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El Partido Republicano y la derecha cristiana siembran la
semilla de un movimiento fascista en Estados Unidos
Por el Comité de Redacción
9 Mayo 2005
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el autor
Este artículo apareció en nuestro sitio en
su inglés original el 28 de abril del presente.
William Frist, entre los dirigentes Republicanos más
importantes del Senado de Estados Unidos, se presentó el
domingo pasado en un programa de televisión nacional. El
programa fue auspiciado y organizado por fundamentalistas cristianos
cuyo propósito no era más que pintar de "anti
cristiano" a todo oponente del gobierno de Bush. Fue un acontecimiento
sin precedentes. Por primera vez en la historia de Estados Unidos
un grupo trata de convertir a la religión en la base ideológica
de uno de los dos partidos políticos principales del país.
El Partido Republicano se está convirtiendo en el brazo
derecho de la política de la derecha religiosa. La Casa
Blanca y la dirigencia Republicana en el Congreso se han comprometido
a lograr un objetivo: que el pueblo entero adopte la doctrina
evangélica como ley del país. Este desarrollo tiene
las más nefastas insinuaciones para las estructuras constitucionales
de la nación y los derechos democráticos.
El evento, que tomara lugar bajo el lema de "Domingo de
Justicia: paro a los discursos dilatorios contra la gente de fe",
atrajo a 2000 personas a la Iglesia Bautista de Highview en los
suburbios de Louisville, estado de Kentucky. Fue televisado a
iglesias y hogares por un sistema nacional de satélite.
El discurso de fue por vídeocinta y duró tan sólo
seis minutos. Para decir la verdad, sus palabras no expresaron
ningún sentimiento religioso. Pero el hecho que participara
en semejante evento fue un acto de solidaridad con los organizadores
del programa, que duró una hora y atrajo a los elementos
más reaccionarios de la derecha cristiana fundamentalista.
Entre ellos: Tony Perkins, presidente del Consejo de Investigaciones
sobre la Familia, James Dobson, presidente de Foco sobre la Familia,
y William Donahue, presidente de la Liga Católica.
Pero el Partido Demócrata, ante semejante ofensiva de
la derecha religiosa a través del Partido Republicano,
otra vez ha mostrado su incompetencia. Todavía es incapaz
de entablar un pleito serio contra movimiento de semejante índole.
Ni siquiera se atreve a llamar a esta alianza entre los Republicanos
y los fundamentalistas por su propio nombre: una campaña
intenta en destruir la separación entre la religión
y el estado y llevar al país hacia la teocracia.
Al contrario; los dirigentes Demócratas del Congreso
nacional aceptan los límites políticos impuestos
por los fundamentalistas. Su única queja es que ellos también
son "gente de fe". No nos sorprende para nada que el
Senador John Kerry, quien perdiera las últimas elecciones
presidenciales, se haya unido al senador Republicano, Rick Santorum,
partidario del grupo católico medio fascista, Opus Dei,
para introducir un proyecto de ley que le permitiría a
los farmacéuticos rehusar recetas médicas para el
control de la natalidad porque esa práctica es contraria
a sus creencias religiosas.
En las controversias políticas que dominan a Washington
debido a los jueces federales que el Presidente Bush ha nombrado,
los Demócratas siguen mostrando las mismas cualidades que
exhibieron durante los conflictos recientes, inclusive durante
el enjuiciamiento de Clinton y las elecciones presidenciales del
2000: la impotencia, la falta de seriedad, y un gran desinterés
en recurrir a las amplias masas del pueblo para defender los derechos
democráticos. A fin de cuentas, este parálisis se
tiene sus raíces en el carácter clasista del Partido
Demócrata, el cual es uno de los dos instrumentos políticos
principales de la clase gobernante capitalista. Éste actúa
como peso muerto en la clase obrera; termina destruyendo todo
intento del pueblo trabajador para establecer el tipo de movimiento
político independiente que representaría una amenaza
al sistema de ganancias.
La premisa del "Domingo de Justicia" se basa en la
táctica de pintar a sus rivales con una etiqueta política
muy similar a la técnica de la "gran mentira"
que los nazis de Hitler usaron. Los organizadores del evento afirman
que los fundamentalistas cristianosque dominan al Partido
Republicano, el cual a su vez controla la Casa Blanca, ambas cámaras
del Congreso y un 50% de los gobiernos estatalesson una
de las perseguidas minorías de Estados Unidos. Han declarado
que Estados Unidos, el país más saturado de religión
del mundo industrial, es el foco de las intrigas promovidas por
el "humanismo secular", que sistemáticamente
trata con ninjusticia a la "gente de fe".
Se supone que las pruebas incontrovertibles de esta presecusión
son los tribunales federales, sobretodo a través del papel
que jugaron en el caso de Terri Schiavo, y los esfuerzos de los
Demócratas en el Senado para bloquear a los individuos
derechistas que Bush ha nombrado como jueces a dichos tribunales.
En el caso de Terri Schiavo, la derecha cristiana intervino
para imponer su dogma religioso a la la decisión de Michael
Schiavo, esposo de Terri, de parar los aparatos que mantenían
viva a su esposa, cuyo cerebro había dejado de funcionar.
La Casa Blanca de Bush y el Congreso enseguida se postraron ante
los fundamentalistas. El Congreso hasta llegó a adoptar
un extraordinario proyecto de ley para hacer un estudio de los
tribunales federales y de la participación de éstos
en el Caso Schiavo. Y el propio Bush precipitadamente canceló
sus vacaciones en el estado de Texas para brindar su firma al
proyecto y convertirlo en ley.
No obstante, los jueces federales a todo nivel judicialla
mayoría nombrados por presidentes Republicanosrehusaron
participar en la abolición de los precedentes jurídicos
establecidos. Uno de los jueces de una corte de segunda instancia
defendió el derecho de Terri Schiavo a morir tal como se
lo había expresado a su esposo y a otros dos testigos.
Este dictamen fue ratificado por una corte federal de apelaciones
y por la misma Corte Suprema que instaló a Bush en la Casa
Blanca. Ninguna de los tribunales federales se mostró dispuesto
a servir de limpiasaco al Congreso y cancelar la decisión
de los tribunales del estado de la Florida luego de siete largos
años de pleitos litigiosos.
Los Republicanos del Congreso reventaron de ira ante la resistencia
de la rama judicial. Variosinclusive el dirigente de la
Mayoría en la Cámara de Diputados, Tom Delay, y
el Senador John Cornyn, del estado de Texasse expresaron
con palabras incendiarias que abogaban por el castigo político
de los jueces y casi se mostraban a favor de la violencia.
En una conferencia de cristianos fundamentalistas celebrada
en Washington hace dos semanas, los organizadores del mitin en
Louisville debatieron la posibilidad que el Congreso cancelara
los fondos monetarios destinados a los tribunales que participaron
en el Caso Schiavoen efecto usando el poder económico
para enjuiciar a los jueces sin que tuvieran que comparecer ante
un tribunalo que adoptara leyes para negarle a los tribunales
toda jurisdicción sobre una amplia gama de asuntos sociales.
Dobson, cabecilla del grupo de influencia fundamentalista mayor
y mejor financiado, propuso una simple solución: la desaparición
de la Novena Corte de Segunda Instancia, que es la más
liberal de su tipo y cuya jurisdicción se extiende por
toda la zona del Pacífico y los Estados Montañosos.
Según una audio cinta del evento obtenida por el Los
Angeles Times, Dobson se expresó con las siguientes
palabras: "El Congreso simplemente puede privar a los tribunales
de sus poderes. No tiene que desemplear a nadie, ni enjuiciarlos
ni hacer batalla por ese campo. Lo único que tiene que
hacer es declarar que la Novena Corte no existe y ésta
desaparece".
Perkins, organizador principal del mitin en Louisville, expresó
la histeria que pervade a la derecha religiosa al declarar que
los jueces federales representan una amenaza mayor peor que los
terroristas. Declaró que "los tribunales activistas,
con la ayuda de grupos liberales interesados, han estado funcionando
muy quietamente bajo el manto protector de la rama judiciaria,
como ladrones que se amparan de la noche para robar nuestro patrimonio
cristiano y nuestras libertades religiosas".
El conflicto acerca del nombramiento de jueces
Es en este contexto que el conflicto en el Senado sobre los
nombramientos de Bush a los tribunales federalesconflicto
que se intensifica cada vez másha asumido un significado
simbólico de enorme importancia. Los Demócratas
se valieron de la táctica del discurso dilatorio para obstruir
a diez de estos nombramientos durante el primer plazo de Bush,
y han amenazado con continuar la misma campaña contra siete
de los diez que Bush ya ha nombrado desde comienzos de año.
La semana pasada, el Comité Congresional sobre Asuntos
Jurídicos aprobó por votación a dos de los
siete individuos de exdtrema derecha que anteriormente habían
sido rechazados: Priscilla Owen del estado de Texas y Janice Rogers
Brown de California. El voto de 10 a 8 fue totalmente partidista
y de nuevo le abre campo a los discursos dilatorios cuando las
nominaciones se presenten formalmente en el Senado durante el
mes de mayo.
La política Demócrataes decir, de basarse
en estos discursos dilatorios selectivos nunca ha representado
una oposición apasionada a la Casa Blanca. Como reiterara
el Senador Joseph Biden, Demócrata de mayor antigüedad
en el Comité sobre Asuntos Jurídicos, en una entrevista
por televisión el domingo, los Demócratas han ratificado
los nombramientos de más de 200 jueces que se oponen al
aborto. Añadió que se han opuesto solamente a varios
de los nombramientos más provocativos y derechistas de
Bush.
Pero discursador tras discursador en el mitin de Louisville
pintó como discriminación contra los cristianos
y casi una traición a la república el bloqueo de
sólo el 5% de los nombramientos de Bush a los tribunales
federales.
Perkins introdujo el tema de la victimización y declaró
que "sólo porque creemos en la Bibila como nuestra
guía de la vida no significa que no reunamos os requisitos
para participar en nuestro gobierno. No hay razón para
que se nos obligue, como ciudadanos estadounidenses, a escoger
entre creer lo que este libro dice y servirle al público".
El fundamentalista Católico Donahue añadió
que "a nosotros no se nos va a obligar a callarnos y a rendirnos
ante la izquierda secularista. Se vanaglorian de ser los grandes
campeones de la tolerancia; sin embargo, son intolerantes hacia
nosotros".
En realidad, ninguno de los individuos nombrados a los tribunales
fue rechazado debido a sus creencias religiosas. En el Senado
sólo dos casos relacionados a la religiónque
tenían que ver con actitudes hacia las leyes que restringen
los derechos al abortorecibieron seria consideración.
Los otros ocho fueron bloqueados debido al punto de vista de la
extrema derecha referente a los derechos de los estados, a los
poderes del gobierno federal, al medio ambiente, y al racismo,
o debido a objeciones procesales, tales como el fracaso de la
Casa Blanca en consultar, como ha sido de costumbre por muchos
años, con los senadores del estado natalicio del nombrado.
La acusación de que existe un prejuicio generalizado
contra la "gente de fe" es perniciosa y absurda. Es
perniciosa porque quiere atemorizar ae incendiar las pasiones
delos sectores de la población norteamericana que
son, desde el punto de vista político, los más ignorantes
en cuanto a la política y los más predispuestos
al prejuicio, y usarlos como carne de cañón en servicio
de la clase gobernante. Tal como mostrara el rally en Louisville,
Kentucky, estas capas están siendo mobilizadas y dirigidas
para destruir toda resistencia a los planes que la ultra derecha
ha opuesto en marcha dentro de las mayores instituciones del gobierno
de Estados Unidos.
La acusaciones de que existe una persecución "contra
los cristianos es absurda, porque éstas toman lugar bajo
condiciones en que reina un ambiente de rigidez aguda, resultado
del conformismo religioso, en los ámbitos capitalistas
oficiales. Casi todos los senadores y diputados del Congreso de
Estados Unidos se han declarado partidarios de una u otra religión.
Ninguno se atreve a admitir que es ateo o que no cree en Dios.
Pero millones de estadounidenses rechazan el dogmatismo religioso.
El sistema bipartito oficial casi los ignora por completo.
Las amenazas de la "opción nuclear"
Frist, dirigente de la mayoría Republicana en el Senado,
repetidamente ha amenazado con quitarle a la minoría Demócrata
el derecho a usar la táctica de los discursos dilatorios
para bloquear los nombramientos, acción que el predecesor
de Frist, Trent Lott, una vez llamó "la opción
nuclear". Esta movida sería una intervención
flagrantemente ilegal e inconstitucional por parte de la rama
ejecutiva en los asuntos de la legislatura. El Vicepresidente
Cheney, quien actúa en función de presidente del
Senado, declararía a los discursos dilatorios fuera de
orden y trataría de hacer respetar su decisión por
medio de una simple mayoría de votos.
Esto significaría una gran ruptura con los precedentes
establecidos por el Senado durante 200 años. Y más
bien sería una hipocresía política monumental,
puesto que en 1968 los Republicanos se valieron de los discursos
dilatorios para bloquear, exitosamente por cierto, el nombramiento
de Abe Fortas al puesto de Juez Presidente de la Corte Suprema,
También se valieron de la misma táctica para bloquear
sistemáticamente a los nombramientos judiciales de Bill
Clinton durante seis de los ocho años que estuvo en la
Casa Blanca. Pero esta movida no va a recibir ningún apoyo
popular. Una encuesta de opinión pública publicada
por el Washiington Post el martes pasado muestra que dos
tercios del pueblo se opone a semejante lucha para suprimir a
la oposición en el Senado.
Tan peligroso es este conflicto, inclusive la posibilidad de
que el Senado deje de funcionar por completo, que un pequeño
grupo de senadores Republicanos han expresado sus inquietudes
y podrían negarle a Bush y a Frist los 50 votos requeridos
para sostener el dictamen de Cheney. Los Republicanos tienen una
mayoría de 55-45 en el Senado, pero con solo seis defectores
la "opción nuclear" mordería el polvo.
Todavía no se sabe si Frist se saldrá con la suya
o no.
El objetivo inmediato del mitin en Louisville fue intimidar
a este grupo de Republicanos tentativos. Se mostraron grandes
fotografías estilo afiche de senadores Republicanos, tales
como John McCain, del estado de Arizona; Richard Lugar, del estado
de Indiana; y otros a quienes se les considera como defectores
potenciales. Discursantes como Dobson pidieron que se le pusiera
presión a aquellos Republicanos que pintaron de "blandos".
A pesar de la postura de Frist de que sólo quiere reafirmar
"el gobierno por mayoría", no hay nada remotamente
democrático acerca de la propuesta para eliminar a los
discursos dilatorios. Frist actúa en nombre de un presidente
que fue reelegido con apenas el 51% del voto, cuyo partido controla
sólo el 53% de los diputados y el 55% de los senadores
del Congreso nacional, pero quien exige el 100% de los nombramientos
vitalicios a los tribunales federales.
La postura Republicana ni siquiera cuenta con una mayoría
verdadera, pues exige control por un partido que en realidad obtuvo
un voto menor que el de sus contrincantes. Los puestos del senado
se distribuyen de manera extremadamente anti democrática:
dos por cada estado no importa la población de éste.
Los 36 millones de habitantes del estado de California cuentan
con dos puestos en el Senado, y los 500,000 habitantes del estado
de Wyoming también. El resultado es que los Republicanos
controlan el Senado 55-45 a pesar de haber recibido 2 millones
de votos menos por sus senadores que los Demócratas (97.5
millones a 99.7 millones en las elecciones combinadas del 2000,
el 2002 y el 2004, según ciertos cálculos).
Pero más ridícula aún es la sugerencia
que la campaña Republicana en contra de los discursos dilatorios
ha resuscitado las tácticas que se usaron durante la década
de los 60 para derrotar la oposición de los senadores racistas
del Sur contra las leyes protectoras de los derechos civiles.
Esta postura ignora un hecho muy inconveniente: que las mismas
fuerzas socialesy varios de los mismos individuosque
chillaban acerca de la amenaza contra "nuestro sistema de
vida en el Sur" (léase "segregación y
opresión racial")ahora participan en una campaña
para derrotar la supuesta amenaza contra "nuestro patrimonio
cristiano". El lenguage ("la tiranía de los tribunales")
y el simbolismo religioso son los mismos. Como comentara Colbert
King, columnista del Washington Post, los militantes del
Klu Klux Klan también marcharon bajo la cruz.
Existe una profunda diferencia, sin embargo, entre la resistencia
segregacionista de los 1960 y la reacción fundamentalista
actual. Durante la era de los derechos civiles, la extrema derecha
luchaba contra la autoridad del gobierno federal, la cual intervino
para anular todas las leyes oficiales a favor de la discriminación
(conocidas en Estados Unidos como las leyes "Jim Crow").
Los gobiernos de Kennedy y de Johnson respaldaron la desegregación
en parte para dilatar las sublevaciones revolucionarias de las
masas trabajadoras negras, y en parte para servir las necesidades
geopolíticas del imperialismo estadounidense. Pretendían
hacerse pasar como defensores del "mundo libre" en contra
de la Unión Soviética, postura que la existencia
del racismo tipo apartheid en el Sur del país revelaba
como profunda hipocresía de Estados Unidos.
Hoy día la extrema derecha se ha apoderado de la mayor
parte del gobierno federal, y pretende usar este poder para dictar
su política social a la inmensa mayoría del pueblo
de Estados Unidos, quien no comparte los puntos de vista de los
fundamentalistas cristianos. Como observara el escritor de una
carta al redactor del New York Times: "La decisión
Roe vs. Wade [dictamen de la Corte Suprema que legalizó
el aborto] no le niega ningún derecho a los conservadores
religiosos . Y he ahí el dilema: los conservadores religiosos
creen que tienen el derecho democrático a negarle a otros
el derecho al aborto".
No importa en que resulte este conflicto acerca de un puñado
de jueces. El matrimonio entre la Casa Blanca, los dirigentes
Republicanos del Congreso y los grupos cristianos fundamentalistas
representa un peligro creciente a los derechos democráticos.
Esta alianza es una nueva etapa en el desarrollo de un movimiento
fascista incipiente en Estados Unidos que se basa en la histeria
religiosa, el racismo y el anti semitismo. Muestra que en Estados
Unidos existe la posibilidad de que el conflicto político
se intensifique hasta tal punto que sólo pueda haber una
salida: la guerra civil.
Un movimiento fascista en Estados Unidos no puede lograr el
apoyo popular si marcha bajo insignias con swastikas o promulgando
mitos raciales nórdicos. Será de un carácter
nacional muy peculiar, basándose en el fundamentalismo
cristiano, así como también en el racismo y el innatismo.
Pero si las cualidades superficiales han de ser diferentes a las
de los nazis alemanes o las de los movimientos fascistas de Mussolini
en Italia y Franco en España, el significado histórico
del fascismo sigue nigual: es el esfuerzo de la clase gobernante,
bajo condiciones en que los antiguos métodos democráticos
de gobierno han dejado de funcionar, para defender su propiedad
y su autoridad por medio de la movilización de masas en
contra de los derechos democráticos y de la resistencia
organizada de la clase obrera.
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