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La guerra de Bush contra el país: el golpe de estado
se aproxima
Por Junta Editorial de la WSWS
12 Noviembre 2001
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el autor
Durante el tiempo que ha transcurrido desde los ataques terroristas
contra Nueva York y Washington, Los Estados Unidos ha presenciado
una transformación radical en su forma de gobierno; en
las relaciones entre, por una parte, el pueblo y, por otra, la
policía y las fuerzas armadas; y en el sistema constitucional
y jurídico.
Se está creando una agencia policíaca política
cuyos garfios se extienden por doquier, consecuencia de la adopción
de una ley anti terrorista que efectivamente combina
el FBI y la CIA y anula la antigua separación que existía
entre el espionaje en el exterior del país y las acciones
policíacas en el interior del mismo.
Al mismo tiempo que Afganistán es bombardeado, el gobierno
de Bush ha declarado que la guerra tiene un segundo frente: aquí
mismo en Los Estados Unidos. El gobierno federal emite alarmas
terroristas vagas y sin corroboración que causan
ansiedades y sin darle protección al público. Voceros
del gobierno urgen que la población se acostumbre a ciertas
medidastales como las investigaciones policíacas
casuales y los bloqueos de carreteracomo si fueran un hecho
permanente de la vida. La Guardia Nacional patrulla los aeropuertos,
muelles, puentes, túneles y hasta el mismo capitolio en
Washington.
Las garantías constitucionales fundamentalesel
derecho de hábeas corpus, el derecho del acusado
saber los cargos que se le imputan, el derecho de la persona detenida
consultar con un abogado, hasta la presunción de la inocenciase
han tirado a un lado para millones de inmigrantes provenientes
del Medio Oriente y el Asia Central. Para la población
entera, el derecho a la vida privada casi ha sido abolido. A las
agencias gubernamentales de espionaje se les ha dado permiso para
que planten micrófonos e intercepten llamadas telefónicas,
vigilen transacciones financieras y conduzcan otros tipos de espionaje
tal como les plazca.
Si el 10 de septiembre al ciudadano estadounidense ordinario
se le hubiera mostrado una fotografía de Los Estados Unidos
de hoy, los más probable es que su respuesta habría
sido: Este no es Los Estados Unidos que conozco. Se parece
más a un estado policíaco.
La amarga ironía es que estos ataques tan extensos contra
los derechos democráticos se han perpetrado en nombre de
una guerra declarada para defender la libertad y la
democracia contra el terrorismo. Pero ni el gobierno de
Bush, ni sus compinches en el Partido Demócratani
tampoco los medios de prensa, obedientes y cómplices que
sonse han molestado en explicar la siguiente contradicción:
el gobierno de Los Estados Unidos, en ningún momento de
su historia durante el Siglo XX, ha asumido semejantes poderes.
Ni durante la Primera Guerra Mundial, ni durante la Segunda, ni
siquiera durante la Guerra Fría, cuando los antagonistas
eran naciones poderosas con vastos armamentos, se dio una transformación
tan radical del estado y el sistema jurídico. ¿Por
qué sucede esto hoy, cuando el presunto enemigo consiste
de una pequeña banda de terroristas que llevan a cabo sus
actividades desde las cuevas de uno de los países más
pobres del mundo?
La ley anti terrorista
Uno de los elementos claves de la agresión contra las
libertades civiles es la nueva acta anti terrorista,
que el Congreso debatiera a la carrera y promulgara como ley solamente
cinco semanas después de los ataques terroristas. La ley
define el terrorismo de tal manera que ahora éste incluye
actividades políticas y libertades de expresión
que previamente habían sido protegidos por la Carta de
los Derechos de la Constitución estadounidense. Le da amplia
autoridad a las agencias policíacas para que conduzcan
investigaciones secretas, espionaje electrónico de mayor
alcance y la detención preventiva sin restricciones de
personas bajo sospecha de terrorismo. A las personas que no son
ciudadanas, inclusive aquellos de residencia permanente lícita,
se les puede negar re entrada al país por haber expresado
su punto de vista político. Pueden ser deportadas por haber
tenido la más mínima asociación con cualquier
organización que el gobierno haya designado terrorista.
El Fiscal General de la nación, John Ashcroft, la semana
pasad expandió la lista de estos grupos de 46 a 74.
Entre las medidas más ominosas de la ley se encuentra
la abolición de la pared de fuego entre las
agencias de espionaje para el exterior y el interior del país.
La Agencia Central de Espionaje (CIA) ahora tiene la autoridad
de compartir información con el FBI. Podrán, por
lo tanto, colaborar en el espionaje dentro del país y preparar
acciones penales. Al FBI también se le ha autorizado compartir
con la CIA, sin recurrir a órdenes judiciales, información
obtenida durante las diligencias de los Gran Jurados, lo cual
le da a la CIA acceso a información sobre el interior del
país que anteriormente se le había prohibido.
Un artículo en el Washington Post del 4 de noviembre
llevaba el siguiente titular: Nace un gigante de espionaje:
posible ley anti terrorista cree instrumento para el interior
de alcance sin precedente. El artículo subrayó
que los medios de prensa han concentrado su atención en
las disposiciones de la nueva ley que tienen que ver con el espionaje
electrónico y la interceptación de llamadas telefónicas
y, por lo tanto, ha logrado que se ignoren otras disposiciones
que fundamentalmente han de alterar las actividades de las agencias
de espionaje estadounidenses. Según el Post, uno
de los aspectos más significantes de la ley es que le
concede poder al gobierno para que cambie la misión elemental
del FBI: de resolver delitos a espiar en el interior del país.
La ley anula reformas jurídicas promulgadas bajo el
Acta sobre el espionaje en el exterior de 1978, que separaba
las funciones del FBI como investigador de delitos de sus actividades
de espionaje contra espías extranjeros y terroristas internacionales.
El Post comenta: el proyecto de ley efectivamente
destruye las paredes de fuego jurídicas adoptadas hace
25 años durante la época [del escándalo]
de Watergate, cuando la nación se quedó alarmantemente
sorprendida cuando se reveló que el presidente [Nixon]
había abusado su autoridad al espiar contra militantes
políticos en el interior del país.
Estos cambios se extienden mucho más allá de
la mera expansión cuantitativa de varios poderes de investigación.
Constituyen en realidad una reestructuración fundamental
de los sistemas policíacos y de espionaje que expande los
límites y alcance de éstos.
En días recientes, funcionarios federales han hecho
exhortaciones para que se anulen las restricciones contra los
poderes policíacos a nivel estatal y local. Larry Thompson,
Fiscal General Asistente, ha lamentado que los agentes del Departamento
de Justicia no tienen suficientes ojos y orejas para
vigilar a las personas bajo sospecha de terrorismo. Dijo que es
necesario hacerle un repaso a las restricciones impuestas
sobre las jefaturas locales.
Muchas jefaturas locales ya están anulando reglamentos
que rigen la conducta de espionaje, establecidos para proteger
los derechos promulgados por la Carta de Derechos. La Comisión
de Los Ángeles para la Investigación de la Policía
votó para relajar las restricciones impuestas contra el
espionaje que se habían adoptado a principios de la década
de los 1980 luego de revelaciones que la policía vigilaba
a manifestantes anti guerra, políticos liberales y otros
disidentes políticos. Las jefaturas de otras ciudades mayores
están dando pasos para resucitar los métodos de
espionaje que el Escuadrón Rojo utilizaba en
sus actividades del pasado.
Aterrorizando al público
El 29 de octubre, el gobierno emitió su segunda alarma
general sobre el terrorismo en menos de tres semanas. Declarando
que había posibilidades de enormes ataques terroristas
contra EE.UU. o sus intereses por todo el mundo, el Sr. Ashcroft,
Fiscal General de la nación, fue completamente vago en
cuanto a los blancos de las amenazas, los métodos o los
perpetradores. No dio ninguna información para respaldar
la declaración que existía un peligro inminente.
No presentó ninguna idea sobre como el público habría
de reaccionar al presunto peligro. No obstante, le notificó
a 18,000 agencias policíacas locales que continuaran
lo más alertas posible y que inmediatamente notificaran
al FBI de cualquier actividad rara o sospechosa.
Ashcroft le instruyó al público que aceptara
medidas extraordinarias, tales como detenciones o allanamientos
fortuitos por la policía o la Guardia Nacional e interrogaciones
de agentes del FBI. Dijo, Le pedimos al pueblo estadounidense
que coopere y que tenga paciencia cuandoy si es quese
encuentren con medidas adicionales llevadas a cabo por las autoridades
federales o locales a cargo de hacer cumplir la ley y otros cuya
responsabilidad es proteger la seguridad pública.
Como consecuencia inmediata de la alerta, se desplegaron tropas
de la Guardia Nacional de varios estados para vigilar centros
de transporte, abastecimientos potables y plantas nucleares. Estas
tropas fueron adicionales a las que ya patrullaban los aeropuertos
principales desde los acontecimientos del 11 de septiembre.
Hacia fines de semana, el dirigente Minoritario de la Cámara
de Diputados, Richard Gephardt, anunció que el Congreso,
por medio de apoyo bi partita, iba a autorizar la colocación
de soldados armados en el capitolio. La Corte Suprema subsiguientemente
anunció que le iba prohibir al público entrada a
sus audiencias.
El gobierno reclama que las alertas contra el terrorismo
se han hecho para notificar y proteger al público. Pero
sin información específica acerca de la amenaza
inminente, es decir, cuando y donde los terroristas van a atacar,
¿qué se espera que el pueblo haga? La índole
abstracta de estas alertas demuestra que son esencialmente un
engaño. Su verdadero propósito es acostumbrar a
la población a las invasiones de la vida privada, el desmantelamiento
de las garantías constitucionales y la militarización
general de la sociedad. Las autoridades quieren que el pueblo
acepte como normal el despliegue de tropas armadas en los aeropuertos,
edificios públicos, puentes, puntos de inspección
en las fronteras y en las calles.
El gobierno de Bush se ha valido de los ataques de ántrax
como arma adicional para apabullar al pueblo con tal que acepte
las restricciones de tan largo alcance contra las libertades civiles.
Aunque las pruebas que se han revelado hasta ahora sugieren que
elementos ultra derechistas tipo Timothy McVeigh son probablemente
los más sospechosos, la Casa Blanca y los medios de prensa
constantemente indican que el culpable de estos ataques de ántrax
es Osama bin Laden y que su organización, Al Qaeda, extiende
su red por todas partes y representa una amenaza peligrosísima.
Las alertas como las que se hicieron el 11 y el 29 de octubre
no tienen otra intención que facilitar la consolidación
del nuevo sistema estatal de represión interna. El 29 de
octubre, el mismo día de la alerta más reciente,
el Presidente Bush presidió sobre la primera reunión
del Consejo para la Seguridad de la Patria. Esta nueva organización
no tiene precedentes. Incluye al ex gobernador Tom Ridge, quien
ha sido nombrado su director; al Fiscal General; a los secretarios
de defensa, de la tesorería, del transporte y de los servicios
humanos y de la salud; y a los dirigentes del FBI y la CIA. Los
poderes de este consejo, como los del Consejo son vagos y carecen
definición, lo cual indica que sus poderes casi no tienen
límites.
Después de esa reunión, Bush anunció la
creación de todavía otra agencia con autoridad policíaca
no muy definida: una agrupación encargada de seguirle
la pista a terroristas extranjeros encabezada por Ashcroft.
La creación de esta organización es parte de una
política fronteriza que le dará al gobierno la capacidad
de prohibir, con mayor facilidad, la entrada a inmigrantes que
caen bajo sospecha de tener vínculos con terroristas, y
tomar medidas enérgicas contra aquellos que solicitan o
ya tienen visas de estudiante.
Detenciones masivas de los inmigrantes
Estos cambios tan profundos llegan bajo condiciones en que
la red nacional de seguridad iniciada después del 11 de
septiembre se expande, con la cantidad de personas detenidas llegando
a más de 1,100. Aunque los funcionarios del gobierno federal
no revelan cuantos de los detenidos han sido puestos en libertad,
un vocero del Departamento de Justicia ha declarado que la
mayoría de ellos todavía permanecen prisioneros.
El apresamiento de estos individuos todavía permanece secreto;
el gobierno no ha dado ninguna información acerca de la
identidad de los detenidos, sobre donde se encuentran, por qué
han sido detenidos y que cargossi es que en realidad los
hayse les imputa.
Muchos se encuentran en aislamiento penal. Miembros de las
familias desconocen el paradero actual de las personas bajo sospecha
y otros no gozan de representación jurídica o se
les ha negado comunicación con sus abogados. Mucha de la
acción penal contra los detenidos ocurre en diligencias
secretas de los tribunales. Al público no se le permite
examinar los documentos pertinentes a estos tribunales, lo cual
se hace para ocultarle al escrutinio público las actividades
de las agencias federales, estatales y policíacas.
El Departamento de Justicia, sin dar ninguna razón,
ha rechazado las súplicas de grupos dedicados a la defensa
de los derechos civiles y de varios diputados por información
acerca de las detenciones preventivas. Kate Martín, directora
del Centro para los Estudios sobre la Seguridad nacional, ha comentado
que la conducta del gobierno durante las investigaciones se
parece espantosamente a la desaparición' de personas
en Latinoamérica".
Luego de cada una de las alertas nacionales contra el terrorismo
desde el 11 de septiembre, la cantidad de detenidos ha aumentado
bastante, triplicándose en las últimas semanas.
Uno de los objetivos principales de las alertas es indicarle a
las jefaturas policíacas estatales y locales que expandan
sus actividades de espionaje y detengan a más personas
bajo sospecha.
Aunque la masacre del World Trade Center y el Pentágono
sirve de pretexto para estos arrestos masivos, a ningún
detenido se le ha imputado delitos relacionados con los ataques
del 11 de septiembre. Hasta el Departamento de Justicia ha declarado
que no más de 10 o 12 de los detenidos están bajo
sospechapero sin pruebasde tener vínculos a
los secuestradores de los aviones. La gran mayoría de los
arrestos tienen otro propósito, que no tiene nada que ver
con investigaciones del ataque terrorista: intimidar a la población
inmigrante y acostumbrar a pueblo estadounidense en general a
métodos que previamente definían las dictaduras
militares y policíacas.
Guerra en dos frentes
Funcionarios del gobierno han enfatizado que las medidas anti
terroristas adoptadas durante las últimas semanas no deberían
ser consideradas temporales. En una conferencia el 29 de octubre,
Ridge declaró: Queremos que Los estados Unidos esté
lo más alerta posible. Y es posible que de vez en cuando
demos la misma alerta general.
Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa , en una columna publicada
en el Washington Post del 1ro. de noviembre desmesuradamente
declaró que no sólo debería el pueblo estadounidense
aceptar una guerra abierta y sin fin contra el terrorismo, sino
que también ha de prepararse para la próxima
guerra, guerra que puede diferenciarse enormemente no sólo
de las del siglo pasado, sino la nueva guerra contra el terrorismo
que hoy luchamos. Es decir, Los Estados Unidos se va a la
guerra no por un período limitado en Afganistán,
sino indefinidamente. Por lo tanto, las medidas policíacas
dirigidas al interior del país que el gobierno está
llevando a cabo tienen que aceptarse como si fueran permanentes.
Hay una frase muy-llama-la-atención que más y
más aparece rutinariamente en las declaraciones de los
funcionarios del gobierno de Bush: Los Estados Unidos está
luchando en una guerra de dos frentes. Al anunciar
su alerta terrorista la semana pasada, Ashcroft dijo: "Confío
en que el pueblo estadounidense podrá comprender el conflicto
dentro de este contexto, donde hay un frente en el extranjero
y otro aquí en Los Estados Unidos.
Al día siguiente, Ridge dijo lo siguiente: Estamos
involucrados en una guerra de dos frentes contra el terrorismo.
El 31 de octubre, durante un discurso pronunciado para fomentar
la aprobación del plan para estimular la economía,
Bush dijo,Por primera vez en la historia de nuestra nación,
parte del frente de batalla se encuentra aquí mismo en
nuestro país.
Pero nunca se explica lo que la expresión dos
frentes precisamente significa. Pero a luz de las extraordinarias
medidas de seguridad que el gobierno ha tomado desde el 11 de
septiembre, las alusiones a una batalla dentro nuestro país
adquieren un significado que hiela la sangre. Al tratar de crear
un ambiente de miedo e histeria acerca de ataques terroristas
inminentes, las autoridades quieren identificar como enemigo a
toda persona que ha sido detenida en las investigaciones, haya
o no pruebas contra ella. Se usarán los mismos métodos
contra los que se oponen a la guerra contra Afganistán
y otras políticas del gobierno dirigidas al interior y
el exterior del país.
Antes y después del 11 de septiembre
Las acciones del gobierno durante el período desde el
11 de septiembre constituyen la agresión más grave
y sostenida contra los derechos civiles en toda la historia de
Los Estados Unidos. Nadie debería creer que semejantes
medidas han sido una reacción solamente a los ataques contra
el World Trade Center y el Pentágono. Hace mucho
tiempo ya que los sectores más derechistas de la élite
gobernante han querido imponer medidas similares; sectores que
se han aprovechado de los trágicos sucesos del 11 de septiembre
no sólo para ejecutar su programa político en el
país, sino también para lanzar la intervención
militar en Asia Central, región rica en petróleo.
Los cambios arrolladores representan la culminación
de dos décadas de reacción política y ataques
contra los derechos democráticos y mediante las cuales
ha habido un aumento constante de las fuerzas represivas del estado:
dos millones de estadounidenses en las cárceles, miles
en el corredor de la muerte, restricciones jurídicas contra
los derechos de los acusados, expansión de los poderes
de la policía para espiar y conducir la vigilancia electrónica.
Con estos desarrollos ha surgido una derecha de mentalidad fascista
que tiene poco apoyo, pero sí una enorme influencia en
el Partido Republicano, en el Congreso nacional y ahora en la
Casa Blanca.
Aquellos que quieren sostener que la reciente profundización
de los ataques contra las libertades civiles no son más
que una reacción al 11 de septiembre ignoran un hecho incontrovertible:
que el gobierno de Bush tomó el poder a base de una agresión
sin precedentes contra el derecho democrático más
elementalal voto. La campaña de Bush y el Partido
Republicano para secuestrar las elecciones y tomar el poder, a
pesar de haber perdido el voto popular nacional, se consumó
cuando la mayoría derechista de la Corte Suprema de Los
Estados Unidos paró el recuento lícito de votos
en el estado clave de la Florida y le regaló la presidencia
a Bush. El gobierno que se apodera del estado con métodos
fraudulentos y con conspiraciones tiene que gobernar de la misma
manera.
Este gobierno se ha comprometido a una política interna
y externa que se ajuste a los intereses de los sectores más
ricos y privilegiados de la sociedad estadounidense.También
es un gobierno de enormes crisis. Antes de los ataques terroristas,
el gobierno de Bush ya mostraba signos de desorden interno. Su
angosta base social de apoyo era socavada por la depresión
económica que comenzaba a profundizarse no sólo
en Los Estados Unidos, sino mundialmente.
Los Republicanos habían perdido control del Senado y
a nivel internacional el gobierno de Bush se encontraba más
y más aislado, con aliados en nombre solo y enemigos que
se oponían a su postura agresiva y unilateral. Los que
llevan las riendas del gobierno de Bush consideraron que los eventos
del 11 de septiembre les daba una oportunidad muy bienvenida para
defender al gobierno y obtener el respaldo del público
al atacar militarmente a los presuntos agresores. Esto lo hacían
mientras se preparaban para el comienzo de una lucha social sobre
el desempleo que aumentaba, la depresión que empeoraba
y la política pro corporativa del gobierno con la expansión
y la reforma de los poderes policíacos del estado.
La campaña anti terrorista del gobierno
de Bush es una advertencia muy clara. Luego de la debacle en la
Florida durante noviembre y diciembre del 2000, la prensa publicó
muchos comentarios, satisfechos de sí mismos, que declaraban
que, diferente a muchos países, la amarga lucha política
en Los Estados Unidos no había acabado con los tanques
en las calles. Bueno, en lo que podemos llamar un golpe de estado
en cámara lenta, los tanques están en las calles
y los soldados rodean el capitolio.
Todas las formas tradicionales de democracia burguesa en Los
Estados Unidos están en duda. El gobierno de Bush de Bush
expresa un desprecio hacia la democracia que satura a sectores
poderosos de la oligarquía corporativa y financiera, así
como también a sus aliados semi fascistas en la derecha
cristiana, la camarilla de cabilderos que abogan por las armas
y el movimiento de las milicias. Están preparados para
imponer el régimen más autoritario posible. Conceptos
tales como la separación de poderes entre las tres ramas
del gobierno o la vigilancia legislativa de la rama ejecutiva
se están echando a un lado con tal de expandir enormemente
la autoridad policíaca del ejecutivo federal.
Vale la pena mencionar que durante el apogeo de la alarma sobre
el ántrax a mediados de octubre, los Republicanos se mostraron
a favor de clausurar el Congreso y levantar sus sesiones indefinidamente
con tal de darle mano libre, aquí y en el exterior, a Bush,
el FBI, la CIA y los militares.
La guerra del gobierno de Bush contra los derechos democráticos
ha desenmascarado la incapacidad del Partido Demócrata
para oponerse seriamente a las fuerzas de la extrema derecha que
dominan al Partido Republicano. A las pocas horas de los ataques
del 11 de septiembre, los demócratas prometieron apoyo
sin condiciones a la Casa Blanca de Bush, declarando que la disidencia
política ya no se podía permitir. Losa dirigentes
Demócratas no sólo formaron fila para concederle
a Bush un mandato sin restricciones para lanzar una guerra en
el exterior, sino que aseguraron que su proyecto de ley anti
terrorista se aprobara, suprimieron toda investigación
de la manera en que las agencias de espionaje fracasaron en prevenir
los ataques del 11 de septiembre, y sancionaron la destrucción
de las garantías constitucionales por medio de la red policíaca
que todavía continúa.
El colapso político del Partido Demócrata es
la culminación de un prolongado proceso de adaptación
a los sectores más derechistas de la élite gobernante.
Los Demócratas ya habían mostrado su incapacidad
y falta de voluntad para defender los derechos democráticos,
primero cuando se postraron ante la confabulación Republicana
para desacreditar a Clinton con un juicio político y luego
ante el robo de las elecciones del 2000.
Por el momento, la gran mayoría de los que han caído
en la red del gobierno son inmigrantes de linaje desciende del
Medio Oriente y Asia Central, pero sólo es cuestión
de tiempo antes que estos métodos anti democráticos
se usen más extensivamente. Se le puede poner paro a todos
los ataques contra los derechos democráticos con la organización
independiente de la clase obrera, la cual uniría a todos
los sectores del pueblo trabajadorinmigrante y nativoen
una lucha política contra la oligarquía financiera
y sus voceros políticos.
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