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Los verdaderos problemas políticos de la lucha contra
la guerra
Declaración de la Junta editorial de la World
Socialist Web Site
23 Enero 2003
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el autor
La retórica del gobierno de Bush, que cada vez se torna
más y más belicosa y temeraria en medio de la expansión
inexorable de las fuerzas estadounidenses en el Oriente Medio,
significa que la guerra es inevitable. Todas las acciones y declaraciones
del gobierno de los Estados Unidos contradicen la del presidente
Bush: que todavía no ha tomado la "decisión
final". La realidad es que la invasión y ocupación
de Irak han sido de los objetivos estratégicos de mayor
importancia del gobierno de Bush desde que éste tomara
las riendas del poder.
No hay nada que el gobierno de Irak pueda hacer a menos
que invite a las tropas estadounidenses a ocupar a Baghdad - que
satisfaga al gobierno de Bush. Las críticas interminables
de las "armas para la destrucción en masa"
de Hussein las cuales han comprobado ser "fantasmas",
pues no se ha encontrado el menor vestigio de ellas casi dos meses
después de las inspecciones intrusas - nunca han sido otra
cosa más que propaganda cuyo objetivo es crear el pretexto
para la guerra de conquista.
Si la guerra llega a postergarse lo cual parece casi
imposible sólo sería por corto tiempo. Más
temprano que tarde se encontraría un nuevo pretexto, si
no contra Iraq entonces contra Corea del Norte, Irán, o
cualquier otra nación que la clase gobernante de los Estados
Unidos considere barrera a sus intereses mundiales.
Reconocer que la guerra es inevitable no significa ser pesimista;
es realismo político. Este realismo es requisito fundamental
para fomentar una estrategia, efectiva a largo plazo, que se base
en el desarrollo de un poderoso movimiento de las masas contra
la explosión internacional del imperialismo estadounidense.
Es razonable y necesario manifestar contra la política
de guerra del gobierno de Bush. Pero manifestaciones contra la
guerra, como las que toman lugar el 18 de enero en Washington
y otras ciudades, son únicamente el primer paso. Hay que
echar las bases para transformar la protesta popular en lucha
política de masas, basada en la clase obrera, no sólo
contra el gobierno de Bush, sino también y sobretodo contra
los intereses sociales y económicos que se expresan en
la política pro guerra de Bush.
La guerra que dentro de poco se lanzará no resulta únicamente
de un gobierno reaccionario. Se arraiga en la crisis económica,
cada vez más desesperada, del capitalismo estadounidense
y los intereses esenciales de su clase gobernante.
La política exterior del gobierno de Bush se vincula
inextricablemente a su política interior. La guerra contra
Iraq es la expresión internacional del mismo programa político
y económico que el gobierno sigue en los Estados Unidos
mismo. Sea en el interior o en el extranjero, el gobierno estadounidense
sirve los intereses de la oligarquía financiera que controla
los partidos Demócrata y el Republicano.
La oligarquía desea la guerra contra Irak por las siguientes
razones: 1) la conquista de Irak pondrá las segundas reservas
mayores de petróleo del mundo bajo el dominio de las empresas
estadounidenses; 2) la ocupación de Irak por los Estados
Unidos, según opinan los estrategas de Washington, permitirá
que los Estados Unidos controle gran parte de Eurasia, intimidará
política y militarmente todo rival actual y potencial,
y formará las bases para un nuevo imperio estadounidense;
y 3) el gobierno de Bush y sus cómplices en los órganos
de prensa, con el espectáculo de la sangrienta conquista
militar, esperan distraer al pueblo estadounidense de los problemas
económicos intratables y las contradicciones sociales explosivas
dentro de los Estados Unidos.
A fin de cuentas, la guerra en Irak es una acción imperialista
reaccionaria; guerra de saqueo cuyo objetivo principal es la subyugación
del mundo entero bajo los talones rapaces de Wall Street.
Aún si el gobierno de Bush, luego de asesinar a cientos
de miles iraquíes, pudiera lograr sus objetivos militares,
la lógica de la conquista imperialista conducirá
a conflictos todavía más sangrientos contra Irán,
Pakistán, Corea del Norte y China. Además, la campaña
de Washington para establecer su hegemonía mundial ha de
conducir a amargos choques contra sus "aliados"
en Europa y Japón, a quienes las acciones de los Estados
Unidos ponen cada vez más inquietos y nerviosos.
Por consiguiente, tal como sucediera durante el Siglo XX, el
imperialismo inexorablemente conduce a la guerra mundial. Durante
el siglo pasado, la guerra imperialista causó que la humanidad
pagara un precio horrible: decenas de millones de vidas. Durante
el Siglo XXI, a menos que la clase obrera estadounidense e internacional
le pongan fin - el precio alcanzará los billones.
Si algo debe aprenderse de las tragedias del siglo pasado,
es que la única reacción viable a la guerra imperialista
es la movilización política independiente de la
clase obrera en la lucha por el socialismo internacional; es decir
por la igualdad social y la democracia verdadera.
Como elemento esencial, esta perspectiva requiere la repudiación
incondicional e inequívoca del Partido Demócrata.
Todo aquel que proponga "reformar" a este partido
capitalista reaccionario se engaña a sí mismo o
es un charlatán. Una y otra vez, la subordinación
de los movimientos de masas a este partido ha resultado en la
traición y la derrota.
El Partido Demócrata entero está implicado en
la política interna e internacional del gobierno de los
Estados Unidos. No se puede olvidar que la política del
gobierno de Bush es en realidad una expresión más
radical de la del gobierno de Clinton, quien, además de
imponer sanciones bestiales contra Irak, llevó a cabo ataques
militares contra Somalia, Yugoslavia y el mismo Irak.
Sería imposible que Bush pudiera llevar a cabo la guerra
en Afganistán o la que se acerca contra Irak
sin el apoyo que el Partido Demócrata le ha brindado. Los
Demócratas le dieron a Bush los votos necesarios para obtener
el permiso del Congreso para lanzar la guerra contra Irak; la
debacle que los Demócratas sufrieron en las elecciones
recientes expresó su incapacidad para montar toda oposición
seria al gobierno e Bush. La decisión de Al Gore de no
postularse para las elecciones presidenciales del 2004 significa
un viraje aún más obvio hacia la derecha. Todos
los Demócratas destacados que pretenden ser presidente
apoyan la guerra y la política represiva de Bush en el
interior del país.
Los dos partidos son muy unidos en cuanto a las cuestiones
fundamentales de los intereses clasistas de la oligarquía
que controla la economía. El Partido Demócrata es,
y siempre ha sido, un partido imperialista. Difiere del gobierno
de Bush en cuanto a tácticas, no fundamentos.
La formación de un movimiento exitoso contra la guerra
requiere la ruptura con el Partido Demócrata y un viraje
resoluto hacia la clase obrera, quien constituye la gran mayoría
de la población estadounidense. Basar este movimiento en
la clase obrera significa que debemos vincular la lucha contra
la guerra a la lucha por los empleos, los servicios sociales,
la salud, la educación escolar y la defensa de los derechos
democráticos.
Significa que la lucha contra el militarismo debe basarse en
un programa que franca y abiertamente se oponga al sistema capitalista;
que vincula la lucha contra la guerra imperialista al traslado,
con el mayor alcance posible, de la riqueza de la clase gobernante
a manos del pueblo trabajador. Ello significa medidas agresivas
contra los privilegios y la riqueza atrincherada, inclusive la
expropiación de las oligopolios financieros y empresariales
para convertirlas en empresas públicas basadas en la planificación
científica bajo el control democrático de la clase
obrera.
La explosión de luchas sociales en los Estados Unidos
ya ha comenzado. La huelga reciente contra General Electric
es sólo una expresión del profundo malcontento social
que el pueblo trabajador de todo el país siente más
y más. El resurgimiento de la lucha de clases es la refutación
más decisiva a aquellos que aseveran que el movimiento
socialista de masas es imposible, que la clase obrera de los Estados
Unidos no tiene ningún interés en oponerse a la
política de su gobierno, que no es fuerza progresista y
revolucionaria, etc.
La clase obrera es naturalmente una clase internacional cuyos
intereses se esparcen por todas las naciones, razas y religiones.
La oposición al capitalismo internacional debe ser internacional.
Ello significa que el movimiento contra la guerra no puede subordinarse
a los gobiernos capitalistas de Europa o a las Naciones Unidas,
"cueva de ladrones" e instrumento servil de
los poderes imperialistas principales.
Aunque nos solidarizamos con los miles que se han reunido en
Washington y otros lugares durante este fin de semana, la World
Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad
se oponen fundamentalmente a la perspectiva de los grupos e individuos
que organizan las manifestaciones y que tratan de dar credibilidad
al Partido Demócrata y a las Naciones Unidas, creando así
la ilusión que estas instituciones imperialistas pueden,
de alguna manera u otra, ser transformadas en instrumentos de
paz y democracia. Afirmamos incondicionalmente la independencia
política de la clase obrera de todos los partidos y representantes
políticos de la clase capitalista.
Debemos crear un movimiento socialista independiente de la
clase obrera. El Partido Socialista por la Igualdad de los Estados
Unidos y los partidos fraternales por todo el mundo que constituyen
la Cuarta Internacional están formando semejante movimiento.
La World Socialist Web Site es órgano político
de la Cuarta Internacional. Le insta a todos los que se han dedicado
a la lucha contra la guerra que se unan al PSI, que contribuyan
a la WSWS, que distribuyan sus materiales y que nos ayuden
a expandir su influencia en la clase obrera internacional y de
los estados Unidos.
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