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Precisamente antes de los Estados Unidos lanzar la guerra
contra Irak, el 2003 nos plantea tremenda problemática
política
Por la Junta Editorial
9 Enero 2003
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el autor
El 2003 comienza con la guerra inminente y una crisis económica
que se intensifica. En pocas semanas, las bombas estadounidenses
arrasarán con la indefensa población iraquí.
La declaración de Bush que todavía no ha decidido
lanzar la invasión es tan falsa como cínica. La
Casa Blanca ya ha autorizado el ataque militar, tal como lo muestra
bien claro el enorme despliegue de las fuerzas militares estadounidenses
en el Golfo Pérsico. Decenas de miles de tropas están
desembarcando en la región; los acompaña una armada
naval que cuenta con las armas más modernas y mortíferas.
Las respaldan cientos de aviones de guerra. Las actividades militares
especiales ya van bien avanzadas, sobretodo en la región
kurda en el norte de Irak. El bombardeo de las llamadas zonas
de no vuelo se han intensificado.
No hay nada que Baghdad pueda hacer, inclusive liquidar a Saddam
Hussein, para evitar la invasión estadounidense. Los comentarios
de Bush acerca de las infracciones iraquíes de las resoluciones
de la ONU son un pretexto obvio. El objetivo de Washington no
es desarmar a Irak, o siquiera sacar a Saddam Hussein
del poder; más bien es la ocupación del país
para apoderarse de sus campos petrolíferos.
No importa cual sea el resultado inmediato de la guerra, el
gobierno de Bush está poniendo en marcha procesos que causarán
convulsiones no sólo en el Oriente Medio, sino en todos
los rincones del mundo. La guerra ha de enfurecer la opinión
pública internacional aún más, y ello ha
de resultar en represalias violentas contra los soldados y civiles
estadounidenses que se encuentran en el exterior y dentro del
país.
En el mismo Irak, la embestida violenta de los Estados Unidos
provocará la oposición implacable. Las masas iraquíes
con toda la razón considerarán que las tropas militares
estadounidenses son invasores y opresores coloniales.
La misma justificación que guía la guerra contra
Iraq inevitablemente conducirá a guerras contra Irán,
Siria y otras naciones de la región. La campaña
de los Estados Unidos para dominar más y más los
abastecimientos mundiales del petróleo terminará
en conflictos bestiales con naciones más poderosas, inclusive
Rusia, China, y los otros grandes poderes rivales de Europa y
Japón. La conquista estadounidense de Irak iniciará
un proceso cuya última consecuencia será la tercera
guerra mundial.
Las desastrosas insinuaciones de los planes bélicos
de los Estados Unidos ya se pueden ver en las consecuencias que
la invasión de Afganistán ha producido. Un año
después de la caída del régimen de los talibanes,
la población del país, furiosa, sigue atacando los
soldados estadounidenses. La intervención estadounidense
en Asia central ha envenenado aún más las relaciones
entre la India y Pakistán, ambos quienes poseen armas nucleares.
No obstante los esfuerzos de la dictadura Pakistán para
apaciguar a los Estados Unidos, las tensiones entre Washington
e Islamabad van empeorando bajo una situación en que la
población ha dirigido su intensa ira, por medio de manifestaciones
cada vez mayores, contra los Estados Unidos y el régimen
de Musharaf. Ya han ocurrido varios choques fronterizos entre
fuerzas estadounidenses y pakistaníes.
La incitación a la guerra que el gobierno de Bush promueve
ha ocasionado la intensificación de las tensiones en la
península coreana. La retórica incendiaria y las
acciones provocadoras de Washington han hecho que Pyongyang adopte
medidas contrarias que plantean el peligro de la guerra nuclear.
Por otra parte, titánicas manifestaciones anti Estados
Unidos tambalean a Corea del Sur.
El gobierno de Estados Unidos se prepara a lanzar una ola de
violencia militar por todo el mundo; violencia que no hemos presenciado
desde las décadas del 30 y 40. El paralelo histórico
que más se parece a la política exterior del gobierno
de Bushes decir, en su dependencia desvergonzada de la fuerza
bruta y la agresiónes el de los nazis.
¿Qué cualidades destacaban la política
exterior del imperialismo alemán bajo Hitler? La expansión
perpetua del ciclo de agresión militar cuyas primeras víctimas
fueron los países débiles que no podían ofrecer
resistencia al Wehrmacht. La ocupación de naciones, el
derrocamiento de gobiernos, la instalación de regímenes
títeres. La maquinación de pretextos burdos para
justificar guerras preventivas y no provocadas. El desprecio desnudo
de las leyes internacionales y la violación de las normas
diplomáticas tradicionales. En fin, una política
de robo y saqueo.
De cualquier punto de vista que se considere, no hay ninguna
diferencia fundamental entre los métodos que los regímenes
fascistas usaron contra el mundo durante las décadas del
30 y el 40fuese el estupro de Etiopía por Italia
o la conquista alemana de Poloniay los del gobierno de Bush.
Actualmente el mundo presencia una nueva explosión del
imperialismo en su forma más violenta. El gobierno de Bush
ha emprendido la subyugación de regiones enteras del planeta
con tal de satisfacer los deseos de la clase gobernante estadounidense
para monopolizar los recursos esenciales, dominar los mercados
mundiales y apoderarse de nuevas fuentes de mano de obra super
explotada y barata.
Razones de la guerra
La intensificación de las tensiones en la península
coreana ha tenido un beneficio político: ha desenmascarado
completamente los pretextos para justificar la invasión
de Irak. El gobierno de los Estados Unidos sostiene que la guerra
se justifica porque Irak está construyendo armas para la
destrucción de masas y desafiando las resoluciones de la
ONU. Ha reclamado lo mismo contra Corea del Norte, pero, en sus
reacciones públicas, ha llegado a conclusiones radicalmente
diferentes.
Saddam Hussein se encuentra cooperando con las inspecciones
de la ONU y le faltan años, según los cálculos
del mismo Estados Unidos, para fabricar la bomba atómica.
Corea del Norte ha sacado a los inspectores de la ONU del país
y comenzado de nuevo el reactor nuclear de Yongbyong, el cual
le facilita acceso a suficiente plutonio para fabricar media docena
de bombas en seis meses. ¿La reacción de los Estados
Unidos? Intensificar las preparaciones de guerra contra Irak mientras
menosprecia la importancia del conflicto con Corea del Norte y
exhorta al diálogo arbitrado por la ONU.
Los voceros del gobierno de Bush no han podido presentar ninguna
justificación lógica para lo que un crítico
ha llamado el enfoque esquizofrénico hacia
los dos países. Y eso es porque las verdaderas razones
para la guerra contra Irak no tienen que ver nada con la propaganda
de la Casa Blanca y el Ministerio de Estado, la cual retumba sin
crítica en los órganos de prensa estadounidenses.
El gobierno habla en nombre de aquellos en la clase gobernante
que ven en el colapso de la Unión Soviética para
la oportunidad para establecer la Pax Americana, en la
cual los intereses empresarios de los Estados Unidos, respaldados
por tropas y bombas, dominan el mundo. La clave de este complot
para establecer la hegemonía del mundo es el dominio indesafiado
del continente eurasiático y el control de sus recursos
estratégicos, sobretodo el petróleo. Es a base de
esto que el imperialismo estadounidense trata de chantajear e
intimidar al mundo entero.
La web site diplomático-militar, Stratfor.com,
recientmente publicó un análisis bastante directo
acerca de los verdaderos intereses estadounidenses que están
en juego en la nueva guerra del Golfo Pérsico. Stratfor.com,
que tiene vínculos muy íntimos con ciertos individuos
poderosos en el gobierno de Bush y por lo regular vocaliza su
visión estratégica, nombró tres objetivos
primordiales: apoderarse del petróleo iraquí; transformar
a Irak en base militar para expandir las actividades militares
estadounidenses en el Oriente medio y Asia Central; y llevar a
cabo una matanza sangrienta que traumatice a la población
árabe y cimiente el dominio estadounidense-israelí
de la región.
Stratfor.com ha declarado lo siguiente:
La decisión de atacar a Irak surgió de
las necesidades psicológicas y estratégicas. Desde
el punto de vista psicológico, Washington quiere darle
una nueva definición a la manera en que los árabes
ven a los Estados Unidos. El objetivo es causar miedo y ganar
el respeto. Desde el punto de vista estratégico, los Estados
Unidos quiere ocupar a Irak para controlar el eje del Oriente
Medio: desde un Irak ocupado, puede ejercer su dominio de toda
la región. Siempre se ha presumido que la victoria en Irak
definiría de nuevo la dinámica del mundo árabe.
Varios gobierno árabes, tales como Kuwait, han aceptado
esta evolución con los brazos abiertos; otros, como la
Arabia Saudita, son aterrados por ella. Todos comprenden que un
Irak ocupado por los Estados Unidos cambiaría la región
de manera decisiva. Los Estados Unidos se convertiría,
sin ninguna ambigüedad, en heredero de los imperios británico
y otomán en el mundo árabe.
El petróleo sería una de las palancas de
ese poder. Si los Estados Unidos establece control de los abastecimientos
petrolíferos de Iraklos segundos mayores del mundolos
precios del petróleo podrían bajar estrepitosamente,
y las naciones árabes serían privadas de las maniobras
que usan en la OPEP para establecer su política. Las naciones
ricas en petróleoprincipalmente la Arabia Sauditaprobablemente
no podrían mantener sus economías a flote. Puede
que la realidad económica logre lo que la indignación
popular no pudo el cambio de régimen.
Y también tenemos a Israel. La derrota de Irak,
que es de los enemigos más vociferantes de Israel, establecería
al estado judío y a Washington como los poderes dominantes
de la región y forzaría a los gobiernos árabes
a vivir bajo la amenaza perpetua de la destrucción económica
y militar. Los dirigentes árabes también temen que
Israel, embriagado por la derrota de Irak, empujaría a
los palestinos aún más allá de Transjordania
y la Franja de Gaza y los obligaría a emigrar a otros países
vecinos. Un éxodo forzado de este tipo crearía una
catástrofe humana épica que los gobiernos árabes
no podrían resolver.
La crisis del capitalismo estadounidense
En cuanto a la política exterior, el gobierno de Bush
exhibe cierta temeridad increíblemente enloquecida. La
doctrina de Bush de la guerra preventiva y su aplicación
inicial en el Golfo Pérsico tiene insinuaciones profundamente
desestabilizadoras no sólo para el Oriente Medio, sino
para el mundo entero. La invasión y ocupación estadounidense
de Irak socavaría a todos los regímenes árabes
burgueses al mismo tiempo que las tensiones entre los Estados
Unidos por una parte y Europa y Japón por otra se intensifican.
Irán, India, Pakistán, China y otras naciones llegarán
a la misma conclusión: la única manera de repeler
un ataque de los Estados Unidos consiste en desarrollar, lo más
rápido posible, las armas nucleares.
Washington está haciendo añicos de toda la estructura
de relaciones internacionales que por más de medio siglo
ha hecho posible cierto nivel de estabilidad y aguantado las contradicciones
que dos veces durante el Siglo XX llevaron a conflagraciones mundiales.
Esta política, cuyas enormes insinuaciones los que tienen
las riendas del poder casi apenas pueden predecir, no refleja
la confianza; refleja un sentido muy profundo de crisis. El imperialismo
estadounidense es muy poderoso, pero sus contradicciones son aún
mucho más poderosas. El poderío militar de los Estados
Unidos se basa en una economía más y más
frágil. La temeridad del gobierno de Bush es reacción
a la ansiedad cada vez mayor de los ámbitos gobernantes
en cuanto al deterioro de la economía estadounidense y
las insinuaciones convulsivas que la profundizante crisis social
tiene para el interior del país.
Uno de los elementos principales de la política exterior
del gobierno de Bush es la idea que, al apoderarse de los recursos
importantes del mundo, el capitalismo estadounidense podrá
superar las dificultades económicas intratables. Es la
manera de usar el poder militar para vencer los problemas económicos
para los cuales la clase gobernante de los Estados Unidos no tiene
ninguna solución. Se multiplican, pues, los comentarios
provenientes de Washington y los círculos intelectuales:
que si los Estados Unidos se apodera de las instalaciones petrolíferas
de irak, el impacto sobre los precios mundiales del petróleo
será muy beneficioso.
El capitalismo estadounidense se enfrenta cara a cara a una
crisis económica y financiera más y más desesperada.
Aumenta el desempleo. Las tasas de inversiones y producción
industriales se han estancado o declinan. Las deudas empresariales
y de individuos han llegado a niveles que baten el récord.
Los gobiernos de los estados del país entero están
en bancarrota. El déficit del presupuesto federal otra
vez aumenta. La temporada comercial navideña ha sido tan
pésima que ha exacerbado las ansiedades de los ámbitos
gobernantes, lo cual indica que el sector de la economía
que más fuerte se había mostrado contra la tendencia
hacia la recesiónlos gastos consumidoresestá
declinando.
La prosperidad especulativa de Wall Street durante la década
del 90 precipitó la crisis actual. Se calcula que aproximadamente
acciones en valor de $2.6 billones fueron borradas del mapa durante
2002, lo que resultó en una pérdida total a $7 trillones
desde que Wall Street llegara a su apogeo durante el verano del
2000.
El año pasado fue la primera vez desde la Gran Depresión
que los precios de las acciones disminuyeron tres años
seguidos. Luego de comenzar el año a un nivel de 10,000,
el promedio del índice de Dow Jones titubeó con
7,000 en julio y luego en octubre. Dow Jones disminuyó
16.8%, lo cual representa la peor baja anual desde 1977. El mes
pasado la caída fue de 6%, la peor durante el mes de diciembre
desde 1931. El índice de Standard & Poor, que
es más amplio, mostró una baja de 23%. NASDAQ disminuyó
33% y ha perdido tres cuartos de su valor desde el 2000.
Estas pérdidas gigantescas afectan la economía
general inexorablemente. Las bancarrotas de las empresas y de
individuos han alcanzado niveles que baten el récord. Durante
2001-2002, las empresas estadounidenses sufrieron un incumplimiento
de pago de bonos mayor que durante los 20 años previos.
Las inversiones empresariales casi no existen. Y luego de un año
de escándalos empresariales Enron, WorldCom,
Global Crossing, Tyco, etc.vinculados al colapso
del mercado de acciones, la confianza del público en cuanto
el comercio estadounidense y el sistema capitalista ha llegado
a su nivel más bajo desde la Depresión.
A pesar de las aseveraciones del gobierno de Bush que la economía
de los Estados Unidos se está recuperando, ésta
en realidad se tambalea. El desempleo ha alcanzado las cifras
más altas en ocho años, y la confianza del consumidor
cayó estrepitosamente durante diciembre. Las ventas al
por menor durante la temporada navideña fueron las más
bajas en 30 años. Las tiendas que venden a precios baratos
y sirven a los consumidores de la clase obrera sufrieron los peores
estragos.
Las condiciones de vida del pueblo trabajador se deterioran
rápidamente. Casi todos los estados del país van
a reducir los gastos de los servicios sociales, justamente a medida
que el desempleo y la pobreza crecientes requieren mayor socorro.
El 8 de diciembre, el gobierno de Bush redujo el seguro de desempleo
para 800,000 trabajadores desempleados luego que los Republicanos
del Congreso, con mínima oposición de los Demócratas,
bloquearon la extensión de los beneficios que se había
propuesto.
Aumenta la presión sobre la posición internacional
del capitalismo estadounidense. Los inversionistas extranjeros
en los mercados financieros de los Estados Unidos se han dado
cuenta que los valores de sus bienes disminuyen violentamente
y puede que comiencen a retirar sus fondos, lo cual haría
imposible que los Estados Unidos pueda resolver su enorme déficit
en la balanza de pagos, la cual ahora llega a los $500 billones
anuales. Esto a la vez pone en duda la estabilidad del dólar
estadounidense, el cual forma la base del sistema económico
mundial. Contra el dólar disminuyó 15.2% contra
el euro y 9.8% contra el yen durante 2002.
Se evidencia más y más que, por primera vez desde
la década del 30, la economía internacional va entrando
en un período de deflación mundial, círculo
vicioso en que los precios caen, los valores de bienes se van
abajo, el crédito deja de existir, la producción
se contrae, el comercio declina, y el sistema de ganancias, para
todo propósito, básicamente se detiene.
La política exterior del gobierno de Bush no menos deriva
su ímpetu de las exigencias políticas interiores,
las cuales se arraigan en las insinuaciones sociales explosivas
que el estancamiento económico produce. Al gobierno estadounidense
lo domina el imperante de distraer y confundir la opinión
pública por medio de toda una serie de provocaciones que
no tienen fin: alertas terroristas, crisis diplomáticas
y militares y guerras. Aquí podemos comparar una vez más
la posición del capitalismo estadounidense a la de la Alemania
nazi durante la década del 30, cuando el régimen
de Hitler tomó el rumbo de la guerra como única
reacción a las contradicciones sociales que aumentaban
en el país.
El gobierno de Bush usa los métodos de los pandilleros
internacionalesla violencia, el chantaje y las mentirasy
los combina con la represión interna. La enorme concentración
de poderes policiales en manos del gobierno federal desde el 11
de septiembre, 2001, no tiene que ver nada con proteger a los
ciudadanos ordinarios del peligro terrorista. Más bien
su objetivo es facilitar la agresióncada vez más
abiertacontra las normas de vida y los adelantos sociales
previos de la clase obrera estadounidense.
No es coincidencia que Bush ha insistido que el proyecto de
ley que establece el nuevo Ministerio para la Seguridad de la
Patria le quita a todos los trabajadores del gobierno federal
todo derecho de sindicato y civil. Esta medida tan agresiva forma
parte de un cuadro más amplio en el cual la seguridad
nacional y la guerra contra el terrorismo son
pretextos para exigirle a los trabajadores mayores sacrificios
sin fin y privarles de todo medio legal para defenderse contra
las intrusiones de los patronos empresariales. Este es el significado
de la decisión que el gobierno tomara para forzar a la
Aerolínea United declararse en bancarrota, acción
que le da la luz verde a las empresas gigantes de la industria
aérea y a otras para romper los contratos, imponer reducciones
sin precedente de los salarios y beneficios e intensificar la
explotación industrial a través de la aceleración
de la mano de obra, horas adicionales forzadas y la eliminación
de todas las normas de salubridad y seguridad en el trabajo.
La lucha contra el imperialismo
La guerra venidera contra Irak incurrirá gastos enormes.
Exacerbará todos los problemas económicos internos
del capitalismo estadounidense e intensificará la crisis
social interna. Ocasionará la agresión mayor contra
la clase obrera, no sólo en cuanto a sus derechos democráticos,
sino también sus intereses sociales. Los empleos, el cuidar
de la salud, las pensiones, la educación y la vivienda
todos sufrirán peores ataques como consecuencia de la guerra.
La clase gobernante de los Estados Unidos ha emprendido una
política que inevitablemente terminará en catástrofe.
La oligarquía que controla la economía, obsesionada
con agrandar sus riquezas personales, está poniendo en
movimiento fuerzas sociales enormes que no comprende. La historia
nos enseña que la guerra es el recurso más peligroso
de la política del estado. Inevitablemente produce consecuencias
que no se pueden predecir. El precipitado rumbo que Washington
ha tomado hacia la guerra engendrará luchas anti imperialistas
por todo el mundo e intensificará la protesta y la resistencia
social en el interior del país.
La agresión sangrienta contra una nación empobrecida
y oprimida causará náusea en el exterior y el interior
de la nación. No existe en los Estados Unidos ningún
apoyo de las masas para el barbarismo que el gobierno de los Estados
Unidos se prepara a desatar.
Ya se levanta una ola de oposición anti imperialista
en Europa y Asia. Pero aquellos que quieren luchar contra el imperialismo
de los Estados Unidos no pueden tener ninguna ilusión en
los rivales imperialistas de Washington. No obstante el sentimiento
anti bélico popular o el temor que sienten hacia las consecuencias
de la guerra, las burguesías europea y japonesa no pueden
efectivamente contrarrestar la política que Washington
sigue. Sea por medio del chantaje o de las amenazas, todas eventualmente
caerán en línea recta ante el poder hegemónico
imperialista.
El dominio actual que los Estados Unidos ejerce sobre los demás
poderes imperialistas es expresión muy específica
de las contradicciones fundamentales del capitalismo mundial.
Dos veces durante el Siglo XX, estas contradicciones estallaron
en guerras mundiales. Los Estados Unidos salió de la Segunda
Guerra Mundial como poder imperialista dominante, pero su influencia
fue limitada por la existencia de la Unión Soviética,
la Revolución China y las luchas de masas que acompañaron
el colapso de los imperios coloniales europeos. El colapso de
la URSS en 1991 ha rendido inexistente toda barrera contra las
acciones militares de los Estados Unidos y ha dejado la puerta
abierta para la nueva explosión de violencia imperialista.
Los apologistas del capitalismo alabaron el fin de la Guerra
Fría como si éste hubiera sido el fin de la
historia, pero la nueva explosión del militarismo
demuestra que los convenios que se hicieron luego de la Segunda
Guerra Mundial no resolvieron la crisis del capitalismo mundial.
La crisis se arraiga en las contradicciones que existen entre,
por una parte, una economía mundial muy avanzada e integrada
y las restricciones del sistema de estados-naciones dentro del
cual el sistema capitalista de ganancias se desarrolló
y al cual está atado.
La contradicción esencial que ocasionó las guerras
y las revoluciones del Siglo XX inexorablemente conduce a una
nueva explosión. El intento de los Estados Unidos en establecer
su dominio mundial nos muestra que una crisis revolucionaria internacional
también se acerca. La consecuencia final será el
resbalo hacia el barbarismo o el progreso de la humanidad hacia
el socialismo.
El año venidero nos plantea una problemática:
ofrecerle al creciente movimiento contra la guerra el programa
sobre el cual la clase obrera internacional puede movilizarse
como fuerza política independiente. Ya evoluciona la oposición
dentro de los Estados Unidos contra la política rapaz de
Bush en el interior y el exterior del país. Las declaraciones
de la prensa que Bush es popular con el pueblo estadounidense
son falsas y cínicas. El presunto apoyo que las masas le
dan a Bush es en realidad un reflejo invertido y distorsionado
de la ausencia de toda oposición seria por parte del Partido
Demócrata y todos los otros sectores de la élite
política.
Hasta las encuestas de la prensa muestran que la oposición
del público contra la guerra ha aumentado, a pesar del
colapso de toda oposición por parte del Partido Demócrata.
Según una de las últimas encuestas, aún si
se presume que los soldados estadounidenses no han de sufrir bajas,
la mayoría se opuso al ataque unilateral contra Irak.
La clase obrera de los Estados Unidos tiene la gran responsabilidad
de oponerse a la política rapaz del gobierno de Bush. No
debe permitir que al pueblo estadounidense se le implique en crímenes
de guerra perpetrados en su nombre.
Los trabajadores estadounidenses que buscan una alternativa
al programa de guerra y reacción política de Bush
tienen que aprender las lecciones políticas del colapso
del liberalismo y el cambio drástico hacia la derecha de
los dos partidos capitalistas. Es necesario soltarse de la camisa
de fuerza impuesta por el sistema de dos partidos y establecer
un movimiento político independiente del pueblo trabajador
que adelanta la alternativa socialista al sistema capitalista.
El próximo mes se celebrará el quinto aniversario
del comienzo de la World Socialist Web Site, órgano
político del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
y los Partidos Socialistas por la Igualdad en todo el mundo. A
medida que nos acercamos a este importante acontecimiento, nos
comprometemos a intensificar nuestros esfuerzos por convertir
a la WSWS en foco político para el fomento de un
movimiento socialista independiente de la clase obrera internacional
contra el militarismo estadounidense y el imperialismo internacional.
Este movimiento debe oponerse, franca y abiertamente, al sistema
capitalista. Tiene que vincular la lucha contra las guerras imperialistas
a un programa que aboga por la redistribución de la riqueza
de los ricos al pueblo trabajador con el mayor alcance posible.
Esto significa que debemos socavar la riqueza y los privilegios
atrincherados, inclusive la expropiación de los monopolios
oligárquicos financieros y empresariales, para convertirlos
en empresas públicas regidas a base de la planificación
científica bajo el control de la clase obrera.
La cantidad de lectores de la WSWS, que cada día
aumenta más y más, muestra la posibilidad de establecer
este movimiento. Todos los días miles de lectores leen
la WSWS, que publica sus artículos en una docena
de idiomas extranjeros, y tiene partidarios y corresponsales en
una misma cantidad de países y en todos los continentes.
Convocamos a todos nuestros lectores y partidarios que amplíen
la influencia de la WSWS, que distribuyan sus comentarios
y declaraciones y que contribuyan con sus propios artículos.
Los convocamos a que se comuniquen con la WSWS, que se
unan a nuestro movimiento y que participen en la formación
del Partido Socialista por la Igualdad en los Estados Unidos y
en las otras secciones del Comité Internacional de la Cuarta
Internacional en todo el mundo.
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