos de las fuerzas armadas. Nunca
hace la menor referencia al papel directo o indirecto de las clases
gobernantes en la guerra civil. El resultado es que, a fin de
cuentas, luego de toda la destrucción, las matanzas y las
muertes, cuando la película termina, no sabemos más
acerca de El Salvador de que lo que sabíamos cuando empezó.
¿Pero qué era lo que este monstruoso ejército
defendía? ¿Qué intereses sociales estaban
envueltos en esta cruel guerra contra el pueblo? ¿Cuál
fue el papel de Estados Unidos, al cual se alude en una pequeña
escena?
La dictadura salvadoreña, con el respaldo de los "consejeros"
estadounidenses y los escuadrones de la muerte patrocinados por
la CIA, fueron un horror espantoso para el pueblo salvadoreño,
pero la película no nos da siquiera una remota ideani
unapor qué los campesinos se han rebelado, por qué
los guerrilleros son tan santos, por qué el gobierno los
persigue. La película tiene por lo menos dos personajes
que son guerrilleros, pero ninguno de los dos dice la menor palabra
sobre su causa o la índole del gobierno que tiene el poder.
Los realizadores de la cinta pudieron haber mantenido la inocencia
de Chava (y su ignorancia de los temas principales) y al mismo
tiempo haber iluminado al público. Después de todo,
uno de los propósitos del arte es conocer y sacarle mejor
sentido al mundo. Hasta una conversación entre la madre
de Chava y su tío (por cierto, un líder guerrillero)
podría haber ayudado. Chava pudo haber escuchado sin entender
ni papa. Si el director y Torres solo se interesan en observaciones
empíricas y no en la historia, entonces hay un problema.
Si comprometieron su visión artística para mejorar
las posibilidades comerciales de la película, el problema
es peor todavía. Nadie les pide que resuelvan el problema
de El Salvador, pero sí se les pide que cuestionen, que
la trama y el diálogo planteen preguntas, por más
elementales que sean.
En este sentido, la película es simplista: los soldados
son malos, los guerrilleros buenos. Quizás el director
presume que el públicoy creemos que presume que éste
va a ser hispano en su mayoríaya sabe de antemano
las razones por qué la lucha toma lugar. Este es el tipo
de suposición que casi hunde a otro esfuerzo honorable,
Los diarios de motocicleta, cinta que presume que todo
el mundo sabe como la vida del Che Guevara terminó y por
lo tanto no había gran necesidad de explicar ciertos eventos.
Claro, hasta cierto punto el público ya sabe la historia;
los pueblos latinoamericanos ha vivido en carne y hueso estas
horribles condiciones y luchado en grandes batallas clasistas,
pero ellos también no han podido comprender su esencia
debido al fracaso de sus dirigencias y las traiciones de tantos
que se autodenominan "comunistas" y "socialistas".
Basándose en la justificación de estas dificultades
políticas y tragedias, todo un sector de artistas e intelectuales
enfocan al arte, a la cultura y a las cuestiones sociales desde
un punto de vista anti histórico, cosa que han llegado
a convertir en principio innegable. Han llegado a tal punto que
no pueden hacer ni pie ni cabeza de los grandes acontecimientos,
inclusive de la tragedia de la guerra civil en El Salvador. Y
tampoco sienten la gran urgencia de hacerlo.
(Una exhibición de fotografías de la guerra civil
del Salvador acabad de abrir en Nueva York. Para una crítica,
ir a ).
La historia de amor entre adolescentes en la películaChava
se enamora de una jovencita más o menos de su edad; se
besan una o dos veceses demasiado sencilla, elemental y
convencional. Parece como si le hubiera añadido a la trama
para satisfacer alguna exigencia de los guiones formularios de
Hollywood. No importa que se base en las experiencias de la vida
real de Torres. En medio de todo el caos y sufrimiento, parece
trivial, banal y demasiado sentimental. Le falta peso dramático.
Distrae de lo que importa.
El elenco es uniformemente excelente., pero casi todos los
personajesla madre, el tío guerrillero, la abuela,
y el Chava mismoson tan elegantes y hermosos que a veces
distraen. Carlos Padilla, en el papel de Chava, es fenomenal,
pero parece haber salido de una pintura de Murillo. Daniel Jiménez
Cacho desempeña estupendamente su papel como cura de teología
de liberación.
No podemos negar que la película nos conmueve y en su
representación de la oppresión y el terror nos destroza
emocionalmente. Es una de las pocas películas que detalla,
sin reservas, lo que es luchar para vivir bajo condiciones de
extrema violencia y como los oprimidos logran sobrevivir. Y logra
mostrarnos, indirectamente, las condiciones que crean la posibilidad
de la revolución social.
Uno de los pasos falsos de la película son los acentos,
y lo más probable es que la mayoría del público
estadounidense no se de cuenta de ello. Los actores, con pocas
excepciones, son casi todos mexicanos. No detecté un solo
acento salvadoreño. La película, después
de todo, fue filmada en Veracruz, México. Pero a fin de
cuentas, ésta no es una falla mortífera, porque
la película es tan sincera y tan honesta, y tiene una gran
capacidad para involucrar al público en las vidas y luchas
de sus personajes.
A pesar de sus muchas flaquezasobvias porque la película
es tan buenaVoces Inocentes es mejor que el 98% de
las tonterías hollywoodenses que llenan nuestras pantallas.
Vale la pena y el esfuerzo verla.
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