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Kissinger y la Argentina: como Estados Unidos apoya el terrorismo
del estado
Por Bill Vann
6 Enero 2004
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el autor
Cuando Saddam Hussein fue capturado, el gobierno y la prensa
estadounidense no tardaron un segundo en desatar su maquinaria
propagandista. Pero a los pocos días, el Ministerio de
Relaciones Exteriores de la nación se vio obligado a sacar
a la luz del día varios documentos que habían permanecido
secretos por 27 años; documentos que revelan la verdadera
actitud de sucesivos gobiernos estadounidenses hacia las dictaduras
y el terror.
Los documentos son acerca de las reuniones secretas en octubre,
1976, entre Henry Kissinger, en esa época Ministro de Relaciones
de Exteriores, y su contraparte en la dictadura militar argentina,
el Admirante César Augusto Guzetti. Los documentos fueron
revelados por el Archivo de la Seguridad nacional [http://www.gwu.edu/~narchiv/NSAEBB/NSAEBB104/index.htm],
institución de investigaciones sin ninguna relación
al gobierno que se especializa en obtener documentos secretos
del gobierno de Estados Unidos bajo la Ley de la Libertad de Información
y dárselos a conocer al público.
El expediente principal consiste de un memorándum
de conversaciónque el Ministerio de Relaciones
Exteriores llama, con su propia jerga, memconque
contiene lo que hasta ahora habían sido reuniones secretas
entre Kissinger y Guzetti en el Hotel Waldorf Astoria en la ciudad
de Nueva York, donde el ministro estadounidense participaba en
un debate sobre el Oriente Medio ante la Organización de
las Naciones Unidas.
Guzetti informó a Kissinger acerca del progreso de la
guerra sucia que el régimen militar argentino
había desatado contra los trabajadores, estudiantes e intelectuales:
Nuestra lucha ha tenido muy buenos resultados durante
los últimos cuatro meses, dijo Guzetti. Las
organizaciones terroristas han sido desmanteladas. Si continuamos
en esa dirección, ya para fines de año el peligro
habrá desaparecido. [Traducido del inglés]
Pero el hecho es que la bestial ola de represión que
la dictadura había lanzado sólo llegaba a su apogeo.
Las masacres, las desapariciones y la tortura continuaron
sin cesar por varios años más, causando la muerte
de más de 30.000 argentinos.
El gobierno de Estados Unidos estaba bien consciente de los
horrores perpetrados contra el pueblo argentino y lo que el terrorismo
significaba para ese país. Una semana justamente antes
del encuentro entre Kissinger y Guzetti, el Ministerio de Relaciones
Exteriores emitió un informe que valora los primeros seis
meses de la dictadura argentina. Concluyó lo siguiente:
El aspecto más espectacular de la campaña
anti terrorista han sido los asesinatos cometidos por los escuadrones
derechistas de matones pagados que funcionan fuera de la ley.
Operan sin temor a castigo y por lo regular se hacen pasar de
funcionarios que vigilan la seguridad. Los derechistas son responsables
de secuestrar y/o asesinar a cientos de izquierdistas que
representan un riesgo a la seguridad [del país].
Entre éstos se encuentran exilados de países vecinos,
extranjeros, políticos, estudiantes, periodistas y curas.
Lo más probable es que varios terroristas verdaderos hayan
caído presas a la venganza derechista, pero la gran mayoría
de las víctimas no han sido guerrilleros. No cabe duda
que la mayoría de los terroristas derechistaspara
no decir todosson policías o militares que actúan
con el consentimiento de funcionarios del gobierno que gozan de
cargos importantes en la protección de la seguridad.
Kissinger recibió otros informes, entre ellos testimonio
de ciudadanos estadounidenses apresados por la junta, acusados
de cometer crímenes políticos y torturados horriblemente.
Uno de esos documentos se refiere al caso de Gwenda Loken López,
ciudadana de Estados Unidos, a quien las fuerzas de seguridad
sacaron y arrastraron de un autobús en abril, 1976, luego
de dejar en el banco de un parque volantes que abogaban por la
liberación de los presos políticos. Después
de regresar a Estados Unidos, la señora relató la
manera en que sus captores de la SIDE (policía secreta
de la junta) la habían tratado:
Me vendaron los ojos, me ataron las manos, y me pusieron
contra una pared. Un dispositivo eléctrico tocó
mis manos. De repente estaba en el piso...Me pegaban. Me desgarraron
la ropa. Creo que entonces estaba sobre una mesa con cinco tipos
que me aguantaban. Comenzaron a usar una picana [punzón
eléctrico]. Me amarraron y me tiraron agua. Me interrogaron,
pero más que otra cosa era, Dale más. Ahí.
Y ahí. Y ahí'. Es decir, en los genitales. Dijeron
que me iban a arreglar para que no pudiera tener hijos.
La Sra., Loken López también testificó
que a otra joven mujer, que estaba presente en el mismo lugar,
la colgaron de los pies, la desnudaron, y repetidamente la electrocutaron
con la picana. Los verdugos le quemaron varias partes del cuerpo
con cigarrillos y le jalaron el pelo de la región pubiana.
La mujer no era militante de ningún partido político,
pero por coincidencia había estado en una residencia en
que la policía había hecho una redada.
El caso de Loken López fue inusual por dos razones:
era ciudadana de Estados Unidos y sobrevivió. Durante este
mismo período, la junta detenía y torturaba a miles
en centros de detención clandestinos, los endrogaba, y
luego los tiraba a alta mar desde aviones militares.
Kissinger explícitamente la dio luz verde
al régimen militar para que éste siguiera su reino
de terror. Los informes memcon del Ministerio de Relaciones
Exteriores dejan bien claro lo que le dijo al admirante argentino:
Mire, nuestra actitud básica es que nos gustaría
que [uds.] tengan éxito. Me atengo a un punto de vista
antiguo: que los amigos tienen que ser apoyados. Lo que no entienden
en Estados Unidos es que ustedes están en una guerra civil.
Leemos acerca de los derechos humanos, pero no acerca de su contexto.
Mientras más rápido el éxito, mejor...El
problema de los derechos humanos se agranda. El embajador de ustedes
se lo puede informar. Queremos una situación estable. No
les vamos a causar a ustedes dificultades innecesarias. Sería
mejor si pudieran acabar [con esto] antes que el Congreso regrese.
Y sería beneficioso si pudieran restaurar las libertades
que puedan.
Kissinger dejó claro que una de las inquietudes principales
del gobierno era que el Congreso podía adoptar sanciones
contra Argentina debido a los crímenes de la dictadura
contra la humanidad, lo cual habría prohibido a instituciones
financieras de Estados Unidos que extendieran créditos
adicionales al régimen.
Instó que la junta se activara inmediatamente para lograr
préstamos del Banco de Exportaciones-Importaciones de Estados
Unidos, asegurándole al militar argentino que Nos
gustaría que vuestro programa de economía tenga
éxito y haremos todo lo posible por ustedes.
Los préstamos llegaron a cántaros a pesar de
las sanciones impuestas por el gobierno de Carter que luego el
de Reagan anuló. Resultado: la deuda externa de Argentina
durante los siete años de dictadura aumentó 600%
y llevó al país a la bancarrota.
Justamente el día antes del encuentro en el Waldorf,
Guzetti había recibido el mismo mensaje de Charles Robinson,
ministro asistente del Ministerio de Relaciones Exteriores en
Washington. Un memorándum de la conversación indica
que Robinson dijo lo siguiente:
Argentina actualmente se enfrenta a una guerra civil
subversiva. Durante el período inicial puede que la situación
exija medidas que a largo plazo no son aceptables...es posible
llegar a comprender que al principio hay que ser duro, pero es
importante comenzar a adoptar una postura más moderada
que esperamos sea permanente...El problema es que Estados Unidos
es un país idealista y moral y para sus ciudadanos es demasiado
difícil comprender los problemas de la Argentina de hoy.
Robinson dijo entonces algo verdaderamente extraordinario en
apoyo de los escuadrones de la muerte de la derecha. El memorándum
sigue:
Robinson dijo que en 1850, cuando California luchaba
para convertirse en estado, las fuerzas oficiales de la ley y
el orden eran inadecuadas. Por lo tanto, la gente organizó
a grupos de vigilantes, pero Estados Unidos se ha olvidado de
esta historia y también se olvida que una situación
muy semejante existe hoy día en otros lugares.
La actitud de Robinson hacia los escuadrones de la muerte refleja
la del mismo Guzetti, quien lo dijo de manera más escalofriante
en una declaración pública justamente apenas dos
meses antes de su viaje a Estados Unidos. Puntualizó el
ministro de relaciones exteriores de Argentina en ese entonces
que Según mi concepto, la subversión se refiere
a las organizaciones terroristas de la izquierda. La subversión
y el terrorismo de la derecha no son la misma cosa. Cuando el
cuerpo de una sociedad se contamina con una enfermedad que devora
sus entrañas, forma anticuerpos. Y a estos anticuerpos
no se les puede considerar como si fueran microbios.
Otro funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores que
estaba presente durante la reunión con Robinson ofreció
una idea para ayudar con los casos de los curas y monjas que habían
sufrido la represión de la dictadura: Es esencial
que no desaparezcan', sino que sean arrestados y enjuiciados.
El significado implícito era que las miles de desaparecidostrabajadores,
estudiantes y otros militantesera perfectamente aceptable.
No cabe duda que varios apologistas de la política de
Washington van a pintar a esta prueba irrefutablees decir,
de como Estados Unidos auspició las masacres y el terror
estatal de una de las dictaduras más bestiales del mundocomo
las acciones de un gobierno de antaño que nadie recuerda.
Pero esa coartada simplemente es inútil, ya que existe
una continuidad asombrosa en el personal del 1976 y el gobierno
actual. Hay que recordar que Kissinger fue el primer elegido de
George W. Bush para dirigir el comité independiente que
actualmente investiga los ataques terroristas del 11 de septiembre,
2001. Todavía sirve de asesor de antigüedad en los
ámbitos gubernamentales de la clase dominante. También
fue consejero político del Vicepresidente Richard Cheney
y del Ministro de Defensa, Donald Rumsfeld. Estas dos destacadas
figuras del gobierno de Bush ahora en el poder también
funcionaron, durante períodos diferentes, como jefes del
personal de la Casa Blanca cuando el gobierno de Estados Unidos
promovía las matanzas en Argentina, Chile y en otros países
de Latinoamérica.
El padre de Bush fue director de la CIA cuando Guzatti y Kissinger
se reunían y es posible que tenga un conocimiento más
íntimo de la maquinaria militar asesina de Argentina.
Los documentos que el Archivo Sobre la Seguridad Nacional ha
descubierto, además de su valor intrínseco, tienen
dos significados: prueban la complicidad explícita de Kissinger
y del gobierno de Estados Unidos en la matanza de decenas de miles
de civiles argentinos, y ponen en relieve otra controversia histórica
que amenaza con convertir a la captura de Saddam Hussein en una
grave crisis para el gobierno de Bush.
A finales del 1983 y a principios del 1984, Donald Rumsfeld
viajó dos veces a Bagdad, donde se reunió con Saddam
Hussein y su ministro de relaciones exteriores, Tariq Azziz, para
formar vínculos más íntimos entre los dos
países. Este fue el período cuando Irak usaba el
gas venenoso en su guerra contra Irán, acción que
provocó manifestaciones internacionales. En marzo de 1984,
Washington condenó en público el uso de armas químicas,
a la misma vez que seguía ofreciéndole al régimen
de Saddam Hussein apoyo estratégico y culpaba a Irán
del haber causado el conflicto.
Cuando Rumsfeld regresó a Bagdad ese mismo mes, el Ministerio
de Relaciones Exteriores le advirtió que las relaciones
bilaterales habían sufrido un retroceso debido nuestra
condena de Irak por usar armas químicas. No obstante,
a éste se le instó que defendiera los intereses
económicos de Estados Unidos y tratara de conseguirle un
contrato a la Westinghouse y convencer al régimen iraquí
que aceptara préstamos de Estados Unidos, en particular
del Banco de Exportaciones-Importaciones, para la construcción
de un nuevo oleoducto petrolífero.
Se han publicado notas muy detalladas de las primeras reuniones
de Rumsfeld con Saddam Hussein, y no mencionan para nada los ataques
con armas químicas que Irak instigara. Hasta ahora el tipo
de memorándum de conversación que se
publicó pertinente a la reunión entre Kissinger
y Guzetti no ha surgido en cuanto a la segunda vuelta de reuniones
con el gobierno iraquí, ni siquiera después que
Washington formalmente condenara a éste por usar gas venenoso
en sus guerras.
Pero no cabe duda que en Irak, Rumsfeld empleó los mismos
métodos que Kissinger usó en relación a la
dictadura argentina. Es decir, le dijo al régimen iraquí
que la condena de Estados Unidos eran estrictamente para el consumo
del público y que Bagdad podía seguir contando con
el apoyo de Washington.
En Argentina e Irak, Estados Unidos escondió sus intereses
estratégicos y sus fines mercenarios fingiendo que le consternaban
los derechos humanos, la dictadura y el terror. Y ambos países
las masas trabajadoras han sufrido enormes tragedias.
A medida que el debate continúa acerca del posible enjuiciamiento
de Saddam Hussein por crímenes contra la humanidad, parece
que existe más evidencia de la necesaria para también
juzgar a varios destacados funcionarios de Estados Unidos, antiguos
y actuales, incluyendo a Henry Kissinger, Donald Rumsfeld, Richard
Cheney y a los dos Bush, padre e hijo.
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