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: Español
Muerte de un joven marino de guerra en Irak
Entrevista con el padre de Jesús Suárez del
Solar
Por Rafael Azul y Ramón Valle
20 Diciembre 2003
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el autor
Jesús Alberto Suárez
del Solar, uno de los primeros marinos muertos durante la invasión
de Irak, habría cumplido los 21 años el 16 de noviembre.
Había sido asignado a la Primera División del Batallón
Blindado y Ligero de Reconocimiento [Light Armored Reconnaisance
Battalion], ubicada en la Base Militar Pendleton, California.
Su padre, Fernando, habló con la WSWS el 14 de noviembre.
Jesús murió en el campo de batalla el 27 de marzo,
2003, en circunstancias que la Marina de Guerra todavía
no ha aclarado completamente. Al principio, las autoridades militares
le informaron a sus padres y a su esposa que había sufrido
heridas en la cabeza, víctima de fuego enemigo. También
le ofrecieron a la familia otra versión: que había
pisado una mina iraquí mientras servía de guardia
en un campamento temporario.
Pero ahora parece que, mientras iba de patrulla, había
pisado una granada de metralla sin explotar que las mismas fuerzas
armadas de Estado Unidos habían tirado en la zona el día
anterior. Este explosivo tiene un solo propósito: causar
la mayor cantidad posible de bajas. Cuando explota, los fragmentos
metálicos se dispersan como balas por todos lados. Jesús
había estado a cargo de un escuadrón que, al entrar
en dicha zona, accidentalmente causó la explosión.
Estuvo en agonía por dos horas. Llegó un helicóptero
de rescate, pero demasiado tarde. Murió de sus heridas.
Su esposa, Sayne; su hijo de dos años, Eric; sus padres,
Rosa y Fernando Suárez; y tres hermanas hoy guardan luto.
El agosto pasado, Fernando y Rosa asistieron a una reunión
de las familias de los soldados. Allí pronunció
las siguientes palabras: "Mi pregunta al Sr. Bush es la siguiente:
¿cuántos hijos más han de morir antes de
que usted regrese las tropas al país?" Fernando ha
laborado extensamente para establecer los hechos verídicos
de la experiencia de Jesús con los militares y clarificar
las circunstancias de su muerte.
Fernando se opone vociferantemente a la ocupación de
Irak por Estados Unidos. Le ha dirigido la palabra al público
durante varias manifestaciones en contra de la guerra. También
se ha dirigido a muchos estudiantes de escuelas preparatorias
(normales), a quien les habla de las tácticas fraudulentas
que las fuerzas militares emplean para reclutar a los jóvenes
de la clase obrera. Siempre exige que Estados Unidos inmediatamente
retire todas sus tropas de Irak. Por otra parte, Rosa ha rehusado
participar en público, pero ha expresado inquietudes que
los más de 450 soldados estadounidenses muertos en Irak
serán olvidados; que se convertirán en meras estadísticas.
¿Por qué ingresan tantos jóvenes, mujeres
y hombres, a las fuerzas armadas? La razón no es única,
pero muchos, quizás la mayoría, lo hacen porque
confían en que recibirán capacitación para
desempeñar ciertos oficios o que podrán recibir
ayuda económica para financiar sus estudios universitarios.
Otros, como Jesús, ingresan porque sinceramente desean
crear un mundo mejor. Y la Marina de Guerra no desperdició
un minuto en manipular y explotar estos ideales.
Fernando, Rosa y los niños partieron de Tijuana, México,
ciudad justamente al sur, y no muy lejos, de San Diego, California.
Fernando había sido militante y partidario de obtener servicios
públicos para los pobres.
La WSWS entrevistó a Fernando en la ciudad de Escondido,
en las afueras de San Diego. Describe como las experiencias de
Jesús, como marino de guerra en Iraky sobretodo en
Kuwait transformaron sus ideas acerca del militarismo.
"Mis hijos y mis hijas vivieron conmigo ese proceso. A
veces yo los llevaba conmigo. En una ocasión íbamos
caminando por una colonia y salió una señora corriendo
pidiendo ayuda para un niño convulsionándose con
drogas. Entramos en una casa superpobre donde la gente llevaba
los botes de basura a sus casas y ahí buscaban la comida.
Hay gente muy maldita, gente desgraciada a quienes no les importa
la vida de los demás. Les venden drogas a niños,
o les regalan drogas para después usarlo de ladrones.
"Esas experiencias le impactaron mucho a Jesús
y a su hermana Olivia. Después decidieron dedicarse a combatir
la epidemia de drogas. Él, estando en la escuela secundaria,
iba a las escuelas primarias a ayudar a dar cursos en contra de
las drogas. Le gustaba estar en contacto con niños."
Cuando la familia se mudó a California del Sur, lo hizo
en gran parte porque Jesús y una de las hijas, Olivia,
querían graduarse de la normal en esa región del
estado. Creían en ese entonces que ello los ayudaría
a ingresar en la Marina de Guerra y así lograr sus sueños:
combatir el tráfico de drogas de manera eficaz y directa.
Para reclutar a los jóvenes, los militares de Estados Unidos
gastan una fortuna para producir anuncios de televisión,
que entonces envían al otro lado de la frontera. Jesús
y Olivia, jóvenes impresionables, mordieron el anzuelo
de la propaganda y llegaron a creer que podían ingresar
a unidades militares estadounidenses dedicadas a la guerra contra
las drogas. Pensaban con toda el alma que ayudarían a ponerle
fin al tráfico de drogas que había azotado a Tijuana
y arruinado a tantas vidas jóvenes.
Jesús asistió a dos escuelas normales: San Pasqual
High School y Valley High School, ambas ubicadas en Escondido.
Tras ingresar a la Marina de Guerra, partió para la Base
de Pendleton, cerca de San Diego, donde recibiría su entrenamiento
militar. El oficial de la Marina de Guerra que lo había
reclutado le había asegurado que, una vez terminado el
entrenamiento, se le daría la oportunidad de participar
en una unidad para la interdicción de drogas. En ese momento
Jesús no tenía más que 18 años de
edad.
Los reclutadores de la Marina de Guerra y de las otras fuerzas
militares tienen completa libertad para entrar en las escuelas
normales y universidades comunitarias de dos años de duración.
Les incumbe contestar todas las preguntas de los estudiantes,
pero hay límites: no tienen que ofrecer ninguna información
negativa. Todas las promesas y garantías que le ofrecen
a los estudiantes acerca de becas y carreras reflejan las necesidades
de los militares, no de los reclutas.
Continúa el padre:
"Yo puedo decir que Jesús entró medio ciego
al ejército. Siento que el noventa por ciento de los muchachos
entran al ejército a ciegas. Al principio se veía
haciendo carrera en el ejército. Después de tres
meses de entrenamiento, su mentalidad cambió por completo.
"Él entra al proceso de entrenamiento y escribe
cartas a su mamá diciendo que estaba muy bien, que lo cuidaban
mucho. Nosotros podíamos ir a verlo, pero él no
podía vernos a nosotros. Uno va los domingos a misa en
un segundo piso. Desde ahí ven a los muchachos pero éstos
no pueden alzar la vista para ver a los padres. Mi esposa desde
ahí empezó a tener recelo.
"Un día, cuando los uniformados iban saliendo de
la iglesia, Jesús alza la vista y mi mujer le avienta un
beso. Mi hijo ya tenía un grado. Se lo quitaron y lo castigaron
por alzar la vista para ver a su madre. Él dice en una
carta, Mamá, por favor no me hagas señas;
me castigan'".
El 11 de septiembre, 2001, Jesús todavía estaba
en la Base de Pendleton. Los ataques terroristas de ese día
lo afectaron profundamente y le cambiaron la vida para siempre.
Cuando Jesús por fin se graduó del entrenamiento
y Fernando usa las palabras "humillante" y "deshumanizante"
para describir el proceso ya su desencanto con la Marina
de Guerra era grande. Había comenzado a cuestionar las
razones con que había justificado su ingreso a la Marina
de Guerra. Tanto cambió de parecer que decidió no
enrolarse en la Marina una vez cumplido los requeridos dos años
de servicio militar. Durante gran parte de su entrenamiento, su
sargento lo había humillado con insultos racistas anti
mexicanos. También sufrió castigos físicos
y emocionales. Su padre nos cuenta:
"Mi hijo me contó que dos o tres veces que el
desgraciado sargento me gritó yo era una m-da mexicana;
que era eres un po m-n mexicano. Yo me tenía
que quedar callado. Un día no me aguanté y le contesté
que yo iba a ser mejor marine que él. Me dio una cachetada
que me tumbó al suelo y me hizo hacer 100 lagartijas con
un muchacho parado sobre mi espalda. Cuando me levanté
le volví a decir el sargento que yo era mexicano y mejor
marine que él. Me volvió a hacer más lagartijas.'
"Otra cosa que él sufrió es que los hacían
comer en dos o tres minutos. Si no terminaban la comida tenían
que recoger el plato e irlo a tirar a un tanque donde revolvían
la comida de todos. En la noche tenían que servirse de
ese tanque para comer la comida fría."
La unidad de Jesús fue enviada a Kuwait en 2002. Durante
su estadía en ese país, presenció un suceso
que también lo afectó profundamente: un grupo de
llamados terroristas atacaron sus barracas. Los soldados estadounidenses
persiguieron y rodearon a los guerrilleros en un edificio de apartamentos.
El tiroteo que se armó no discriminó a nadie; mujeres
y niños murieron acribillados a balazos. Cuando Jesús
entró en el edificio bajo órdenes para a ayudar
a sacar los cadáveres, se quedó horrorizado con
la indiferencia con que los marinos habían tratado a esa
pobre gente inocente. Fernando recuerda:
"Al día siguiente mi hijo me llama por teléfono
y dura seis horas en el teléfono llorando por lo que había
visto. Me dice: Papá yo no soy asesino, ni me metí
al ejército para matar mujeres y niños. Lo que vi
aquí fue horrible'. Le dije que fuera al psicólogo.
No, el psicólogo me dice que soy un marine y que
no debo llorar'. ... A cierto nivel él comenzaba a dudar
sobre las intenciones de atacar a Irak. Desgraciadamente, el sistema
de lavado de cerebros del ejército lo tenía convencido
que era necesario la guerra. Cuando él me avisa que se
va a ir me dijo, Bush puede mentirnos todo lo que quiera.
Pero cuando yo estuve en la frontera de Kuwait con Irak viendo
a esos niños muriéndose... yo quisiera que esos
niños tengan una vida mejor. Es por eso que yo voy a participar
en esta guerra'. Él entendía que Bush estaba mintiendo.
Sin embargo el forja un ideal personal para auto justificar el
porqué iba a la guerra".
Jesús falleció el 27 de marzo, el mismo día
que padre le dirigía la palabra a una manifestación
en contra de la guerra.
Fernando continúa su historia:
"El 28 de marzo, a las ocho y quince de la mañana,
llegaron tres soldados de la Base de Pendleton: un sacerdote militar
y dos soldados. Yo acababa de salir, sonó el celular. Era
mi esposa gritando en el teléfono ¡Qué
se larguen; son pájaros de mal agüero!' Sin haber
visto a los soldados yo ya sabía que estaba pasando. El
sargento me informó que estaban esperando a la esposa de
Jesús. Lo agarré, lo sangoloté y lo obligué
a que me dijera, Suárez es un héroe, murió
anoche en el campo de batalla en Irak. Recibió un balazo
en la cabeza'.
"No nos podían decir más. Los saqué
de la casa y los hice esperar a la esposa de Jesús en la
calle. Lo peor fue que dos días después, en la televisión,
pasan la ceremonia en memoria de él en Irak. Su sargento
dice fue un fatal accidente, Jesús pisó una
bomba americana'. Suena el teléfono; era un periodista
del San Diego Union-Tribune. Ahí me entero que el ejército
había aventado cluster bombsbombas del tamaño
de pelotas de ping pong, que caen sin hacer ruido y que son como
fragmentariasel 26 de marzo. El 27 la compañía
de Jesús recibe órdenes de avanzar sobre ese mismo
terreno, sin que nadie les diga sobre esas bombas. Jesús
va al frente. Caminaban en cuclillas. Era de noche y tenían
puesto sus lentes de visión nocturna. Iban vigilando no
el suelo sino posibles enemigos en derredor cuando mi hijo pisa
una bomba de esas. Dura casi dos horas sin recibir atención
médica.
"Hace cuatro semanas en una ceremonia en Camp Pendleton,
en honor para los 39 marines que han muerto en Irak. Allí
me enfrento con el comandante que se acerca hipócritamente
a dar el pésame a cada familia. Digo hipócritamente'
porque siento que a ellos no les importa en lo más mínimo
nuestro dolor o las muertes de nuestros muchachos. Le pedí
que me dijera la verdad sobre como murió mi hijo. Ahí
me cambian la versión. Me dijo que Jesús había
muerto a causa de una mina, cuando los soldados estaban estacionando
los camiones y tanques. A Jesús le tocó dirigir
un camión y en eso pisa la bomba. Encontraron fragmentos
iraquíes y americanos y no sabían bien de que mina
se trataba. Prometió mandarme por escrito esa versión.
Hasta ahora no he recibido nada.
"Ahí fue cuando mi esposa comenzó a decirme
que sí hablara, porque eso le dolió mucho. Peor
aún fue cuando nos insultan con la ayuda del sepelio. Estos
desgraciados nos preguntan donde queríamos enterrar a Jesús,
en panteón militar o civil. La esposa [de Jesús]
platica con mi esposa y deciden que sea un panteón civil
en Escondido. El ejército ofreció pagar por el féretro,
el traslado del cuerpo y $4325. Cuando Rosa oye eso dice, Uds.
están poniendo un precio sobre la muerte de mi hijo. El
entierro cuesta más de $7,000. Uds. van a pagar todo'.
Eso para mí es un insulto.
"Entonces yo hice mucho escándalo en la prensa.
La gente empezó a mandarme dinero y a escribir a los periódicos
criticando el sistema.. Eventualmente los marines encontraron
dinero para pagar el funeral".
La muerte de Jesús no ha detenido a su padre, quien
sigue haciendo discursos en contra de la guerra. Fernando ha jurado
lograr el sueño de su hijo: mejorar la situación
social de la juventud.
Cuando la guerra contra Irak comenzó, ya Fernando apasionadamente
se había opuesto a ella. Siempre rechazó que las
razones para la ocupación eran la libertad y la democracia.
La había comparado a la invasión de México
por Estados Unidos en 1840, pero Jesús no había
estado de acuerdo con su punto de vista.
En ese momento, lágrimas brotan de los ojos de este
adolorido padre. Nos dice que Jesús, luego de sus experiencias
en Kuwait e Irak, comenzó a cambiar de parecer y a oponerse
a la guerra. En un momento dado le había dicho a uno de
sus amigos marinos que, después de todo, su padre había
tenido la razón.
Hoy día la pérdida personal de Fernando lo ha
afincado aún más a la lucha contra la guerra y contra
las tácticas que los servicios miliares emplean para reclutar
a hombres y mujeres jóvenes, la mayoría más
o menos de la misma edad de Jesús, y enviarlos a sus muertes.
Recientemente, Fernando voló a Irak bajo los auspicios
de la organización Global Exchange [Intercambio Mundial]
para lograr alcanzar a los iraquíes, sobretodo a los niños,
con el mensaje que los estadounidenses no son sus enemigos; que
mucha gente en Estados Unidos se oponen a la guerra y al sufrimiento
que su país le causa al pueblo iraquí; y que el
gobierno de Bush es un gobierno criminal.
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